Los directores de orquesta y los líderes corporativos

Foto por Manuel Nageli

Al observar a grandes directores de orquesta, sus diferentes estilos y personalidades, empecé a relacionar su compleja tarea con la que ejercen los líderes de organizaciones, buscando similitudes y diferencias.

Richard G. Strauss, Daniel Barenboim, Zubin Mehta, Lorin Maazel, Riccardo Muti, todos son grandes directores de orquesta, con marcados estilos. Es interesante verlos dirigiendo para observar sus gestos, su expresividad y movimientos corporales. Las diferencias son enormes y, sin embargo, cada uno de ellos ha logrado crear coordinación y armonía en su orquesta, con reconocidos resultados.

Para José Luis Turina, director artístico de la Joven Orquesta Nacional de España, “una orquesta está integrada por un gran número de personas, que puede oscilar entre cuarenta y ciento veinte músicos, o incluso más. Todos ellos tienen que tocar su parte, pero con idénticos criterios de velocidad, ritmo, volumen sonoro, carácter, etc…”

El director se ubica siempre en una tarima que lo coloca en un nivel más elevado con relación al resto de los intérpretes. Esa posición no es para marcar diferencia de categoría, sino para facilitar que los ejecutantes puedan verlo a la vez que tocan. Así se logra aunar la interpretación de todos los integrantes. Los líderes de organizaciones también deben desarrollar una visión diferenciada, de mayor alcance, como vigías que observan a la distancia para percibir peligros o situaciones que normalmente otros no advierten.

Cuando un director de orquesta se enfrenta a una obra por primera vez, tiene que pasarse horas y horas frente a la partitura para analizar todos los detalles y examinar las directrices que quiere marcar. Los conductores de grupos deben conocer en profundidad lo que se busca lograr para poder ejercer la docencia entre sus liderados.

Cuanto más profunda sea la comprensión del sentido de lo que se está haciendo, ese conocimiento e identificación con la obra del compositor, más fácil le será al director hacer que su propuesta seduzca al grupo humano de la orquesta. El director coordina, une, establece el ritmo y logra, al contagiar su propia pasión, que todos se enamoren de la música. El líder también inspira y comparte sus sueños con el grupo.

Como se puede observar, existen muchas coincidencias con la tarea de liderar grupos en las organizaciones laborales. Como afirma Itay Talgam en su charla TED: “la tarea más importante del director es lograr armonía”. Para mí, esta frase es una clara definición del rol principal de todo líder.

Además, unir a las personas que integran el grupo logrando que trabajen enfocadas en un fin determinado, favorece un clima de fecundas relaciones humanas, fuerte empatía y generación de riqueza.

¡Hasta la próxima semana!

El líder humanizante

Eric Klinenberg, profesor de sociología de la Universidad de Nueva York y autor de “Soy solo: el extraordinario auge y sorprendente atractivo de vivir a solas”, destaca que, si bien la persona promedio hoy en día puede presumir de tener miles de “amigos y seguidores” en plataformas como Facebook e Instagram, cuando se trata de relaciones humanas “no existe sustituto a construirlas a la antigua, de manera personal”.

La líder del Partido Conservador británico Theresa May destacó la necesidad de nombrar por primera vez en la historia de Gran Bretaña a un Ministro para la Soledad, teniendo en cuenta “la triste realidad de la vida moderna.”

Bután, India, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y España, entre otros, han creado Ministerios para la Felicidad. Claro está que algunos de esos países continúan teniendo serios problemas sociales; sin embargo, empieza a evidenciarse una tendencia que está llamando la atención y genera la necesidad de repensar el funcionamiento de las estructuras sociales y, como consecuencia, las relaciones humanas en general y en particular en el ámbito del trabajo.

Debemos “cambiar los indicadores de éxito” y desarrollar nuevos índices que nos permitan conocer qué necesita la gente para ser feliz. Es fácil comprender que nadie puede dar lo que no tiene. En los ámbitos laborales, si los integrantes de los grupos no poseen el ejercicio de la vida en convivencia, se les hace más difícil compartir espacios, tareas, reuniones y desarrollar la solidaridad necesaria entre las personas. Por ello, las empresas buscan generar ámbitos agradables, ofrecer actividades lúdicas o recreativas, favorecer horarios flexibles y permitir el uso de ropa menos formal.

