Tolerancia, imprescindible para las buenas relaciones humanas

Foto por Daria Shevtsova

Este, como todos los preceptos o conceptos éticos, es conversable y opinable. En ningún momento pretendo tener la verdad absoluta, simplemente revisar estructuras para flexibilizar el comportamiento y las relaciones humanas.

Al final de cuentas, filosofar es pensar sin pruebas, opinan los filósofos. Si tuviéramos pruebas nos iríamos hacia el terreno de la ciencia, pero no es ese el deseo de las corrientes de pensamiento teórico, o especulativo.

En lo particular, me siento satisfecho si al leer estos párrafos se desencadena el pensar con libertad sobre estos valores.

Podemos comenzar revisando nuestras actitudes y preguntarnos: ¿Estoy contento? ¿Considero que poseo un alto nivel de tolerancia? ¿Administro bien mi emocional en los casos de conflictos que me ponen a prueba? ¿Consigo transformar la emoción inicial en otra positiva, o por el contrario reprimo esa fuerza explosiva que luego me causará daño en mi salud y calidad de vida?

La pregunta que surge cuando hablamos de este tema es si debemos ser tolerantes ante todas las cosas. En lo personal considero que no, que la tolerancia es deseable dentro de ciertos límites. Y, además, se necesita tener claridad de conceptos para no confundir tolerancia con pasividad.

¿Qué sería entonces el concepto tolerancia? Siento que es sabiduría. Una sabiduría creciente que irá fortaleciéndose a medida que se refuercen las libertades individuales. Desearía que la tolerancia creciera alimentada por el amor humano, por el respeto mutuo, por el verdadero valor de la diversidad que enriquece a individuos y grupos.

En los ámbitos corporativos los grupos son variados, con diferencias en gustos y formas de pensar. Esta situación crece y crecerá, a velocidades exponenciales. Las libertades humanas se expresan en todas las áreas, generando fricciones que son buenas y, si son bien administradas, potenciarán cambios. Aquí es donde juega un papel muy significativo el rol de los líderes, para administrar con inteligencia y evitar que las controversias perjudiquen los vínculos y la consecuente productividad.

Hace poco me llegó la noticia de que la red social Facebook habilitó ⎼por ahora, solamente para EEUU⎼ más de cincuenta variedades de identificación sexual. Diferencias generacionales, como los llamados centennials, millennials y baby boomers, también ofrecen estilos y formas de análisis y pensamientos distintos.

El gran desafío para los líderes es trabajar sobre la flexibilidad que surge del autoconocimiento, para generar integración y aceptación, y en consecuencia enriquecer los equipos mediante el aporte de nuevas miradas y tendencias, de manera sincera.

En los cuadros de conducción ya es más importante ser expertos en adaptación, comunicación interpersonal y relaciones humanas, que en los saberes específicos. Rescato y dedico a todos los líderes una frase de Carl Jung: “Conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana”.

Hasta la próxima semana.

Delegar requiere acompañar

Sabemos que es necesario delegar responsabilidades cuando conducimos grupos de trabajo. Todo líder debe dar valor y experiencia a los que conduce, asignándoles responsabilidades y, además, ejerciendo la docencia constante para que sus liderados crezcan y el conocimiento esté en el grupo y no exclusivamente en algunos integrantes.

Compartir responsabilidades integra, hace bien al grupo y a los individuos, fortalece los vínculos y permite compartir logros y errores.

También es verdad que muchas veces se produce la sensación de que delegar es más trabajoso y, efectivamente, al comienzo suele serlo. La ventaja es que con este ejercicio se irá construyendo un grupo que llegará a ser más autónomo, más fuerte y más ágil al momento de ejecutar tareas o tomar decisiones. Y no es ninguna novedad que la unión hace la fuerza.

