Autor: edgardo (página 1 de 17)

En la búsqueda del placer, se olvida la felicidad

Foto por: Nghia Le

En la actualidad veo una tendencia a buscar defectos en todo, y una excesiva emocionalidad en el reclamo. Creo que estas actitudes están conectadas con un estado de insatisfacción y la premura en la búsqueda de lo que está catalogado como placer.

En las entrevistas que realizo como consultor, es habitual que surja una apasionada preocupación por lo que falta y muy poco tiempo dedicado a reflexionar sobre lo logrado y disfrutarlo.

La búsqueda de la superación también requiere que vayamos reforzando el sentimiento de orgullo y la consecuente felicidad positiva sobre las metas obtenidas. Esta actitud, que fortalece la autoestima, debería estar más presente en el ámbito individual, grupal y en las instituciones.

En lo personal adhiero con entusiasmo al deseo de la superación constante y brego por ello, con el cuidado de no dejar de lado la apreciación y las emociones positivas que, como la alegría, surgen del disfrute de cada conquista.

Me gustan las palabras de Bertrand Russel al calificar las emociones: saber diferenciar las emociones restrictivas de las expansivas, porque son exactamente las expansivas las que generan amplitud, crecimiento y expansión del Ser en todos los planos. Sin lugar a dudas, son las que nos humanizan.

En el primer grupo podemos ubicar, entre otras, el miedo, la crueldad y los celos. En el segundo grupo encontramos la esperanza, el amor, el impulso constructivo, el cariño, la curiosidad intelectual y la bondad. Además, destaco el deseo de autoconocimiento y el ejercicio de las buenas relaciones humanas, actitudes que sin ser calificadas como virtudes son actitudes generadoras de evolución personal.

Lo que tenemos que tener en cuenta es que no basta con reconocerlas desde la teoría, precisamos ponerlas en práctica para incorporarlas y fortalecerlas en el uso. Una de las mejores formas de hacerlo es integrarse a grupos de personas que cultiven esos valores que nos hacen bien.

Existe también una creciente ansiedad por la búsqueda de lo que se concibe como éxito y el placer inmediato que debe generar. Si no se lo consigue o si, por su carácter frívolo, se disipa rápidamente, la sensación es de frustración y angustia.

Hay que revisar lo que se considera tener éxito, para incorporar a ese concepto cosas muy valiosas y generalmente olvidadas -hasta que se pierden- como la salud, el tiempo para cultivar los afectos, las relaciones humanas, el estado físico y tantas otras.

Temo que se esté viviendo en una afanosa búsqueda del placer, con reducida vivencia de la felicidad.

¡Hasta la semana próxima

Un líder sabio utiliza la prudencia

Foto por: Tim Gouw

En la antigüedad, la prudencia era muy valorada como atributo del ser humano. Era una virtud que se exigía de los gobernantes y personas con responsabilidades importantes, dado que formaba parte de la sabiduría. Pero todo cambia y, en los actuales tiempos, signados por la velocidad y el estrés, es tal vez una de las cualidades más olvidadas.

La prudencia es la virtud de saber actuar en el momento justo. Es lo que diferencia la acción meditada de la temeridad, guiada por la pasión y que contiene el riesgo de un resultado azaroso. Es el deseo lúcido y razonado. Es la acción estratégica y el alcance de la visión del líder, que ve el resultado futuro como consecuencia de lo actuado en el presente.

En la velocidad de nuestros tiempos, la prudencia se asoció con la falta de reacción y perdió jerarquía.

Muy diferente era la interpretación que realizaban los filósofos y analistas antiguos, que la calificaban diciendo: la prudencia no prohíbe el riesgo ni evita siempre el peligro; por el contrario, consiste en un desarrollado sentido de realidad que permite a quien la aplica decidir lo mejor en cada circunstancia.

Es un componente de la tan necesaria tolerancia. Casi me atrevo a decir que es la más moderna y necesaria de las virtudes que debemos utilizar. Una especie de luz que disipa las sombras de un mundo ansioso y acelerado, no siempre conducido con las certezas necesarias.

Una sabiduría sin prudencia sería una sabiduría insensata, por lo cual no sería sabiduría, nos recuerda André-Comte Sponville.

Hoy, al conducir personas, debemos ser prudentes para entenderlas y saber tomar decisiones que las incluyan, favoreciendo la construcción de fuerzas grupales entusiasmadas por conquistar buenos resultados y con la capacidad de asimilar como equipo las equivocaciones, cuando se produzcan.

No caigamos en el error de creer que prudencia y velocidad no pueden andar juntas. Por el contrario, se asisten y fortalecen mutuamente.

