Autor: edgardo (página 1 de 19)

Aprender a aprender

Foto por: Taylor Ann Wright

Vivimos en un mundo acelerado, cambiante, que prácticamente a diario nos ofrece situaciones no previstas. Desde pequeñas cosas que afectan la vida cotidiana, como cortes de energía, demora o interrupción sorpresiva de servicios públicos, tormentas, hasta hechos mayores como sucesos políticos y económicos que producen grandes consecuencias sociales.

Lo más sorprendente no es la magnitud de nuestros errores de predicción, sino la total falta de conciencia que tenemos de ellos.

A pesar de gran cantidad de situaciones imprevistas que ya son parte de la historia, se siguen haciendo planes con proyección a treinta años o más. Una ilusión que genera horas de trabajo para leer un futuro que ni imaginamos cómo será.

En general, esas proyecciones están basadas en hechos ocurridos, hechos que son parte del pasado y que analizamos pensando que de esa manera tendremos capacidad de ordenar el porvenir. Nos movemos profetizando situaciones que interpretamos desde paradigmas y condicionamientos limitantes.

En 1962, Thomas Kuhn publicó The Structure of Scientific Revolutions (La estructura de las revoluciones científicas), obra en la que expuso la evolución de las ciencias básicas de un modo que se diferenciaba en forma sustancial de la visión más generalizada. Según Kuhn, las ciencias no progresan siguiendo un proceso uniforme por la aplicación de un hipotético método científico. En general, los grandes descubrimientos han sido aportes u observaciones de personas que veían la realidad desde otra perspectiva.

Los paradigmas son, por lo tanto, algo más que un conjunto de axiomas: constituyen marcos, límites o condicionamientos que pueden conducir a una parálisis paradigmática. Todos nos movemos dentro de esos límites. Si nos observamos, seguramente vamos a encontrar una gran cantidad de actitudes o formas de proceder que no obedecen a elecciones conscientes sino que, por el contrario, son automatismos que nos llevan a repetir de manera constante modelos que se fortalecen con la actualización o uso. Y así vamos quedando presos de ellos.

La estrategia de los emprendedores y descubridores es salirse de los modelos predeterminados, planificar menos y estar alertas para desarrollar la capacidad de reconocer las oportunidades y moverse dentro de ellas, en función de la intuición y no de estructuras basadas en situaciones pasadas.

Tenemos que aprender a aprender. Recordemos que no aprendemos aplicando reglas, sino enfrentando situaciones. Y para ello debemos acceder a una flexibilidad integral. Vemos el mundo como somos, pero el mundo cambia y se ajusta todo el tiempo. Si somos flexibles, lograremos ver y entender esa realidad en constante transformación.

Por el contrario, si seguimos actuando de la misma forma, obtendremos los mismos resultados por un corto tiempo pero, en breve, los cambios y las situaciones no previstas reducirán rápidamente esos resultados habituales.

Abramos todas las vías de comunicación al mundo que nos rodea y con el cual interactuamos. Además, busquemos en nuestro interior para entender ese mundo desde la profundidad de nuestra esencia.

El mejor consejo es invertir en uno. Entrene, aprenda cosas nuevas, desarrolle sus talentos, practique técnicas que favorezcan el autoconocimiento y, principalmente, sea inclusivo y feliz.

Problemas y soluciones

Foto por: Doran Erickson

Es habitual caer en la afirmación errónea de que una vida sin problemas es seguramente una vida feliz.

Sin embargo, estoy convencido de que lo que nos produce felicidad no es la ausencia de inconvenientes, sino lograr superarlos. Luchar contra las dificultades y resolverlas genera, además del aprendizaje por la propia experiencia, un gran aumento de la autoestima. Ponernos bajo la presión que conlleva la situación que enfrentamos y conseguir vencer el desafío, se siente como una oleada de aire fresco y proporciona una fuerza interior que será muy útil para actuar, la próxima vez, con mayor seguridad y autoconfianza.

Estos logros van dándonos una creciente sensación de poder, cambiando la relación entre nuestro potencial y lo que debemos realizar. A mayor seguridad, percibimos que el desafío deja de tener una dimensión que intimida y paraliza, y se transforma en algo posible y que vale la pena intentar.

En ese momento, es bueno tener presentes las realizaciones positivas y, al recordarlas, generar un círculo virtuoso de estimulación que se potenciará y nos dará el optimismo y la voluntad imprescindibles para avanzar hacia la conquista de la meta o la resolución del inconveniente.

Nos ayudará mucho utilizar técnicas de visualización, observando detalladamente cada movimiento y acción que llevará al resultado previamente definido. Las imágenes mentales serán precursoras en el proceso de generación y crearán un condicionamiento que favorecerá su realización con menos errores y producirá un incremento de las capacidades físicas y mentales, como también una mejor administración de las emociones.