Sin embargo, uno de los problemas que observo en algunos líderes es que, después de delegar una tarea, se desentienden del proceso. Esta es una actitud equivocada, porque muchas veces quien recibe la nueva responsabilidad no está debidamente preparado para ejercerla con éxito y, por temor o vergüenza, acepta sin saber cómo actuar. Así se producen fallas, reclamos posteriores, y lo más nocivo: un estado de estrés que impregna al grupo.

En forma redundante recomiendo que siempre, siempre y siempre, el líder que delega una tarea o responsabilidad explique y enseñe más de una vez y, además, acompañe el proceso de cerca para verificar que se realice de manera adecuada. Cuando se alcancen buenos resultados, habrá que felicitar y otorgar el mérito al responsable, con generosidad.

Recordemos que delegar no es considerar que todo se hará bien. Por el contrario, es compartir una responsabilidad y compartir también el conocimiento y la experiencia. Asimismo, estar presente, sin anular al otro, pero disponibles para cuando haga falta.

Este mecanismo lo aprendí hace varias décadas, cuando por razones laborales viví unos años en la hermosa provincia de Misiones. Allí me sumé a un grupo de personas con la intención de ayudar a una comunidad guaraní que estaba en una situación extrema de pobreza y marginación. Entre muchas cosas que aprendí con ellos, observé cómo educaban a sus hijos pequeños. Me llamaba la atención que, cuando los niños jugaban en el río con frágiles canoas o utilizaban machetes, en lugar de correr desesperados hacia ellos asustándolos al grito de “salgan de allí” o “cuidado, se van a lastimar”, los hombres de la tribu me tranquilizaban con una sonrisa y me decían con expresión segura “los estamos cuidando” o “no es necesario transmitirles el miedo y asustarlos” o “estamos mirando, hay que dejar que aprendan por la experiencia y, si es necesario, los ayudaremos”.

Esta manera de educar a los niños, sin transferirles miedos propios ni interferir exageradamente, pero siempre atentos y próximos, fue muy positiva para mí, que en esa etapa de mi vida estaba dedicado a educar a mis hijos pequeños. Me fue muy útil también aplicarla como sistema al liderar grupos de trabajo, y la recomiendo por sus excelentes resultados.

Siempre recuerdo con cariño aquellos años de convivencia con los amigos de la comunidad guaraní Fortín Mbororé, en la región de Puerto Iguazú. Me conectaron de manera simple y profunda con una sabiduría práctica, naturalista y valiosa, que lamentablemente se va perdiendo.

¡Hasta la próxima semana!

Los directores de orquesta y los líderes corporativos

Foto por Manuel Nageli

Al observar a grandes directores de orquesta, sus diferentes estilos y personalidades, empecé a relacionar su compleja tarea con la que ejercen los líderes de organizaciones, buscando similitudes y diferencias.

Richard G. Strauss, Daniel Barenboim, Zubin Mehta, Lorin Maazel, Riccardo Muti, todos son grandes directores de orquesta, con marcados estilos. Es interesante verlos dirigiendo para observar sus gestos, su expresividad y movimientos corporales. Las diferencias son enormes y, sin embargo, cada uno de ellos ha logrado crear coordinación y armonía en su orquesta, con reconocidos resultados.

Para José Luis Turina, director artístico de la Joven Orquesta Nacional de España, “una orquesta está integrada por un gran número de personas, que puede oscilar entre cuarenta y ciento veinte músicos, o incluso más. Todos ellos tienen que tocar su parte, pero con idénticos criterios de velocidad, ritmo, volumen sonoro, carácter, etc…”

El director se ubica siempre en una tarima que lo coloca en un nivel más elevado con relación al resto de los intérpretes. Esa posición no es para marcar diferencia de categoría, sino para facilitar que los ejecutantes puedan verlo a la vez que tocan. Así se logra aunar la interpretación de todos los integrantes. Los líderes de organizaciones también deben desarrollar una visión diferenciada, de mayor alcance, como vigías que observan a la distancia para percibir peligros o situaciones que normalmente otros no advierten.