Hasta la semana próxima.

Se vive viviendo

Una forma de entender el liderazgo

Foto por: Manuel Nageli

Herbert von Karajan, quien dirigió la Orquesta Filarmónica de Berlín durante treinta y cinco años, decía que “el arte de dirigir consiste en saber cuándo hay que dejar la batuta para no molestar a la orquesta”. Esta idea es muy apropiada en el momento actual al liderar equipos de trabajo, dado que implica la necesidad de transferir conocimiento y responsabilidad al grupo y, como consecuencia, que cada integrante libere su potencial y brinde lo mejor de sí.

Otorgar libertad y escuchar las propuestas creativas de los liderados es una tarea fundamental para los que desean empoderar a los integrantes de un equipo. Así se irá generando en ellos la autosuficiencia necesaria para pensar en plural y proyectarse en acciones concretas, alineadas con la estrategia macro de la empresa o institución.

Es fundamental que cada integrante del equipo conozca el valor de sus tareas y en qué contexto se ubican. Debe saber por qué realiza lo que hace y cuáles son los objetivos de toda la institución; de lo contrario, no tendrá la motivación suficiente para despertar cada mañana con ganas de sumar su esfuerzo al proyecto.

De esta forma se podrá salir del paradigma aún existente de funcionar desde la orden, el control y la verificación de los resultados. Es la herencia todavía vigente de la era industrial, tan bien reflejada en la película Tiempos Modernos del genial Charles Chaplin, donde los trabajadores ejecutaban tareas mecánicas y repetitivas sin otra aspiración que obtener el salario que les permitiera subsistir.

Hasta hace poco tiempo se intentaba convencer a las personas de realizar trabajos que no querían realizar. En la actualidad, es necesario que el líder ayude a sus liderados a llevar a cabo tareas de las que no se creían capaces.

La intención debe estar orientada a construir una visión compartida y fortalecer un propósito de conjunto, siendo muy necesarias la transferencia de conocimiento y la integración.

Según mi experiencia, siempre es de gran ayuda construir entre todos un manifiesto que establezca los valores fundamentales del grupo, y colocarlo de manera visible para que sirva de marco comportamental. Esto reduce conflictos, dado que son valores elegidos por el propio grupo y que favorecen las buenas relaciones interpersonales.

En Ciudadela, su obra póstuma, Antoine de Saint-Exupéry nos dice: “Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar libre y ancho”.

¡Hasta la próxima semana!

Tolerancia, una virtud que nos hace mejores

Foto por Alfred Twj

La tolerancia es una actitud no pasiva que se incorpora progresivamente, a partir de la decisión de hacerlo. Requiere un trabajo de atención sobre nuestras formas de actuar y de entender a los demás, ya que existe una gran cantidad de automatismos adquiridos por influencias culturales y sociales que se suelen disparar con la velocidad de un rayo y nos pueden llevar a ser injustos, exagerados o poco inteligentes.

De todas maneras, incorporar la tolerancia no significa tolerarlo todo; es una actitud que debe estar relacionada con la ética y los valores. Una tolerancia infinita sería una de las formas de acabar con la tolerancia. Muchos son tan tolerantes con los demás, que se acercan a una frontera peligrosa, más próxima a la indiferencia o la complicidad que al justo criterio.

La tolerancia es una virtud necesaria, un tipo de sabiduría que combate la estupidez y el fanatismo, ampliando la capacidad de comunicarse, integrarse y aprender a través del otro. Si todos respetamos a los demás y somos conscientes de su derecho a expresarse libremente, aplicaremos esta convención de civilidad que garantiza y protege la necesaria tolerancia.

Sin embargo, es posible que se trate de una solución transitoria hacia el respeto y la comprensión, como indica el filósofo André Comte-Sponville. Si lo vemos de esta forma, empezaremos a reconocer que en muchas situaciones debemos simplemente aplicar el respeto al otro. Y así no será necesario recurrir a la tolerancia.

Soy optimista: pienso que la propia evolución traerá progresos importantes en la capacidad de comunicarse y respetarse. Como consecuencia, la tolerancia saldrá fortalecida entre las valiosas virtudes que facilitarán la convivencia.

Cuenta una historia que hace cientos de años vivía en una aldea un anciano que era conocido por su sabiduría y, principalmente, por ser considerado un Maestro de la tolerancia. Un día, un famoso y aguerrido samurái fue a visitarlo, con el deseo de mostrar a todos que, así como era el mejor en las artes marciales, también tenía la capacidad de desestabilizar al anciano.