Recuerde que la visualización debe contener imágenes claras y precisas de lo que se desea obtener. Una vez definida la imagen, nos concentraremos en ella varias veces al día hasta conquistar el resultado que deseamos. Si realmente quiere lograrlo, insista con fervor.

Otro consejo: dividir el objetivo mayor en pequeñas acciones que sean factibles de realizar. De esta forma, será como subir una escalera, y con cada escalón conquistado sentiremos más entusiasmo para llegar al siguiente. La autovaloración será una energía fundamental para obtener resultados.

Empiece ya, y libere ese potencial que, en la mayoría de los casos, es mucho mayor que el que se cree poseer. Ante cada meta alcanzada o inconveniente superado, estará avanzando hacia el autoconocimiento, la realización personal y, en consecuencia, la obtención de mayor felicidad.

Hasta la semana próxima.

El valor de la intuición, en formidables tiempos líquidos

Foto por: Markus Spiske

Estamos atravesando una época compleja y formidable a la vez. La velocidad de las modificaciones aumenta. Va tan rápido que este siglo ya es muy diferente del siglo XX.

En un corto tiempo el mundo ha cambiado de manera sustancial y se hace difícil la tarea de interpretarlo, porque no se detiene y sigue modificándose en un proceso que causa confusión.

Tal vez Sigmunt Bauman sea uno de los sociólogos que mejor interpreta esta situación, al definir el momento actual como un mundo que ha ingresado en un estado de interregno, una etapa social en que no sabemos cómo actuar y en cuál posición ubicarnos.

La manera en que aprendimos a lidiar con los desafíos de la realidad ya no funciona más. Casi todas las formas de proceder han perdido vigencia. La mayoría de las conductas y formas de sobrevivencia que nos enseñaron están modificadas, en proceso de adaptación, o dejaron de existir. Además, si tratamos de rescatar algún formato anterior, corremos el riesgo de no encajar en las necesidades actuales y ser señalados como pasados de moda, anticuados o cierta especie de mamut renacido.

Esto nos conduce a tener una visión de corto plazo ante las crisis o situaciones difíciles, aprendiendo y adaptándonos a ellas en forma simultánea.

Los jóvenes, ya nacidos en esta etapa líquida que comenzó a manifestarse más fuertemente desde los noventa, ya no necesitan comparar con etapas más sólidas y estructuradas. Sus deseos y metas son otros y consiguen surfear las olas con más entusiasmo.

Los que venimos de la solidez, percibimos que la incertidumbre se amplía porque las crisis también cambian y son sustituidas por otras, lo que genera una sensación de ansiedad para definir el rumbo. Es muy importante que los grupos de trabajo integren equipos diversos que aporten distintas experiencias y visiones, todas útiles al momento de enfrentar situaciones de adaptación y cambio.

En todos los casos, este proceso se intensifica por la enorme cantidad de información que circula. El biólogo Edward O. Wilson afirma que el mundo se ahoga en información y a la vez se encuentra hambriento de sabiduría. No tenemos tiempo de transformar toda esa cantidad de datos en una visión clara que nos permita elegir hacia dónde avanzar.

Por ello, esta situación líquida de valores, creencias, formas y relaciones nos obliga a desarrollar otras capacidades propias del ser humano, que están olvidadas y no cuentan con la valoración necesaria para estimular el desarrollo. La meditación es una de ellas, una valiosa herramienta que permite alcanzar un estado de conciencia expandida o intuición lineal. Una forma de entender la realidad con menos intelecto y mayor pragmatismo.

Una aptitud que nos dará mayor seguridad en la toma de decisiones en este mundo dinámico que, según mi opinión, nos brinda una oportunidad extraordinaria para realizar transformaciones que ya no pueden esperar.

Considerando que aproximadamente los humanos poseemos un 60 por ciento de agua y el planeta que habitamos un 70 por ciento, tal vez sea el momento de modificar paradigmas y dejarnos llevar por estas corrientes, utilizando lo líquido para dar un verdadero salto hacia una humanidad mas libre y feliz.

Hasta la semana próxima.

Edgardo Caramella

Pequeños desacuerdos, grandes conflictos

Foto por: Thomas Drouaul

Existe una frase que dice: dejemos todo por escrito como si fuéramos enemigos, para poder seguir siendo amigos. La vida me fue enseñando que este cuidado nos libra de problemas futuros e incluso nos ayuda de manera efectiva a mantener buenas relaciones humanas.

En algunas oportunidades los incumplimientos o discusiones pueden producirse por sinceros olvidos de lo acordado, en otros casos por cambios generados en el contexto, que impiden cumplir con las condiciones acordadas, y otras veces se deben a la mala voluntad o deshonestidad de quien integra la parte incumplidora.

Es habitual que esas diferencias ocurran en acuerdos menores, de los cuales, justamente por haberlos considerado menos importantes, no habíamos dejado registro. En consecuencia, al transcurrir el tiempo nos encontramos en medio de disputas sobre bases poco claras.