Cuando un director de orquesta se enfrenta a una obra por primera vez, tiene que pasarse horas y horas frente a la partitura para analizar todos los detalles y examinar las directrices que quiere marcar. Los conductores de grupos deben conocer en profundidad lo que se busca lograr para poder ejercer la docencia entre sus liderados.

Cuanto más profunda sea la comprensión del sentido de lo que se está haciendo, ese conocimiento e identificación con la obra del compositor, más fácil le será al director hacer que su propuesta seduzca al grupo humano de la orquesta. El director coordina, une, establece el ritmo y logra, al contagiar su propia pasión, que todos se enamoren de la música. El líder también inspira y comparte sus sueños con el grupo.

Como se puede observar, existen muchas coincidencias con la tarea de liderar grupos en las organizaciones laborales. Como afirma Itay Talgam en su charla TED: “la tarea más importante del director es lograr armonía”. Para mí, esta frase es una clara definición del rol principal de todo líder.

Además, unir a las personas que integran el grupo logrando que trabajen enfocadas en un fin determinado, favorece un clima de fecundas relaciones humanas, fuerte empatía y generación de riqueza.

¡Hasta la próxima semana!

El líder humanizante

Eric Klinenberg, profesor de sociología de la Universidad de Nueva York y autor de “Soy solo: el extraordinario auge y sorprendente atractivo de vivir a solas”, destaca que, si bien la persona promedio hoy en día puede presumir de tener miles de “amigos y seguidores” en plataformas como Facebook e Instagram, cuando se trata de relaciones humanas “no existe sustituto a construirlas a la antigua, de manera personal”.

La líder del Partido Conservador británico Theresa May destacó la necesidad de nombrar por primera vez en la historia de Gran Bretaña a un Ministro para la Soledad, teniendo en cuenta “la triste realidad de la vida moderna.”

Bután, India, Emiratos Árabes Unidos (EAU) y España, entre otros, han creado Ministerios para la Felicidad. Claro está que algunos de esos países continúan teniendo serios problemas sociales; sin embargo, empieza a evidenciarse una tendencia que está llamando la atención y genera la necesidad de repensar el funcionamiento de las estructuras sociales y, como consecuencia, las relaciones humanas en general y en particular en el ámbito del trabajo.

Debemos “cambiar los indicadores de éxito” y desarrollar nuevos índices que nos permitan conocer qué necesita la gente para ser feliz. Es fácil comprender que nadie puede dar lo que no tiene. En los ámbitos laborales, si los integrantes de los grupos no poseen el ejercicio de la vida en convivencia, se les hace más difícil compartir espacios, tareas, reuniones y desarrollar la solidaridad necesaria entre las personas. Por ello, las empresas buscan generar ámbitos agradables, ofrecer actividades lúdicas o recreativas, favorecer horarios flexibles y permitir el uso de ropa menos formal.

Además, se intenta reducir las distancias jerárquicas, al punto de haberse llegado a sistemas como la llamada holocracia, un sistema de organización en el que la autoridad y la toma de decisiones se distribuyen en forma horizontal en lugar de establecerse por una jerarquía de gestión. En otros emprendimientos se implementa la utilización del feedback asumido, aceptando de buen grado la crítica, sin conflictos jerárquicos.

Todos corren detrás de los cambios veloces de la época, intentando encontrar soluciones o reducir la insatisfacción general. Pero, insisto, nadie puede dar lo que no tiene, y por eso la capacidad creativa y productiva está muy vinculada a la felicidad de las personas.

La velocidad de los cambios nos sorprende y supera. Es necesario un nuevo paradigma y en esto los líderes deben ser conscientes y son los que más deben trabajar sobre sí mismos, para producir una reeducación comportamental. Aprender y entrenar para administrar sus emociones, establecer vínculos de cariño y proximidad real con sus equipos, irradiando esa forma de relación por medio de la convivencia y el ejemplo.