Además, se intenta reducir las distancias jerárquicas, al punto de haberse llegado a sistemas como la llamada holocracia, un sistema de organización en el que la autoridad y la toma de decisiones se distribuyen en forma horizontal en lugar de establecerse por una jerarquía de gestión. En otros emprendimientos se implementa la utilización del feedback asumido, aceptando de buen grado la crítica, sin conflictos jerárquicos.

Todos corren detrás de los cambios veloces de la época, intentando encontrar soluciones o reducir la insatisfacción general. Pero, insisto, nadie puede dar lo que no tiene, y por eso la capacidad creativa y productiva está muy vinculada a la felicidad de las personas.

La velocidad de los cambios nos sorprende y supera. Es necesario un nuevo paradigma y en esto los líderes deben ser conscientes y son los que más deben trabajar sobre sí mismos, para producir una reeducación comportamental. Aprender y entrenar para administrar sus emociones, establecer vínculos de cariño y proximidad real con sus equipos, irradiando esa forma de relación por medio de la convivencia y el ejemplo.

La clave está en recuperar capacidades humanas que están adormecidas, y así fortalecer un liderazgo humanizante.

Hasta la próxima semana.

De quejas y fantasías

Foto por Nicholas Kampouris

Observo en los que integran grupos de trabajo un proceso frecuente y progresivo de pérdida de entusiasmo en la tarea que realizan. Sin embargo, al conversar con ellos, me confiesan que antes de ingresar a ese trabajo o grupo, lo deseaban mucho.

Es más, habitualmente se han esforzado hasta lograrlo. Sin embargo, al poco tiempo de estar trabajando en ello surgen las decepciones, los reclamos, la sensación de estar exigidos de sobremanera y muchas otras impresiones generadoras de desánimo. Pareciera que durante la etapa del deseo se proyecta una fantasía que, a posteriori, no se condice con la realidad y genera frustración.

Como agudo observador de las emociones humanas, el escritor DeRose nos deja una frase que sintetiza esta conducta: “la felicidad o infelicidad son efectos ilusorios de causas relativas a la condición inmediatamente anterior”.

Antes de tener ese trabajo, el quejoso actual lo deseaba con intensidad. Al obtenerlo, la necesidad cambia y ahora prevalecen las insatisfacciones propias de la tarea que, por una proyección fantasiosa, no se habían tenido en cuenta.

En todas las profesiones existen aspectos que no nos entusiasman, pero son necesarios para poder desarrollarnos en lo que sí nos apasiona. Tengo un amigo que siempre fue un entusiasta de los deportes y la actividad física, y por ello estudió Educación Física, consiguió fortalecer su economía y llevó adelante su gran sueño: abrir un gimnasio. En la actualidad dedica más horas a tareas administrativas y comerciales que al trabajo corporal, que es su verdadera pasión… Otro conocido, artista plástico, me contaba su desazón por tener que dedicar horas de su día para conectarse con galerías y lugares que le permitan exponer sus obras y, además, comercializarlas, para poder vivir de su arte.

Podría mencionar otros casos similares, en diferentes profesiones. Siempre habrá aspectos de la tarea profesional que no son exactamente lo que más deseamos. En esos casos podemos hacer que esos aspectos comiencen a gustarnos, reconociendo que son necesarios para disfrutar de lo que nos apasiona.

Una decisión puede ser alimentar nuestra insatisfacción juntándonos con otros insatisfechos, para aumentar el desánimo y construir verdaderos clubes de frustrados.

Siempre lo más fácil será sentirnos víctimas en lugar de hacer una autocrítica auténtica reconociendo nuestras propias falencias y aproximarnos a los que están bien para aprender de ellos y obtener buenos resultados.

Lo único que verdaderamente permitirá el cambio será aquietar la emocionalidad y poner los pies sobre la tierra. Seguramente habrá que trabajar duro por lo que anhelamos, y persistir con entusiasmo, porque los buenos logros requieren tiempo para ser alcanzados.

Si en su empresa o lugar de trabajo hay cosas que le gustaría que cambien, no se queje volátilmente. Elabore una idea, genere un proyecto y preséntelo a los responsables con capacidad de decisión, ofreciéndose a ayudar.

