Una historia sobre paradigmas…
En una región de suaves colinas existía un jardín famoso por su orden perfecto. Desde la entrada partía un único sendero recto que atravesaba el lugar de punta a punta. A ambos lados crecían árboles podados con exactitud y flores que abrían todas a la misma hora.
Los visitantes caminaban sin dudar. El sendero indicaba por dónde ir, qué ver, cuánto detenerse. Al final, un cartel decía: “Así se recorre el jardín”.
Con los años, la gente dejó de notar el sendero. No lo elegían: lo seguían.
Un día, un jardinero nuevo comenzó a trabajar allí. Mientras regaba, observó algo curioso: entre las raíces de los árboles había huellas antiguas, casi borradas, que se desviaban del camino principal. Pequeños trazos de pasos olvidados.
Movido por la curiosidad, despejó un tramo de maleza y apareció un sendero tenue que conducía a un claro donde el viento sonaba distinto y la luz caía oblicua sobre el agua de una fuente escondida.
El jardinero no colocó carteles. Tampoco cerró el camino recto. Solo dejó visible el desvío.
Los primeros visitantes pasaron de largo. El sendero principal era claro, confiable, suficiente. Pero una niña se detuvo ante la abertura y miró hacia el claro. No sabía si ese era “el modo correcto” de recorrer el jardín. Dudó. Luego dio un paso fuera del trazado.
No encontró un paisaje mejor. Encontró otro.
Cuando regresó, alguien le preguntó qué había visto. La niña respondió:
—Que el jardín no termina donde termina el camino.
Con el tiempo, algunos comenzaron a elegir. Unos preferían la recta segura. Otros exploraban los desvíos. El jardín dejó de ser un recorrido único y se volvió una experiencia.
El viejo cartel permaneció, pero alguien escribió debajo, con letra pequeña:
“Vivir es elegir por dónde mirar”.Y el jardinero, al pasar, añadió sin firma:
“Elegir no crea el jardín; revela al caminante”.
La historia nos muestra que cuando el camino aprendido se vuelve el único imaginable, la elección desaparece sin que lo advirtamos. El paradigma organiza la experiencia como un sendero que parece natural. Pero basta un gesto de atención para descubrir que hay desvíos posibles. Vivir es elegir: no entre cosas externas, sino entre utilizar sin cuestionar el trazado o ver el marco que lo dibuja. Cambiar paradigmas heredados expande nuestras vidas.
Hasta la próxima.









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