La clave está en recuperar capacidades humanas que están adormecidas, y así fortalecer un liderazgo humanizante.

Hasta la próxima semana.

De quejas y fantasías

Foto por Nicholas Kampouris

Observo en los que integran grupos de trabajo un proceso frecuente y progresivo de pérdida de entusiasmo en la tarea que realizan. Sin embargo, al conversar con ellos, me confiesan que antes de ingresar a ese trabajo o grupo, lo deseaban mucho.

Es más, habitualmente se han esforzado hasta lograrlo. Sin embargo, al poco tiempo de estar trabajando en ello surgen las decepciones, los reclamos, la sensación de estar exigidos de sobremanera y muchas otras impresiones generadoras de desánimo. Pareciera que durante la etapa del deseo se proyecta una fantasía que, a posteriori, no se condice con la realidad y genera frustración.

Como agudo observador de las emociones humanas, el escritor DeRose nos deja una frase que sintetiza esta conducta: “la felicidad o infelicidad son efectos ilusorios de causas relativas a la condición inmediatamente anterior”.

Antes de tener ese trabajo, el quejoso actual lo deseaba con intensidad. Al obtenerlo, la necesidad cambia y ahora prevalecen las insatisfacciones propias de la tarea que, por una proyección fantasiosa, no se habían tenido en cuenta.

En todas las profesiones existen aspectos que no nos entusiasman, pero son necesarios para poder desarrollarnos en lo que sí nos apasiona. Tengo un amigo que siempre fue un entusiasta de los deportes y la actividad física, y por ello estudió Educación Física, consiguió fortalecer su economía y llevó adelante su gran sueño: abrir un gimnasio. En la actualidad dedica más horas a tareas administrativas y comerciales que al trabajo corporal, que es su verdadera pasión… Otro conocido, artista plástico, me contaba su desazón por tener que dedicar horas de su día para conectarse con galerías y lugares que le permitan exponer sus obras y, además, comercializarlas, para poder vivir de su arte.

Podría mencionar otros casos similares, en diferentes profesiones. Siempre habrá aspectos de la tarea profesional que no son exactamente lo que más deseamos. En esos casos podemos hacer que esos aspectos comiencen a gustarnos, reconociendo que son necesarios para disfrutar de lo que nos apasiona.

Una decisión puede ser alimentar nuestra insatisfacción juntándonos con otros insatisfechos, para aumentar el desánimo y construir verdaderos clubes de frustrados.

Siempre lo más fácil será sentirnos víctimas en lugar de hacer una autocrítica auténtica reconociendo nuestras propias falencias y aproximarnos a los que están bien para aprender de ellos y obtener buenos resultados.

Lo único que verdaderamente permitirá el cambio será aquietar la emocionalidad y poner los pies sobre la tierra. Seguramente habrá que trabajar duro por lo que anhelamos, y persistir con entusiasmo, porque los buenos logros requieren tiempo para ser alcanzados.

Si en su empresa o lugar de trabajo hay cosas que le gustaría que cambien, no se queje volátilmente. Elabore una idea, genere un proyecto y preséntelo a los responsables con capacidad de decisión, ofreciéndose a ayudar.

El verdadero cambio, el que nos hace mejores personas, está más presente en el proceso que en el propio resultado.

¡Hasta la semana próxima!

Win to win…

Foto por James Ballard

En los últimos años se habla de un nuevo estilo de negociación llamado win to win, una nueva forma de relación entre las partes que busca beneficios para ambas. Existe gran cantidad de opiniones al respecto: no todos están a favor. Los detractores opinan que se trata de una situación falsa y que no funciona en la realidad, pues favorece a los más listos sobre los más distraídos.  

Es indudable que esta ecuación está presente en toda relación, especialmente de intereses comerciales. Sin embargo, forma parte de un concepto más inteligente y solidario de cuidado mutuo, que favorece que los vínculos se fortalezcan y perduren en el tiempo. 