Una vez en la aldea, comenzó a molestar, ofender e incluso insultar al Maestro durante varios días, sin que este reaccionara. Vencido, el samurái se arrodilló frente a él, le pidió perdón y se retiró reconociendo su superioridad.

Los alumnos del viejo Maestro se aproximaron a él para saber cómo había logrado permanecer sereno ante tantas agresiones. El Maestro sonrió y dijo a uno de sus ansiosos discípulos: Querido amigo, si alguien llegara y te trajera un regalo, al dártelo y vos aceptarlo, ¿quién se quedaría con el presente? Lo mismo ocurrió en este caso. Si yo hubiera aceptado su violencia, estaría conmigo. Al mantenerme tolerante, su violencia se fue con él.

Considero que los mejores fertilizantes para el desarrollo de la tolerancia son el amor humano y el respeto mutuo hacia la esencial diversidad que enriquece a individuos y grupos.

Hasta la próxima semana.

¿Cuánto tiempo podés estar sin respirar?

Un nuevo rol en el liderazgo

Foto por: Markus Spiske

Cuando hablamos de liderazgo, sabemos que estamos entrando en un área que es difícil de definir y que atraviesa un profundo y necesario proceso de adaptación, consecuencia de los cambios sociales que están ocurriendo a gran velocidad.

Esta modificación de valores, tendencias y costumbres es sólo el comienzo de adaptaciones futuras, que no sabemos hasta dónde nos conducirán. Suponer que estos nuevos paradigmas cesarán en su ímpetu de transformar a los individuos y sus grupos sociales es un pensamiento que lleva al fracaso seguro.

Es por ello que todo líder debe desarrollar autoconocimiento, conocer sus capacidades y talentos, como así también ser consciente de los aspectos que actúan en su contra: esos villanos que surgen de improviso en forma de inestabilidad emocional y mental. Todos los tenemos y, al complicarnos en la toma de decisiones, nos restan fuerzas.

La manera en que pensamos tiene mucho que ver en este proceso. Un pensamiento puede generar emociones positivas o negativas, sentimientos que podrán construirnos o destruirnos. En el caso de los líderes, hay que tener en cuenta que todos lideramos según cómo estamos. De acuerdo con nuestra forma de relacionarnos con los demás, serán los resultados que obtendremos.

Vivimos condicionados por paradigmas que nos hacen reaccionar de manera automática, sin pensarlo, actuando de formas que posiblemente ya no sean apropiadas para el momento actual. Son actitudes que pudieron funcionar años atrás pero que ya no nos favorecen en la tarea de construir grupos, sumar voluntades y generar ámbitos de desarrollo individual y grupal.

Hoy, la prioridad para los que tienen la responsabilidad de liderar es tener la sabiduría y la fortaleza de entender que el verdadero núcleo de la energía constructiva se encuentra en el equipo, y ya no en las manos de un conductor distante que no empatiza con sus colaboradores.

El primer ejercicio que recomiendo es detenerse para analizar ⎼como si nos mirásemos desde lo alto⎼ cómo reaccionamos, cómo es nuestra relación con el grupo, cuánto escuchamos y cuánto tiempo dedicamos a las buenas relaciones humanas, esas que aproximan y establecen lazos de sinceridad y confianza. Observar si invertimos tiempo en enseñar a aquellos que no logran obtener buenos resultados, o simplemente les exigimos.

El trabajo de un buen líder es lograr resiliencia, autoconocimiento y autodesarrollo para él y, de manera solidaria, para su equipo. Una forma de ser menos jefe y más Ge-Fe, un nuevo rol: gestor de felicidad.

Hasta la próxima semana.

La experiencia de una alondra

¡Mi vida no tiene sentido!

Fotografía por: Chris Lawton

Muchas veces escuchamos estas palabras, y hasta es posible que las hayamos dicho en forma automática, sin prestar verdadera atención a lo que significan. La expresión sirve de llamado de atención para mostrar que estamos en crisis, con la sensación creciente de haber perdido el rumbo. Coincido con estudiosos y pensadores que perciben esto desde dos aspectos centrales: la dificultad para expandir y profundizar los vínculos personales más importantes y los problemas existentes para generar y mantener armonía en las relaciones humanas y hacerlas más inclusivas.

En la necesidad de priorizar la síntesis y la velocidad, se tropieza con el inevitable deterioro que producen la frivolidad y la superficialidad. Esto se observa en las relaciones humanas, que se ven afectadas por esta nueva manera de vincularnos, sin detenernos en hechos tan simples como, por ejemplo, escuchar la explicación del otro cuando conversamos, o los contenidos de un mensaje que no se encuadre en la síntesis máxima.

