Categoría: General (página 1 de 13)

La gratitud, una virtud que estimula la actitud emprendedora.

Foto por J.Kelly Brito

Al leer este título tal vez te preguntes qué relación puedo encontrar entre la gratitud y la actitud emprendedora. Es que, analizando la importancia que culturas y filosofías antiguas le asignaban a esta virtud, fui reconociendo que puede ser una fuerza poderosa, positiva y creadora. Me refiero a una gratitud desprovista de religiosidad, conectada con el simple reconocimiento inteligente de lo que poseo y lo que no tengo o deseo conseguir.

Para ejemplificar este concepto, dediqué unos minutos a confeccionar una lista de las cosas que poseo y aquellas que no tengo. Te invito a hacer este mismo ejercicio y te sorprenderás al observar cuánto mayor es la lista de cosas obtenidas o logradas, con relación a la de faltantes. Y en esto no incluí solo objetos materiales, sino también muchas de las buenas cosas que tenemos y no valoramos, justamente porque las tenemos. Desde salud hasta afecto…

Propuse hacer lo mismo a varias personas y siempre el resultado fue similar. Incluso, en todos los casos, reconocieron que a menudo lo que faltaba les impedía ver los logros obtenidos.

Antes que relaciones esto con una paralizante actitud conformista, quiero adelantarme aclarando que, por el contrario, ser consciente de lo logrado refuerza la voluntad para actuar y concretar nuevos logros.

Tal vez la gratitud sea la más sutil de las virtudes y por eso permanece bastante oculta. Es la más agradable de todas, una especie de don que cuando se desarrolla nos da siempre la posibilidad de ganar, porque nada se pierde por poseerla. Es una especie de eco que multiplica las otras virtudes, según afirma el filósofo francés André Comte-Sponville.

Los emprendedores, especialmente los más jóvenes, suelen tener una actitud de gratitud y solidaridad con el mundo que habitan, en el cual desean construir, innovar, generar una renovación positiva y en todo momento compartir el conocimiento con los demás.

En el mundo empresarial, los líderes deben poner en práctica la gratitud a través de actitudes cotidianas tales como escuchar las propuestas de innovación, compartir conocimientos, estar cerca de sus liderados, descubrir y potenciar sus talentos, compartir tiempo y generar lazos de amistad en forma independiente a los niveles jerárquicos. Debe ser una amistad entendida como alegría recíproca y no con sentimiento de deuda, dado que a los amigos no se les debe nada porque la relación es de ida y vuelta. Esta proximidad permite que el conocimiento y la innovación se multipliquen y circulen en todos los ámbitos, enriqueciendo a los individuos y a la empresa. Es un cambio de paradigma útil, necesario y generador de felicidad.

Soy un convencido de que vivir con gratitud estimula el hacer para retribuir y, como consecuencia inevitable, genera riqueza en todos los órdenes de la vida.

Gracias. Hasta la próxima semana.

Nadando por la vida

Foto por: Sebastián Voortman

No puedo afirmar si el hombre proviene del agua, si fuimos primates acuáticos como aseguran en sus teorías algunos investigadores de nuestros orígenes. Pero es real que cuando me zambullo en la piscina siento un enorme placer, algo así como estar en casa.

Me conecto con una sutileza especial en ese medio que acepta la forma de mi cuerpo, amoldándose a él y sosteniéndome a flote como si me llevara en sus brazos.

Mientras escribo me aparecen imágenes de niños pequeños disfrutando del agua, flotando con gran facilidad y riendo en ese juego acuático que puede extenderse durante horas y parece no terminar nunca. Los que hemos convivido con niños pequeños comprobamos que cualquier juguete moderno es vencido ante la simple propuesta de colocarlos frente a varios recipientes con agua y darles la libertad de jugar.

Al nadar percibo que el antiquísimo conflicto de diestros o zurdos desaparece. No creamos diferencias entre nuestros miembros, perfectamente equilibrados por la naturaleza. Los brazos y piernas se desempeñan como hélices, con movimientos simétricos y acompasados que impulsan al nadador de manera constante.

Y después de unos minutos en el agua, empiezo a darme cuenta que hay algunas similitudes con nuestro andar por la vida. Debo mirar la línea que está en el fondo de la piscina y seguirla con atención para mantener el rumbo. Si no elijo la meta me pierdo con facilidad, choco con otros nadadores, me golpeo con los andariveles y el andar se dificulta.