Es una actitud que funciona mejor cuando las partes poseen un sentido ético mayor, reconocen los intereses de unos y otros, comprendiéndolos como genuinos, y sobre esa sinceridad orientan la relación hacia nuevas oportunidades, en un clima de confianza y sinceridad. 

Esta antigua historia de origen árabe que leí hace tiempo, ilustra de manera divertida cómo la inteligencia y la creatividad son cruciales y favorecen la conquista de acuerdos en negociaciones que parecen no tener salida y que podrían derivar en serios conflictos. Lo principal es que todos se sientan ganadores y beneficiados por el acuerdo. 

Una mañana, en un desierto cualquiera, dos viajeros se acercaron a un campamento  donde tres hombres gritaban furiosos: 

—¡No puede ser! 

—¡Esto es un robo! 

—¡No lo aceptaré jamás! 

Beremis, uno de los viajeros, preguntó al más anciano de los tres qué estaba pasando. El viejo, con el rostro enrojecido de ira, le dijo: «Somos tres hermanos y recibimos de herencia 35 camellos. De acuerdo con el testamento de mi padre, yo, que soy el más grande debo recibir la mitad, mi hermano Hamed una tercera parte y el menor, una novena parte». 

Beremiz, que era un experto matemático, ofreció de inmediato una solución al preocupado anciano: «Es muy simple, me encargaré de hacer con justicia esa división si me permitís que junte a los 35 camellos de la herencia, este hermoso animal que hasta aquí nos trajo en buena hora». 

Su compañero de viaje, Hanak, protestó: 

«¡No puedo consentir semejante locura! ¿Cómo podríamos dar término a nuestro viaje si nos quedáramos sin nuestro camello?». 

«No te preocupes», replicó en voz baja Beremiz. «Sé muy bien lo que estoy haciendo. Dame tu camello y verás, al fin, a qué conclusión quiero llegar.»  

—Amigos —dijo dirigiéndose a los tres hermanos—, voy a hacer una división exacta de los camellos, que ahora son 36. Y volviéndose al más viejo de los hermanos, así le habló: “Debías recibir, amigo mío, la mitad de 35, o sea 17 y medio. Recibirás en cambio la mitad de 36, o sea, 18. Nada tienes que reclamar, pues es bien claro que sales ganando con esta división». Dirigiéndose al segundo heredero continuó: «Tú, Hamed, debías recibir un tercio de 35, o sea, 11 camellos y fracción. Vas a recibir un tercio de 36, o sea 12. No podrás protestar, porque también es evidente que ganas en el cambio». Y dijo, por fin, al más joven: «A ti, jovencito, que según voluntad de tu padre debías recibir una novena parte de 35, o sea, 3 camellos y parte de otro, te daré una novena parte de 36, es decir 4, y tu ganancia será también evidente.». 

Tras establecer la justa división, continuó: 

«Por esta ventajosa división que ha favorecido a todos, le tocarán 18 camellos al primero, 12 al segundo y 4 al tercero, lo que da un resultado de 34 camellos. De los 36 camellos sobran, por lo tanto, dos. Uno pertenece, como saben, a mi amigo y el otro me toca a mí, por haber resuelto a satisfacción de todos, el difícil problema de la herencia». 

Los hermanos, asombrados y felices, aceptaron el reparto. Todos salieron beneficiados del trato y la cuenta se hizo tal y como el padre había indicado en su testamento. 

Con mucha astucia y una pequeña ayuda matemática, Beremiz pudo, a la vez que resolver un problema vital para estos tres hombres, salir beneficiado obteniendo un camello más para continuar su viaje. 

Hasta la próxima semana… 

La gratitud, una virtud que estimula la actitud emprendedora.