El verdadero cambio, el que nos hace mejores personas, está más presente en el proceso que en el propio resultado.

¡Hasta la semana próxima!

Win to win…

Foto por James Ballard

En los últimos años se habla de un nuevo estilo de negociación llamado win to win, una nueva forma de relación entre las partes que busca beneficios para ambas. Existe gran cantidad de opiniones al respecto: no todos están a favor. Los detractores opinan que se trata de una situación falsa y que no funciona en la realidad, pues favorece a los más listos sobre los más distraídos.  

Es indudable que esta ecuación está presente en toda relación, especialmente de intereses comerciales. Sin embargo, forma parte de un concepto más inteligente y solidario de cuidado mutuo, que favorece que los vínculos se fortalezcan y perduren en el tiempo. 

Es una actitud que funciona mejor cuando las partes poseen un sentido ético mayor, reconocen los intereses de unos y otros, comprendiéndolos como genuinos, y sobre esa sinceridad orientan la relación hacia nuevas oportunidades, en un clima de confianza y sinceridad. 

Esta antigua historia de origen árabe que leí hace tiempo, ilustra de manera divertida cómo la inteligencia y la creatividad son cruciales y favorecen la conquista de acuerdos en negociaciones que parecen no tener salida y que podrían derivar en serios conflictos. Lo principal es que todos se sientan ganadores y beneficiados por el acuerdo. 

Una mañana, en un desierto cualquiera, dos viajeros se acercaron a un campamento  donde tres hombres gritaban furiosos: 

—¡No puede ser! 

—¡Esto es un robo! 

—¡No lo aceptaré jamás! 

Beremis, uno de los viajeros, preguntó al más anciano de los tres qué estaba pasando. El viejo, con el rostro enrojecido de ira, le dijo: «Somos tres hermanos y recibimos de herencia 35 camellos. De acuerdo con el testamento de mi padre, yo, que soy el más grande debo recibir la mitad, mi hermano Hamed una tercera parte y el menor, una novena parte». 

Beremiz, que era un experto matemático, ofreció de inmediato una solución al preocupado anciano: «Es muy simple, me encargaré de hacer con justicia esa división si me permitís que junte a los 35 camellos de la herencia, este hermoso animal que hasta aquí nos trajo en buena hora». 

Su compañero de viaje, Hanak, protestó: 

«¡No puedo consentir semejante locura! ¿Cómo podríamos dar término a nuestro viaje si nos quedáramos sin nuestro camello?». 

«No te preocupes», replicó en voz baja Beremiz. «Sé muy bien lo que estoy haciendo. Dame tu camello y verás, al fin, a qué conclusión quiero llegar.»  

—Amigos —dijo dirigiéndose a los tres hermanos—, voy a hacer una división exacta de los camellos, que ahora son 36. Y volviéndose al más viejo de los hermanos, así le habló: “Debías recibir, amigo mío, la mitad de 35, o sea 17 y medio. Recibirás en cambio la mitad de 36, o sea, 18. Nada tienes que reclamar, pues es bien claro que sales ganando con esta división». Dirigiéndose al segundo heredero continuó: «Tú, Hamed, debías recibir un tercio de 35, o sea, 11 camellos y fracción. Vas a recibir un tercio de 36, o sea 12. No podrás protestar, porque también es evidente que ganas en el cambio». Y dijo, por fin, al más joven: «A ti, jovencito, que según voluntad de tu padre debías recibir una novena parte de 35, o sea, 3 camellos y parte de otro, te daré una novena parte de 36, es decir 4, y tu ganancia será también evidente.». 

Tras establecer la justa división, continuó: 

«Por esta ventajosa división que ha favorecido a todos, le tocarán 18 camellos al primero, 12 al segundo y 4 al tercero, lo que da un resultado de 34 camellos. De los 36 camellos sobran, por lo tanto, dos. Uno pertenece, como saben, a mi amigo y el otro me toca a mí, por haber resuelto a satisfacción de todos, el difícil problema de la herencia». 

Los hermanos, asombrados y felices, aceptaron el reparto. Todos salieron beneficiados del trato y la cuenta se hizo tal y como el padre había indicado en su testamento. 