Si me muevo de manera consciente, dando brazadas firmes y con ritmo definido logro mayor velocidad y consigo avanzar más y con menos cansancio.

Descubro que la estética del movimiento es muy importante para poder deslizarme. Mi cuerpo corta el agua y logro vencer la resistencia que opone, con elegancia, sin chapotear, salpicar y crear incomodidad en los circunstanciales vecinos.

Cuando el cansancio llega, si no abandono la marcha, me llega una nueva oleada de energía que me permitirá continuar y disfrutar de la auto superación. El resultado será la conquista de nuevas metas y desafíos.

Como en la vida, mis momentos en el agua son de dos clases: unos van directamente a concluir en una determinada meta a buen ritmo; otros, sin objetivo, haraganes y de puro vagabundeo.

La respiración, bella dama que regula mis sentidos. Es en el agua donde fácilmente percibo que tengo la capacidad de administrarla de manera voluntaria. Y me recrean las burbujas de mi propio aliento. Como decía el célebre Kosice: son las burbujas las que le dan movimiento al agua.

El pensamiento, esa máquina fantástica que se embelesa con tanta facilidad y se entrega a la anarquía, cede a su natural rebeldía y acepta enfocarse a mi pedido en la tarea.

Al final de cuentas, nadar y andar en la vida se asemejan mucho

¡Hasta la semana próxima!

70/30

Hace unos días me reuní con un amigo que desde hace años lleva adelante tareas de conducción de grupos y personas, y en un determinado momento me dijo: “No te estoy preguntando cómo funciona tu institución, o las normas que regulan su funcionamiento; lo que quiero saber es cómo decides ante una situación inesperada o un conflicto entre colaboradores que tienen diferentes enfoques o posiciones. ¿Cuál es tu metodología estratégica?”

En ese momento, antes de responder recordé cuando hace muchos años, el escritor DeRose, fuente de inspiración y con quien comparto tareas e ideales, me sugirió dar capacitaciones sobre liderazgo, en función de los resultados que estaba obteniendo. Así, comencé a compartir mis experiencias en esta delicada y compleja tarea, confirmando que a un líder no lo define su deseo de serlo sino las soluciones que es capaz de dar.

Hoy, pasados más de treinta años realizando tareas de liderazgo y consultoría, me doy cuenta de que, ante cada situación, uno actúa mediante la intuición en un setenta por ciento y, el treinta restante, apoyándose en la experiencia surgida de situaciones anteriores que, más que dar pautas para la resolución, permite tener visión de cómo las decisiones presentes incidirán en el futuro.

Esa ampliación de visión es fundamental, porque nunca debemos olvidar que cada movimiento de una pequeña pieza tendrá alguna consecuencia en un futuro que no vemos, pero que debemos prevenir.

Pasado ese instante de cavilaciones veloces, le respondí a mi amigo que no tenía un sistema, que mi actuación y consejos provenían de esa relación 70/30.

Acto seguido, me disparó otra pregunta: “Ok, entonces ¿cómo desarrollo esas capacidades?”

Bien, le respondí, la intuición es una capacidad humana que está en vos y que ya funciona de manera lenta y poco consciente. En eso sí te puedo ayudar mediante la aplicación de un programa muy eficiente, que favorecerá la capacidad intuitiva para todo lo que hagas. Un canal de sabiduría excelente y eficaz. Un estado más alerta y con menos estrés. En cuanto al treinta por ciento restante, fruto de la experiencia, es cuestión de tiempo de vida y de registrar las situaciones, para tenerlas a mano como antecedentes valiosos y únicos. Sin embargo, nada de esto va a funcionar si, además, no logras administrar tu sistema emocional para que no perturbe la percepción de los hechos y el comportamiento que de allí deriva.

Continuamos nuestra charla y, luego de despedirnos, seguí pensando en el tema y en la forma en que aplicamos la función de liderar en DeROSE Sistem, un modelo diferente que reduce los conflictos, humaniza a las personas y genera mejores resultados en todos los aspectos, incluso en la tan deseada calidad de vida.

Una frase atribuida a un former president de los EEUU es una definición que se aproxima a esta propuesta de liderar desde las buenas relaciones humanas y la docencia, que constituye la columna vertebral del sistema que aplicamos: “si sus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, lograr más y crecer más, entonces, usted es un líder”. John Quincy Adams (1767-1848).

¡Hasta la próxima semana!