Foto por J.Kelly Brito

Al leer este título tal vez te preguntes qué relación puedo encontrar entre la gratitud y la actitud emprendedora. Es que, analizando la importancia que culturas y filosofías antiguas le asignaban a esta virtud, fui reconociendo que puede ser una fuerza poderosa, positiva y creadora. Me refiero a una gratitud desprovista de religiosidad, conectada con el simple reconocimiento inteligente de lo que poseo y lo que no tengo o deseo conseguir.

Para ejemplificar este concepto, dediqué unos minutos a confeccionar una lista de las cosas que poseo y aquellas que no tengo. Te invito a hacer este mismo ejercicio y te sorprenderás al observar cuánto mayor es la lista de cosas obtenidas o logradas, con relación a la de faltantes. Y en esto no incluí solo objetos materiales, sino también muchas de las buenas cosas que tenemos y no valoramos, justamente porque las tenemos. Desde salud hasta afecto…

Propuse hacer lo mismo a varias personas y siempre el resultado fue similar. Incluso, en todos los casos, reconocieron que a menudo lo que faltaba les impedía ver los logros obtenidos.

Antes que relaciones esto con una paralizante actitud conformista, quiero adelantarme aclarando que, por el contrario, ser consciente de lo logrado refuerza la voluntad para actuar y concretar nuevos logros.

Tal vez la gratitud sea la más sutil de las virtudes y por eso permanece bastante oculta. Es la más agradable de todas, una especie de don que cuando se desarrolla nos da siempre la posibilidad de ganar, porque nada se pierde por poseerla. Es una especie de eco que multiplica las otras virtudes, según afirma el filósofo francés André Comte-Sponville.

Los emprendedores, especialmente los más jóvenes, suelen tener una actitud de gratitud y solidaridad con el mundo que habitan, en el cual desean construir, innovar, generar una renovación positiva y en todo momento compartir el conocimiento con los demás.

En el mundo empresarial, los líderes deben poner en práctica la gratitud a través de actitudes cotidianas tales como escuchar las propuestas de innovación, compartir conocimientos, estar cerca de sus liderados, descubrir y potenciar sus talentos, compartir tiempo y generar lazos de amistad en forma independiente a los niveles jerárquicos. Debe ser una amistad entendida como alegría recíproca y no con sentimiento de deuda, dado que a los amigos no se les debe nada porque la relación es de ida y vuelta. Esta proximidad permite que el conocimiento y la innovación se multipliquen y circulen en todos los ámbitos, enriqueciendo a los individuos y a la empresa. Es un cambio de paradigma útil, necesario y generador de felicidad.

Soy un convencido de que vivir con gratitud estimula el hacer para retribuir y, como consecuencia inevitable, genera riqueza en todos los órdenes de la vida.

Gracias. Hasta la próxima semana.

Nadando por la vida

Foto por: Sebastián Voortman

No puedo afirmar si el hombre proviene del agua, si fuimos primates acuáticos como aseguran en sus teorías algunos investigadores de nuestros orígenes. Pero es real que cuando me zambullo en la piscina siento un enorme placer, algo así como estar en casa.

Me conecto con una sutileza especial en ese medio que acepta la forma de mi cuerpo, amoldándose a él y sosteniéndome a flote como si me llevara en sus brazos.

Mientras escribo me aparecen imágenes de niños pequeños disfrutando del agua, flotando con gran facilidad y riendo en ese juego acuático que puede extenderse durante horas y parece no terminar nunca. Los que hemos convivido con niños pequeños comprobamos que cualquier juguete moderno es vencido ante la simple propuesta de colocarlos frente a varios recipientes con agua y darles la libertad de jugar.

Al nadar percibo que el antiquísimo conflicto de diestros o zurdos desaparece. No creamos diferencias entre nuestros miembros, perfectamente equilibrados por la naturaleza. Los brazos y piernas se desempeñan como hélices, con movimientos simétricos y acompasados que impulsan al nadador de manera constante.