Con mucha astucia y una pequeña ayuda matemática, Beremiz pudo, a la vez que resolver un problema vital para estos tres hombres, salir beneficiado obteniendo un camello más para continuar su viaje. 

Hasta la próxima semana… 

La gratitud, una virtud que estimula la actitud emprendedora.

Foto por J.Kelly Brito

Al leer este título tal vez te preguntes qué relación puedo encontrar entre la gratitud y la actitud emprendedora. Es que, analizando la importancia que culturas y filosofías antiguas le asignaban a esta virtud, fui reconociendo que puede ser una fuerza poderosa, positiva y creadora. Me refiero a una gratitud desprovista de religiosidad, conectada con el simple reconocimiento inteligente de lo que poseo y lo que no tengo o deseo conseguir.

Para ejemplificar este concepto, dediqué unos minutos a confeccionar una lista de las cosas que poseo y aquellas que no tengo. Te invito a hacer este mismo ejercicio y te sorprenderás al observar cuánto mayor es la lista de cosas obtenidas o logradas, con relación a la de faltantes. Y en esto no incluí solo objetos materiales, sino también muchas de las buenas cosas que tenemos y no valoramos, justamente porque las tenemos. Desde salud hasta afecto…

Propuse hacer lo mismo a varias personas y siempre el resultado fue similar. Incluso, en todos los casos, reconocieron que a menudo lo que faltaba les impedía ver los logros obtenidos.

Antes que relaciones esto con una paralizante actitud conformista, quiero adelantarme aclarando que, por el contrario, ser consciente de lo logrado refuerza la voluntad para actuar y concretar nuevos logros.

Tal vez la gratitud sea la más sutil de las virtudes y por eso permanece bastante oculta. Es la más agradable de todas, una especie de don que cuando se desarrolla nos da siempre la posibilidad de ganar, porque nada se pierde por poseerla. Es una especie de eco que multiplica las otras virtudes, según afirma el filósofo francés André Comte-Sponville.

Los emprendedores, especialmente los más jóvenes, suelen tener una actitud de gratitud y solidaridad con el mundo que habitan, en el cual desean construir, innovar, generar una renovación positiva y en todo momento compartir el conocimiento con los demás.

En el mundo empresarial, los líderes deben poner en práctica la gratitud a través de actitudes cotidianas tales como escuchar las propuestas de innovación, compartir conocimientos, estar cerca de sus liderados, descubrir y potenciar sus talentos, compartir tiempo y generar lazos de amistad en forma independiente a los niveles jerárquicos. Debe ser una amistad entendida como alegría recíproca y no con sentimiento de deuda, dado que a los amigos no se les debe nada porque la relación es de ida y vuelta. Esta proximidad permite que el conocimiento y la innovación se multipliquen y circulen en todos los ámbitos, enriqueciendo a los individuos y a la empresa. Es un cambio de paradigma útil, necesario y generador de felicidad.

Soy un convencido de que vivir con gratitud estimula el hacer para retribuir y, como consecuencia inevitable, genera riqueza en todos los órdenes de la vida.

Gracias. Hasta la próxima semana.

Nadando por la vida

Foto por: Sebastián Voortman

No puedo afirmar si el hombre proviene del agua, si fuimos primates acuáticos como aseguran en sus teorías algunos investigadores de nuestros orígenes. Pero es real que cuando me zambullo en la piscina siento un enorme placer, algo así como estar en casa.

Me conecto con una sutileza especial en ese medio que acepta la forma de mi cuerpo, amoldándose a él y sosteniéndome a flote como si me llevara en sus brazos.

Mientras escribo me aparecen imágenes de niños pequeños disfrutando del agua, flotando con gran facilidad y riendo en ese juego acuático que puede extenderse durante horas y parece no terminar nunca. Los que hemos convivido con niños pequeños comprobamos que cualquier juguete moderno es vencido ante la simple propuesta de colocarlos frente a varios recipientes con agua y darles la libertad de jugar.

Al nadar percibo que el antiquísimo conflicto de diestros o zurdos desaparece. No creamos diferencias entre nuestros miembros, perfectamente equilibrados por la naturaleza. Los brazos y piernas se desempeñan como hélices, con movimientos simétricos y acompasados que impulsan al nadador de manera constante.