Nada tan importante como la proximidad

Hoy, en Argentina, es un lunes feriado. Miro por la ventana y el día ya se entrega con mansedumbre a la oscuridad que, persistente y como todas las noches, quiere reinar hasta que el amanecer la desplace. Es la hora de la expansión de la noche y la contracción del día.

Y así ocurre y se repite, en forma constante desde que el mundo existe. Para comprenderlo, basta prestar atención a nuestro corazón, que se expande y contrae en cada latido. Es la vida en pequeña escala, que pulsa y que, para que no lo olvidemos, nos regala ese sonido tan próximo. Es ese reloj que nos indica con su ritmo un tiempo que transcurre y que debemos utilizar con sentido de urgencia positiva para expandirnos, para crecer, para compartir, para construir un mundo mejor, para vivir con plenitud y hacer algo que nos trascienda.

Para eso debemos sumar fuerzas, unirnos, empujar juntos, cuidarnos mutuamente, solidarizarnos con las buenas causas, aprender a convivir en paz, a comunicarnos mejor y, especialmente, saber construirnos para construir. Como lo explican los antropólogos, somos una especie que desarrolló capacidades diferentes: el lenguaje y la colaboración. Eso nos hizo fuertes.

Y por todo ello, en razón de que soy más afín a las acciones que a la teorización intelectual, hoy invité a almorzar a mi casa a un grupo de colegas que son también emprendedores, profesores y compañeros de trabajo e ideales, a quienes lidero desde hace años.

Cociné para ellos, preparé con esmero cada plato. Elegí comidas sabrosas, nutritivas y saludables, utilizando el mejor de los condimentos, el cariño.

La sobremesa invitó a la charla amena, sincera y alegre. Dentro de ese clima pudimos dialogar, reflexionar sobre nuestros momentos personales, hilvanar ideas interesantes y tomar decisiones importantes en lo laboral. Fue fecundo y fácil.

En todo momento nos reímos, estuvimos corporalmente próximos, sentados lado a lado, hablándonos y mirándonos a los ojos. Una vez más comprobé que, en la compleja tarea de la relación humana, la mirada constituye una de las principales herramientas para la empatía que se busca establecer. La mirada limpia y sincera puede transmitir la luz que aleje la oscuridad que acompaña a la inquieta y pertinaz desconfianza.

La información fluyó sin trabas ni dificultades de entendimiento. Otras veces, incluso con el mismo grupo, no se genera una comunicación tan fácil. Tal vez, como alguien escribió, “nada cambió, sólo nuestra actitud y por eso todo ha cambiado”.

De algo estoy plenamente seguro: cuando estamos unidos, que no es lo mismo que estar juntos, el grupo construye una identidad muy valiosa. Una especie de ser vivo que se alimenta de las energías de sus integrantes. A partir de allí, todo es posible.

Por ello, si te toca liderar grupos, trabajá sobre la unión y la proximidad sincera. Además, mi primer consejo es que aprendas a cocinar.

Hasta la próxima semana.

Fragilidades que acechan

Cuenta una historia que, en la Edad del Hielo, los puercoespines morían de frío durante las noches. Los más ancianos comenzaron a observar que los animales de otras especies se juntaban y apretaban sus cuerpos para aumentar el calor, y de esa forma lograban sobrevivir.

Convocaron a una reunión y enseñaron a los más jóvenes que los pequeños pinchazos que producían las espinas siempre existirían, pero eso no era motivo para apartarse, dado que la fortaleza consistía en superar las pequeñas molestias para apoyarse grupalmente y enfrentar las bajas temperaturas o cualquier otro peligro que pudiera existir. Así la especie adquirió otro comportamiento, se fortaleció, produjo descendencia y continúa existiendo.

En los grupos de trabajo observo que el problema más frecuente que se enfrenta, y que produce alejamiento de los integrantes, son pequeñas diferencias de percepción, casi siempre ligadas a estados emocionales diversos.

La base es la proyección de la fantasía de que no existirán conflictos y, al generarse alguno, se destruye la idealización y la fantasía previamente creada. La consecuencia es una decepción o frustración, exagerada con relación a la propia causa.

Sin embargo, la diferencia de opinión o el disenso no son malos, son fricciones positivas generadoras de evolución. El problema es la falta de habilidad en la administración de las emociones.

En la actualidad, la sensibilidad emocional obliga a que todos inviertan en una reeducación en ese aspecto. Los líderes de los grupos que alcanzan buena productividad son verdaderos homos relacionales expertos en administrar sus propias emociones y las de sus liderados.