Y después de unos minutos en el agua, empiezo a darme cuenta que hay algunas similitudes con nuestro andar por la vida. Debo mirar la línea que está en el fondo de la piscina y seguirla con atención para mantener el rumbo. Si no elijo la meta me pierdo con facilidad, choco con otros nadadores, me golpeo con los andariveles y el andar se dificulta.

Si me muevo de manera consciente, dando brazadas firmes y con ritmo definido logro mayor velocidad y consigo avanzar más y con menos cansancio.

Descubro que la estética del movimiento es muy importante para poder deslizarme. Mi cuerpo corta el agua y logro vencer la resistencia que opone, con elegancia, sin chapotear, salpicar y crear incomodidad en los circunstanciales vecinos.

Cuando el cansancio llega, si no abandono la marcha, me llega una nueva oleada de energía que me permitirá continuar y disfrutar de la auto superación. El resultado será la conquista de nuevas metas y desafíos.

Como en la vida, mis momentos en el agua son de dos clases: unos van directamente a concluir en una determinada meta a buen ritmo; otros, sin objetivo, haraganes y de puro vagabundeo.

La respiración, bella dama que regula mis sentidos. Es en el agua donde fácilmente percibo que tengo la capacidad de administrarla de manera voluntaria. Y me recrean las burbujas de mi propio aliento. Como decía el célebre Kosice: son las burbujas las que le dan movimiento al agua.

El pensamiento, esa máquina fantástica que se embelesa con tanta facilidad y se entrega a la anarquía, cede a su natural rebeldía y acepta enfocarse a mi pedido en la tarea.

Al final de cuentas, nadar y andar en la vida se asemejan mucho

¡Hasta la semana próxima!

70/30

Hace unos días me reuní con un amigo que desde hace años lleva adelante tareas de conducción de grupos y personas, y en un determinado momento me dijo: “No te estoy preguntando cómo funciona tu institución, o las normas que regulan su funcionamiento; lo que quiero saber es cómo decides ante una situación inesperada o un conflicto entre colaboradores que tienen diferentes enfoques o posiciones. ¿Cuál es tu metodología estratégica?”

En ese momento, antes de responder recordé cuando hace muchos años, el escritor DeRose, fuente de inspiración y con quien comparto tareas e ideales, me sugirió dar capacitaciones sobre liderazgo, en función de los resultados que estaba obteniendo. Así, comencé a compartir mis experiencias en esta delicada y compleja tarea, confirmando que a un líder no lo define su deseo de serlo sino las soluciones que es capaz de dar.

Hoy, pasados más de treinta años realizando tareas de liderazgo y consultoría, me doy cuenta de que, ante cada situación, uno actúa mediante la intuición en un setenta por ciento y, el treinta restante, apoyándose en la experiencia surgida de situaciones anteriores que, más que dar pautas para la resolución, permite tener visión de cómo las decisiones presentes incidirán en el futuro.

Esa ampliación de visión es fundamental, porque nunca debemos olvidar que cada movimiento de una pequeña pieza tendrá alguna consecuencia en un futuro que no vemos, pero que debemos prevenir.

Pasado ese instante de cavilaciones veloces, le respondí a mi amigo que no tenía un sistema, que mi actuación y consejos provenían de esa relación 70/30.

Acto seguido, me disparó otra pregunta: “Ok, entonces ¿cómo desarrollo esas capacidades?”

Bien, le respondí, la intuición es una capacidad humana que está en vos y que ya funciona de manera lenta y poco consciente. En eso sí te puedo ayudar mediante la aplicación de un programa muy eficiente, que favorecerá la capacidad intuitiva para todo lo que hagas. Un canal de sabiduría excelente y eficaz. Un estado más alerta y con menos estrés. En cuanto al treinta por ciento restante, fruto de la experiencia, es cuestión de tiempo de vida y de registrar las situaciones, para tenerlas a mano como antecedentes valiosos y únicos. Sin embargo, nada de esto va a funcionar si, además, no logras administrar tu sistema emocional para que no perturbe la percepción de los hechos y el comportamiento que de allí deriva.