Y después de unos minutos en el agua, empiezo a darme cuenta que hay algunas similitudes con nuestro andar por la vida. Debo mirar la línea que está en el fondo de la piscina y seguirla con atención para mantener el rumbo. Si no elijo la meta me pierdo con facilidad, choco con otros nadadores, me golpeo con los andariveles y el andar se dificulta.

Si me muevo de manera consciente, dando brazadas firmes y con ritmo definido logro mayor velocidad y consigo avanzar más y con menos cansancio.

Descubro que la estética del movimiento es muy importante para poder deslizarme. Mi cuerpo corta el agua y logro vencer la resistencia que opone, con elegancia, sin chapotear, salpicar y crear incomodidad en los circunstanciales vecinos.

Cuando el cansancio llega, si no abandono la marcha, me llega una nueva oleada de energía que me permitirá continuar y disfrutar de la auto superación. El resultado será la conquista de nuevas metas y desafíos.

Como en la vida, mis momentos en el agua son de dos clases: unos van directamente a concluir en una determinada meta a buen ritmo; otros, sin objetivo, haraganes y de puro vagabundeo.

La respiración, bella dama que regula mis sentidos. Es en el agua donde fácilmente percibo que tengo la capacidad de administrarla de manera voluntaria. Y me recrean las burbujas de mi propio aliento. Como decía el célebre Kosice: son las burbujas las que le dan movimiento al agua.

El pensamiento, esa máquina fantástica que se embelesa con tanta facilidad y se entrega a la anarquía, cede a su natural rebeldía y acepta enfocarse a mi pedido en la tarea.

Al final de cuentas, nadar y andar en la vida se asemejan mucho

¡Hasta la semana próxima!

70/30

Hace unos días me reuní con un amigo que desde hace años lleva adelante tareas de conducción de grupos y personas, y en un determinado momento me dijo: “No te estoy preguntando cómo funciona tu institución, o las normas que regulan su funcionamiento; lo que quiero saber es cómo decides ante una situación inesperada o un conflicto entre colaboradores que tienen diferentes enfoques o posiciones. ¿Cuál es tu metodología estratégica?”

En ese momento, antes de responder recordé cuando hace muchos años, el escritor DeRose, fuente de inspiración y con quien comparto tareas e ideales, me sugirió dar capacitaciones sobre liderazgo, en función de los resultados que estaba obteniendo. Así, comencé a compartir mis experiencias en esta delicada y compleja tarea, confirmando que a un líder no lo define su deseo de serlo sino las soluciones que es capaz de dar.

Hoy, pasados más de treinta años realizando tareas de liderazgo y consultoría, me doy cuenta de que, ante cada situación, uno actúa mediante la intuición en un setenta por ciento y, el treinta restante, apoyándose en la experiencia surgida de situaciones anteriores que, más que dar pautas para la resolución, permite tener visión de cómo las decisiones presentes incidirán en el futuro.

Esa ampliación de visión es fundamental, porque nunca debemos olvidar que cada movimiento de una pequeña pieza tendrá alguna consecuencia en un futuro que no vemos, pero que debemos prevenir.

Pasado ese instante de cavilaciones veloces, le respondí a mi amigo que no tenía un sistema, que mi actuación y consejos provenían de esa relación 70/30.

Acto seguido, me disparó otra pregunta: “Ok, entonces ¿cómo desarrollo esas capacidades?”

Bien, le respondí, la intuición es una capacidad humana que está en vos y que ya funciona de manera lenta y poco consciente. En eso sí te puedo ayudar mediante la aplicación de un programa muy eficiente, que favorecerá la capacidad intuitiva para todo lo que hagas. Un canal de sabiduría excelente y eficaz. Un estado más alerta y con menos estrés. En cuanto al treinta por ciento restante, fruto de la experiencia, es cuestión de tiempo de vida y de registrar las situaciones, para tenerlas a mano como antecedentes valiosos y únicos. Sin embargo, nada de esto va a funcionar si, además, no logras administrar tu sistema emocional para que no perturbe la percepción de los hechos y el comportamiento que de allí deriva.