Mi primer consejo es recordar que nos comportamos de acuerdo con lo que somos y cómo administramos nuestro estado emocional y, en consecuencia, las relaciones humanas. Esto es una muy buena noticia, dado que si actuamos sobre nuestra propia reeducación comportamental, lograremos vínculos productivos y felices. Empecemos ahora, sin demora, a revisar cómo son nuestras reacciones diarias y sus consecuencias. Trabajemos sobre lo que somos para hacer mejor lo que hacemos.

Hasta la semana próxima.

Los tiempos cambian. Las necesidades también…

Foto por Lumen

Recuerdo haber escuchado muchas veces, cuando era niño, la recomendación de los adultos: “tenés que terminar el secundario para obtener un trabajo bueno y seguro”. Era el paradigma que existía a comienzos de la década del 60. Este consejo ya no encaja en las perspectivas de futuro para todos los jóvenes que, en la actualidad, están buscando alternativas de progreso.

Los años sesenta fueron muy fecundos en gestos contraculturales. Se iniciaron muchos movimientos sociales. Surgían sensibilidades, valores e ideas que movilizaban a los jóvenes en todo el mundo.

A pesar de los embates y la resistencia de los que no querían ceder ante los cambios, muchas cosas ocurrieron y fueron causa de nuevas tendencias que siguen estando presentes. Querer negar u ocultar los paradigmas vigentes en este momento es imitar al avestruz, cuando mete la cabeza en un agujero ante el peligro.

En los distintos ambientes y estructuras, ya se trate de familias o de ámbitos corporativos, las personas quieren y necesitan sentir que son valiosas, expresarse y ser escuchadas, realizarse en todos los planos. La satisfacción de recibir un buen ingreso ya no es suficiente.

El cambio de necesidades es constante y sigue en evolución de una forma que a veces apabulla o crea incertidumbre. Las diferencias entre los que lideran ⎼generalmente de más edad⎼ y los liderados es muy amplia. Sin embargo, noto que el que posee más edad y mantiene una plasticidad integral que le permite entender las nuevas tendencias, adaptándose constantemente a ellas, genera vínculos productivos y muy fecundos con los jóvenes. Una clara confirmación de la opinión de Darwin: “no es la especie más fuerte la que sobrevive, sino la que tiene mayor capacidad de adaptación”.

Sin embargo, quiero destacar un punto que a mi criterio es de suma importancia, especialmente en los grupos de trabajo. Muchos líderes y responsables de tareas creen equivocadamente que el momento los obliga a ser permisivos.

Esto es un error de interpretación. Puedo asegurar que las organizaciones que rinden son las que sienten orgullo, tienen alta autoestima y saben que mediante su esfuerzo aportan al mundo que habitan algo que los trasciende. Esto se basa en la exigencia, en los límites aplicados con cariño, y no en la permisividad.

Si le toca liderar un grupo, obtenga autoridad real en mérito a su dedicación, a su conocimiento, a su coherencia e integridad. Escuche a todos, esfuércese por entender, acepte las mejores opiniones, tenga capacidad de autocrítica, tenga capacidad de autocrítica, tenga capacidad de autocrítica (no es un error, es tres veces importante), y tome las decisiones que intuitivamente perciba. Actúe siguiendo lo que le dicen el corazón y la intuición.

¡Hasta la semana que viene!

La necesaria voluntad

Foto por Roya Ann Miller

En general, todos queremos conquistar metas y resultados. Sabemos que, en nuestro actual mundo tan competitivo, para lograrlo es necesario alcanzar un estado de alta performance.

El primer punto es el descubrimiento y la aceptación de que debemos ejercitar nuestra fuerza de voluntad conscientemente. Esta fuerza se manifiesta de muchas formas: como un deseo de éxito que abarque todos los campos, con el sentimiento más definido de quiero hacerlo y lo haré, o motivados por el espíritu de compromiso a realizar aquello que consideramos de suma importancia para uno o para los otros.

Lo difícil es que esa intención no se acabe en el deseo y que pronto, otro nuevo deseo apague o sustituya el anterior y así pasemos el tiempo saltando de deseo en deseo, sin concretar nada y sufriendo después la sensación frustrante del fracaso o de la típica culpa.