Todos sabemos y sentimos que somos seres gregarios, sociales, colaborativos y que nuestro crecimiento como sociedad está basado en la unión de fuerzas de individuos que, en soledad, poco podrían haber realizado. La construcción de vínculos con cimientos sólidos requiere una inversión de tiempo y cuidado.

Esta crisis que conlleva entre otros elementos la dificultad de establecer buenas relaciones humanas, produce un padecimiento mayor que el normal frente a las situaciones. Todos sabemos que los buenos vínculos, los amigos, el afecto en general nos permite superar mejor las tristezas y malos momentos.

Como todos deseamos huir del dolor y buscar la gratificación del placer, los recursos más buscados son la distracción, el consumo exagerado, el trabajo obsesivo, u otras formas de evasión de la situación. No censuro la utilización de la distracción momentánea, siempre que se realice sabiendo que no es más que una pausa breve que no conduce a una solución.

Regresemos a la expresión mi vida no tiene sentido. Si estamos sintiendo eso, debemos poner en práctica un cambio de paradigma y comprender que no es la vida la que carece de sentido, es el ser humano el que no le encuentra sentido a su propia vida. En ese momento es cuando el autoconocimiento constituye la vía de transformación necesaria y verdadera para descubrir con alegría y optimismo ese sentido de vivir que necesitamos recuperar. Como toda crisis, es una oportunidad de cambio maravillosa.

Hasta la próxima semana.

Lideramos como somos

Foto por Ryoji Iwata

Hay total coincidencia en que existe una crisis de liderazgo mundial, debido entre otros factores al momento volátil, ambiguo y cambiante que estamos viviendo.

No es fácil encontrar líderes conscientes de sí mismos y de su entorno, comprometidos con lo que realizan, con una elevada capacidad de resiliencia, solidarios para compartir conocimientos, que posean sentido de misión y deseos genuinos de contribuir con el desarrollo de los demás.

Nada de eso es posible si ese líder no trabaja sobre sí mismo para obtener flexibilidad, capacidad de adaptación y autoconocimiento. Todos lideramos en coincidencia con el estado en que estamos. En ese trabajo diario de construcción humana, debe ocupar un espacio importante la comprensión de la relación fecunda que hay entre felicidad, liderazgo y resultados.

Sin embargo, el estrés, la falta de motivación e incluso un cierto grado de angustia existencial por no encontrar el sentido del esfuerzo cotidiano están presentes en la sociedad, afectando en gran medida a los que ocupan responsabilidades mayores.

¿Qué podemos hacer? Para comenzar, es bueno entender que somos seres multidimensionales, que estamos encapsulados en tres dimensiones y vemos el mundo y sus fenómenos desde las limitadas dos dimensiones. Cuando vamos a ver una película proyectada en tres dimensiones, debemos recurrir a anteojos especiales que nos permiten ingresar visualmente a los fenómenos producidos por la proyección del film.

Existimos y nos proyectamos en este mundo tridimensional, sin ser conscientes de ello. Saber esto implica empezar a reconocer nuestras habilidades y sorprendernos ante el descubrimiento de que tenemos talentos y capacidades que no desarrollamos y, como consecuencia, no utilizamos en nuestro favor.

Esto nos lleva a entender que el primer cuidado para lograr nuestros objetivos es trabajar sobre nosotros mismos. Esta responsabilidad es el primer paso para hacer un mundo mejor. Sugiero empezar por conocernos más, saber el momento en que estamos y los recursos que estamos usando. No aprovechamos todos nuestros poderes, ya sea por falta de entrenamiento o porque simplemente la realidad es que se vive viviendo. No paramos un instante para ubicarnos en la cabina de mando, autoestudiarnos y, así, fortalecer la toma de decisiones estratégicas.

Si queremos buenos resultados debemos entrenar nuestro cuerpo físico, desarrollar más energía, reeducarnos para administrar nuestras emociones y generar buenas relaciones humanas evitando conflictos, fortalecer el buen funcionamiento de nuestra mente y, de esta forma, concentrarnos más y conquistar el estado de meditación o intuición lineal. Una de las herramientas más antiguas y útiles para favorecer la evolución humana.

Insisto en que nuestra condición de seres multidimensionales requiere entrenamientos integrales y no unilaterales. Somos un conjunto de elementos que, como una orquesta sinfónica, requieren trabajar en sintonía. Y todos son igualmente valiosos.

Esta es una recomendación para todas las personas, pero en el caso específico de los que tienen la responsabilidad de liderar grupos, es imprescindible. El Autoconocimiento es una necesidad que ya llegó.

Hasta la próxima semana

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