Continuamos nuestra charla y, luego de despedirnos, seguí pensando en el tema y en la forma en que aplicamos la función de liderar en DeROSE Sistem, un modelo diferente que reduce los conflictos, humaniza a las personas y genera mejores resultados en todos los aspectos, incluso en la tan deseada calidad de vida.

Una frase atribuida a un former president de los EEUU es una definición que se aproxima a esta propuesta de liderar desde las buenas relaciones humanas y la docencia, que constituye la columna vertebral del sistema que aplicamos: “si sus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, lograr más y crecer más, entonces, usted es un líder”. John Quincy Adams (1767-1848).

¡Hasta la próxima semana!

Nada tan importante como la proximidad

Hoy, en Argentina, es un lunes feriado. Miro por la ventana y el día ya se entrega con mansedumbre a la oscuridad que, persistente y como todas las noches, quiere reinar hasta que el amanecer la desplace. Es la hora de la expansión de la noche y la contracción del día.

Y así ocurre y se repite, en forma constante desde que el mundo existe. Para comprenderlo, basta prestar atención a nuestro corazón, que se expande y contrae en cada latido. Es la vida en pequeña escala, que pulsa y que, para que no lo olvidemos, nos regala ese sonido tan próximo. Es ese reloj que nos indica con su ritmo un tiempo que transcurre y que debemos utilizar con sentido de urgencia positiva para expandirnos, para crecer, para compartir, para construir un mundo mejor, para vivir con plenitud y hacer algo que nos trascienda.

Para eso debemos sumar fuerzas, unirnos, empujar juntos, cuidarnos mutuamente, solidarizarnos con las buenas causas, aprender a convivir en paz, a comunicarnos mejor y, especialmente, saber construirnos para construir. Como lo explican los antropólogos, somos una especie que desarrolló capacidades diferentes: el lenguaje y la colaboración. Eso nos hizo fuertes.

Y por todo ello, en razón de que soy más afín a las acciones que a la teorización intelectual, hoy invité a almorzar a mi casa a un grupo de colegas que son también emprendedores, profesores y compañeros de trabajo e ideales, a quienes lidero desde hace años.

Cociné para ellos, preparé con esmero cada plato. Elegí comidas sabrosas, nutritivas y saludables, utilizando el mejor de los condimentos, el cariño.

La sobremesa invitó a la charla amena, sincera y alegre. Dentro de ese clima pudimos dialogar, reflexionar sobre nuestros momentos personales, hilvanar ideas interesantes y tomar decisiones importantes en lo laboral. Fue fecundo y fácil.

En todo momento nos reímos, estuvimos corporalmente próximos, sentados lado a lado, hablándonos y mirándonos a los ojos. Una vez más comprobé que, en la compleja tarea de la relación humana, la mirada constituye una de las principales herramientas para la empatía que se busca establecer. La mirada limpia y sincera puede transmitir la luz que aleje la oscuridad que acompaña a la inquieta y pertinaz desconfianza.

La información fluyó sin trabas ni dificultades de entendimiento. Otras veces, incluso con el mismo grupo, no se genera una comunicación tan fácil. Tal vez, como alguien escribió, “nada cambió, sólo nuestra actitud y por eso todo ha cambiado”.

De algo estoy plenamente seguro: cuando estamos unidos, que no es lo mismo que estar juntos, el grupo construye una identidad muy valiosa. Una especie de ser vivo que se alimenta de las energías de sus integrantes. A partir de allí, todo es posible.

Por ello, si te toca liderar grupos, trabajá sobre la unión y la proximidad sincera. Además, mi primer consejo es que aprendas a cocinar.

Hasta la próxima semana.

Fragilidades que acechan

Cuenta una historia que, en la Edad del Hielo, los puercoespines morían de frío durante las noches. Los más ancianos comenzaron a observar que los animales de otras especies se juntaban y apretaban sus cuerpos para aumentar el calor, y de esa forma lograban sobrevivir.

Convocaron a una reunión y enseñaron a los más jóvenes que los pequeños pinchazos que producían las espinas siempre existirían, pero eso no era motivo para apartarse, dado que la fortaleza consistía en superar las pequeñas molestias para apoyarse grupalmente y enfrentar las bajas temperaturas o cualquier otro peligro que pudiera existir. Así la especie adquirió otro comportamiento, se fortaleció, produjo descendencia y continúa existiendo.