Continuamos nuestra charla y, luego de despedirnos, seguí pensando en el tema y en la forma en que aplicamos la función de liderar en DeROSE Sistem, un modelo diferente que reduce los conflictos, humaniza a las personas y genera mejores resultados en todos los aspectos, incluso en la tan deseada calidad de vida.

Una frase atribuida a un former president de los EEUU es una definición que se aproxima a esta propuesta de liderar desde las buenas relaciones humanas y la docencia, que constituye la columna vertebral del sistema que aplicamos: “si sus acciones inspiran a otros a soñar más, aprender más, lograr más y crecer más, entonces, usted es un líder”. John Quincy Adams (1767-1848).

¡Hasta la próxima semana!

Nada tan importante como la proximidad

Hoy, en Argentina, es un lunes feriado. Miro por la ventana y el día ya se entrega con mansedumbre a la oscuridad que, persistente y como todas las noches, quiere reinar hasta que el amanecer la desplace. Es la hora de la expansión de la noche y la contracción del día.

Y así ocurre y se repite, en forma constante desde que el mundo existe. Para comprenderlo, basta prestar atención a nuestro corazón, que se expande y contrae en cada latido. Es la vida en pequeña escala, que pulsa y que, para que no lo olvidemos, nos regala ese sonido tan próximo. Es ese reloj que nos indica con su ritmo un tiempo que transcurre y que debemos utilizar con sentido de urgencia positiva para expandirnos, para crecer, para compartir, para construir un mundo mejor, para vivir con plenitud y hacer algo que nos trascienda.

Para eso debemos sumar fuerzas, unirnos, empujar juntos, cuidarnos mutuamente, solidarizarnos con las buenas causas, aprender a convivir en paz, a comunicarnos mejor y, especialmente, saber construirnos para construir. Como lo explican los antropólogos, somos una especie que desarrolló capacidades diferentes: el lenguaje y la colaboración. Eso nos hizo fuertes.

Y por todo ello, en razón de que soy más afín a las acciones que a la teorización intelectual, hoy invité a almorzar a mi casa a un grupo de colegas que son también emprendedores, profesores y compañeros de trabajo e ideales, a quienes lidero desde hace años.

Cociné para ellos, preparé con esmero cada plato. Elegí comidas sabrosas, nutritivas y saludables, utilizando el mejor de los condimentos, el cariño.

La sobremesa invitó a la charla amena, sincera y alegre. Dentro de ese clima pudimos dialogar, reflexionar sobre nuestros momentos personales, hilvanar ideas interesantes y tomar decisiones importantes en lo laboral. Fue fecundo y fácil.

En todo momento nos reímos, estuvimos corporalmente próximos, sentados lado a lado, hablándonos y mirándonos a los ojos. Una vez más comprobé que, en la compleja tarea de la relación humana, la mirada constituye una de las principales herramientas para la empatía que se busca establecer. La mirada limpia y sincera puede transmitir la luz que aleje la oscuridad que acompaña a la inquieta y pertinaz desconfianza.

La información fluyó sin trabas ni dificultades de entendimiento. Otras veces, incluso con el mismo grupo, no se genera una comunicación tan fácil. Tal vez, como alguien escribió, “nada cambió, sólo nuestra actitud y por eso todo ha cambiado”.

De algo estoy plenamente seguro: cuando estamos unidos, que no es lo mismo que estar juntos, el grupo construye una identidad muy valiosa. Una especie de ser vivo que se alimenta de las energías de sus integrantes. A partir de allí, todo es posible.

Por ello, si te toca liderar grupos, trabajá sobre la unión y la proximidad sincera. Además, mi primer consejo es que aprendas a cocinar.

Hasta la próxima semana.

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