La voluntad puede representarse como tenacidad, resolución o terquedad en la búsqueda de un logro personal. Yo considero que es un potencial que se activa mediante disciplina y entrenamiento. Es como la energía eléctrica que sabemos que está en el ambiente y debemos actuar sobre ella para generar luz o calor. Tratándose de la voluntad, para que funcione y sea una fuerza transformadora de simples deseos en realizaciones concretas, debemos entrenarnos.

Entrenada, será una potencia que nos ayudará a movilizar los poderes que poseemos y no siempre aprovechamos. Existen muchos aspectos que deben ser considerados para nuestro entrenamiento. Un cuerpo físico que necesita buena alimentación y energía para moverse como deseamos, un plano emocional que genera emociones, mente y pensamientos, intuición y otros aspectos más sutiles que son parte de nuestra complejidad estructural. Insisto, es necesario realizar entrenamientos integrales que unan todas las capacidades, alineándolas en la dirección deseada y con miras al autoconocimiento.

Comencemos con pequeñas metas y pequeños logros. Sin espasmos, de forma continua, reforzando la autoestima, venciendo los temores que en la mayoría de los casos están ligados a condicionamientos por fracasos anteriores o a influencia cultural.

Generar una mente firme y una actitud de confianza nos dará la posibilidad de ser seres libres, capaces de influir positivamente en nuestras vidas.

Recordemos siempre: lo que pensamos ya existe. El segundo paso es aplicar la frase del escritor DeRose: están los que se sientan y lloran y están los que se levantan y hacen.

¡Hasta la próxima semana!

La primera impresión

Finalizada una extensa jornada de trabajo decidí distraer mi mente frente al televisor. Sin proponérmelo llegué a un canal de antiguas películas en el cual estaban proyectando Los diez Mandamientos, con la actuación de Charlton Heston como Moisés.

En un momento dado, el profeta asciende a la montaña para hablar con Dios. Lleva una corta barba de color castaño y la cabeza cubierta con una especie de capucha, que le oculta totalmente el cabello.

Después, cuando regresa con su pueblo habiendo recibido los mandamientos, se lo ve viejo y cansado. La barba ha crecido, ahora es larga y de un color grisáceo. La capucha que cubría la cabeza ya no está. En su lugar se observa una frondosa cabellera canosa que le cae sobre las orejas, enmarcando el rostro como si se hubiera caracterizado del Dios representado en la Capilla Sixtina por Miguel Ángel. Su aspecto hace pensar que en el viaje pudo acceder a algún estilista que lavó, peinó y colocó en el secador la exuberante melena del profeta. Ahora es la imagen de un importante patriarca, bien asesorado por un consultor de imagen.

Esta impresión del espectador es reforzada por Séfora, su esposa ⎼papel a cargo de Yvonne de Carlo⎼ que lo recibe con amor en sus ojos y la frase: “Moisés, ese cabello…”

En los primeros minutos, todo esto, enmarcado en una estética muy particular, me causó gracia; sin embargo, me proporcionó un insight (tal vez ayudado por la somnolencia) donde ratifiqué la importancia simbólica del cabello. A partir de que el profeta recibió el mandato bíblico, el cine entendió que su imagen debería estar acorde a la importancia adquirida.

Nuestra respuesta cultural a esta parte del cuerpo tan visible y que está a nuestro alcance modificar con facilidad, está arraigada entre el pensamiento primitivo asociado a cuestiones mágicas, simbolismos diversos y significados variados, relacionándolo a la casta social y las épocas.

La mente, que siempre busca asignar sentidos simbólicos a las cosas, dispara mensajes no conscientes que influyen velozmente en las conductas que, de manera refleja, nos hace aceptar o rechazar. Estudios realizados sobre la comunicación nos indican que solamente el 7 % de lo percibido en un primer contacto corresponde al contenido de lo que decimos y el resto se distribuye en sensaciones y mensajes más o menos sutiles. Los consejeros de Oratoria y Comunicación aseguran que más que el contenido de nuestra alocución, los asistentes recordarán cómo los hicimos sentir.

Por ello surgieron las normas de ceremonial y protocolo, para allanar el camino de la comunicación, principalmente entre representantes de culturas diferentes.

Es habitual que la sola mención de la palabra protocolo nos conecte con algo pasado de moda, acartonado y frívolo; sin embargo, se trata de herramientas de utilidad para que la comunicación fluya más fácilmente. La recordada Profesora Eugenia de Chikoff, con quien tuve el privilegio de hacer cursos de Conducta Social, nos repetía: “debemos recordar que todo acto comunica”.