En los grupos de trabajo observo que el problema más frecuente que se enfrenta, y que produce alejamiento de los integrantes, son pequeñas diferencias de percepción, casi siempre ligadas a estados emocionales diversos.

La base es la proyección de la fantasía de que no existirán conflictos y, al generarse alguno, se destruye la idealización y la fantasía previamente creada. La consecuencia es una decepción o frustración, exagerada con relación a la propia causa.

Sin embargo, la diferencia de opinión o el disenso no son malos, son fricciones positivas generadoras de evolución. El problema es la falta de habilidad en la administración de las emociones.

En la actualidad, la sensibilidad emocional obliga a que todos inviertan en una reeducación en ese aspecto. Los líderes de los grupos que alcanzan buena productividad son verdaderos homos relacionales expertos en administrar sus propias emociones y las de sus liderados.

Mi primer consejo es recordar que nos comportamos de acuerdo con lo que somos y cómo administramos nuestro estado emocional y, en consecuencia, las relaciones humanas. Esto es una muy buena noticia, dado que si actuamos sobre nuestra propia reeducación comportamental, lograremos vínculos productivos y felices. Empecemos ahora, sin demora, a revisar cómo son nuestras reacciones diarias y sus consecuencias. Trabajemos sobre lo que somos para hacer mejor lo que hacemos.

Hasta la semana próxima.

Los tiempos cambian. Las necesidades también…

Foto por Lumen

Recuerdo haber escuchado muchas veces, cuando era niño, la recomendación de los adultos: “tenés que terminar el secundario para obtener un trabajo bueno y seguro”. Era el paradigma que existía a comienzos de la década del 60. Este consejo ya no encaja en las perspectivas de futuro para todos los jóvenes que, en la actualidad, están buscando alternativas de progreso.

Los años sesenta fueron muy fecundos en gestos contraculturales. Se iniciaron muchos movimientos sociales. Surgían sensibilidades, valores e ideas que movilizaban a los jóvenes en todo el mundo.

A pesar de los embates y la resistencia de los que no querían ceder ante los cambios, muchas cosas ocurrieron y fueron causa de nuevas tendencias que siguen estando presentes. Querer negar u ocultar los paradigmas vigentes en este momento es imitar al avestruz, cuando mete la cabeza en un agujero ante el peligro.

En los distintos ambientes y estructuras, ya se trate de familias o de ámbitos corporativos, las personas quieren y necesitan sentir que son valiosas, expresarse y ser escuchadas, realizarse en todos los planos. La satisfacción de recibir un buen ingreso ya no es suficiente.

El cambio de necesidades es constante y sigue en evolución de una forma que a veces apabulla o crea incertidumbre. Las diferencias entre los que lideran ⎼generalmente de más edad⎼ y los liderados es muy amplia. Sin embargo, noto que el que posee más edad y mantiene una plasticidad integral que le permite entender las nuevas tendencias, adaptándose constantemente a ellas, genera vínculos productivos y muy fecundos con los jóvenes. Una clara confirmación de la opinión de Darwin: “no es la especie más fuerte la que sobrevive, sino la que tiene mayor capacidad de adaptación”.

Sin embargo, quiero destacar un punto que a mi criterio es de suma importancia, especialmente en los grupos de trabajo. Muchos líderes y responsables de tareas creen equivocadamente que el momento los obliga a ser permisivos.

Esto es un error de interpretación. Puedo asegurar que las organizaciones que rinden son las que sienten orgullo, tienen alta autoestima y saben que mediante su esfuerzo aportan al mundo que habitan algo que los trasciende. Esto se basa en la exigencia, en los límites aplicados con cariño, y no en la permisividad.

Si le toca liderar un grupo, obtenga autoridad real en mérito a su dedicación, a su conocimiento, a su coherencia e integridad. Escuche a todos, esfuércese por entender, acepte las mejores opiniones, tenga capacidad de autocrítica, tenga capacidad de autocrítica, tenga capacidad de autocrítica (no es un error, es tres veces importante), y tome las decisiones que intuitivamente perciba. Actúe siguiendo lo que le dicen el corazón y la intuición.

¡Hasta la semana que viene!

« Siguientes entradas