Es inteligente tener en cuenta todos los recursos posibles para favorecer las relaciones humanas y la buena comunicación.

Hasta la próxima semana.

Liderazgo actual: ¿laberinto o solución?

En la actualidad se están repensando y buscando formas de liderazgo que funcionen en una sociedad que se mueve velozmente hacia otros paradigmas de convivencia.

La variada gama de opiniones y propuestas nos muestra que estamos dentro de un laberinto complejo y que la confusión le ha ganado a la certeza.

Como un péndulo que oscila entre extremos, encontramos defensores de modelos verticales y duros, donde el líder manda y no acepta otra opinión, hasta otros como la holocracia, que organiza a las personas en círculos autodirigidos.

Creo que lo más atinado en esta etapa de adaptación es mirar desde lo alto para comprender cómo funcionan las estructuras que estamos liderando y cómo se relacionan entre sí. A partir de allí, encontrar el sistema más adecuado, considerando la propuesta de Aristóteles: la búsqueda de un justo medio entre los extremos.

Además, no ver la confusión actual con pesimismo o desesperación y por el contrario entender que esta compleja situación es positiva y será generadora de nuevos modelos. Cambios necesarios para conducirnos de manera más acorde al momento evolutivo de la sociedad y sus integrantes.

En la estructura que integro, utilizamos un sistema mixto de liderazgo vertical con horizontalidad y distribución del conocimiento en forma constante, entre los distintos individuos y sectores.

Otra característica particular es que los liderados tienen acceso directo a las más altas autoridades de manera inmediata, y siempre son escuchados, sin considerar que eso fragilice la cadena de mandos. Por el contrario, favorece la circulación del conocimiento.

Dos pilares sobre los que se trabaja intensamente son la docencia y la unión del grupo, dado que la fortaleza no se basa sólo en poder prever siempre las situaciones, sino en la solidez para atravesarlas y aprender de ellas.

Para que este esquema funcione, se requiere un fuerte compromiso en la observación de las relaciones humanas, la valorización del conocimiento y la adhesión a un Código de Comportamiento interno asumido por la totalidad de los integrantes.

Hasta la próxima semana.

Miradas que aproximan

Foto por Victorien Ameline

Por circunstancias que no siempre tienen explicación, hace unos días comencé a ver manchas y líneas que aparecen entre el objeto observado y mi ojo izquierdo. Según el diagnóstico de los médicos que me asistieron, se solucionará con gotitas, reposo y paciencia.

Mi sabia abuela Eleonora solía repetir una frase que nunca supe si era propia o ajena, pero cargada de pragmatismo: “mientras la naturaleza cura, la medicina entretiene”.

Y así ando estos días, tratando de observar el mundo a través de las variadas y extrañas formas que me devuelve mi ojo, transformado en un túnel caleidoscópico. La primera reflexión es comprobar que las cosas pueden ser extraordinariamente diferentes para cada observador, de acuerdo al filtro que se interpone entre lo observado y el ojo que observa.

La dependencia que tiene el cerebro de estos pequeños órganos inspira las más intrincadas ideas simbólicas, y constituye una fuente de inspiración para entrar al plano metafórico.

El ojo es el Rey. Deberíamos degradarlo para jerarquizar cualquier otro sentido. Descartes expresó que toda la conducción de la vida depende de nuestros sentidos, de los que la vista es el más noble y universal, y mucho antes Leonardo Da Vinci le rendía honores, diciendo que es el ojo, denominado la ventana del alma, el principal medio para apreciar la forma más completa y profusa de las infinitas obras de la naturaleza.

Los ojos son el espejo del alma, nos dice la expresión popular. Tal vez por ello, conscientes de este reflejo del fulgor interior, muchos prefieren ocultar sus hipocresías habituales cubriéndolos con la impersonalidad que brindan los anteojos oscuros.

Concuerdo con Italo Calvino cuando afirmaba que contemplar tus propios ojos no es nada fácil; sin embargo, como cualquier situación, trato de utilizarla para entender y aprender nuevas cosas.

En la compleja tarea de la relación humana, la mirada constituye una de las principales herramientas en la empatía a establecer. La mirada limpia y sincera, puede transmitir la luz que aleje la oscuridad que acompaña a la inquieta y pertinaz desconfianza.

Hasta la próxima semana.

Antiguas entradas