Lo problemático es que, en esos pequeños desacuerdos, frecuentemente se generan desavenencias que pueden llegar a destruir vínculos o perjudicar amistades, sociedades y hasta relaciones afectivas.

Para evitarlo, tengo la costumbre de llevar un anotador a cada reunión ⎼sin importar su grado de relevancia⎼, hacer una síntesis de lo que se conversa, asentar lo resuelto o lo acordado, y pedir a la otra parte que ambos firmemos al pie. Si nos resulta incómodo colocar la firma, basta enviar la síntesis por email como notificación, de manera que luego tengamos presente lo que hemos decidido.

Este cuidado no reviste el grado de formalidad de un acta o contrato, pero brinda un marco al compromiso entre las partes y evita que, incluso sin mala intención, se puedan confundir u olvidar aspectos de lo que se acordó. El tiempo y algunas experiencias poco felices me han enseñado que es imprescindible tener esta precaución para superar obstáculos futuros.

En casos en que surjan estos conflictos, conviene no entrar en cólera y salir de la irritación que suele producir el incumplimiento de lo que hemos acordado bajo palabra. Es una ofensa a la confianza que suele herir en profundidad. Lo más conveniente es esperar hasta que la emocionalidad se reduzca, y a posteriori sentarse a conversar con la persona o el grupo que ha incumplido el pacto.

Lo mejor es no alterarse. Generalmente, el que lo hace, pierde. Averigüemos los motivos, tratemos de hablar y entendernos; para eso, lo más importante es escuchar y, de ser posible, no personalizar.

Es el momento de demostrar que somos sensibles y comprensivos, que pueden confiar en nosotros, especialmente nuestros liderados, y de esta forma transformar una posible catástrofe en una situación positiva y verdadero ejemplo de conducta.

Puede ocurrir también que la parte incumplidora nos proporcione argumentos lo suficientemente válidos para generar alguna duda razonable sobre lo acordado. En ese caso, lo mejor será no tomar ninguna decisión en el momento, y convocar a otra reunión donde se expondrá la decisión final.

Es recomendable tomar una decisión clara, justa y que considere la buena o mala fe de los participantes, ya que estas situaciones ponen en juego un prestigio moral y ético que, a mi juicio, debe ser serenamente evaluado.

Inmanuel Kant nos decía que las acciones moralmente buenas lo son independientemente de su resultado.

Hasta la próxima semana.

Sísifo, la actualidad de un mito

Sísifo

La vasta mitología griega nos ofrece historias y mitos que muestran conductas exacerbadas muy interesantes para conocer y establecer paralelos con las conductas humanas actuales.

Una de estas historias es la de Sísifo, Rey de Corinto, quien, conforme los relatos, era muy astuto y hábil para el engaño. Entre sus varios logros, tuvo la habilidad de engañar a la muerte en dos oportunidades en que venía a llevárselo.

La primera vez fue debido a que Sísifo, para conseguir agua para su reino, le cuenta a Asopo, uno de los reyes fluviales, que su bella hija ha sido llevada por Zeus, quien para ello adoptó la forma de un águila.

Furioso, Zeus ordena a Tánatos que vaya en busca del delator y lo lleve al Tartaro, con los muertos. Pero Sísifo seduce a la muerte y le regala joyas, entre ellas dos pulseras que en realidad son grilletes, con las cuales la hace prisionera y escapa.

El tiempo pasa y nadie más muere, ni en la paz ni en las guerras. Entonces, Ares, hijo de Zeus y dios olímpico de la guerra, es enviado a rescatar a Tánatos. Una vez que ha hallado a la muerte, la libera de su cautiverio para que todo vuelva a la normalidad.

Al enterarse de esto y previendo que algo ocurrirá, Sísifo le pide a su esposa que, si él llega a morir de muerte prematura, no permita que se le realicen los ritos funerarios propios de un rey.

Llevado frente a Hades, dios del inframundo, recibe un furioso reproche. Pero apelando a su habilidad para engañar, Sísifo se disculpa y le solicita que le permita ir hasta su reino y proceder a los ritos funerarios, dignos de su condición de rey, dado que su perversa mujer no ha permitido realizarlos. De esa forma, podrá descansar en paz.

Una vez más Sísifo ha logrado engañar a la muerte y tiene permiso para retornar al mundo de los vivos por un día, debiendo regresar antes de finalizar el plazo.

Pero el engañador Sísifo va a Corinto en busca de su esposa y huye, permaneciendo escondido el resto de su vida. Ya muy anciano, cuando llega el momento de pasar naturalmente al mundo de los muertos, es llevado por Hades y arrojado al inframundo.

Como consecuencia de sus actos es condenado a tener que llevar una pesada piedra desde la base hasta la punta de una montaña. El castigo consiste en que, a medida que sube, la piedra se torna más pesada, hasta que, al llegar a la cima, rueda otra vez cuesta abajo y Sísifo debe empezar a empujarla hacia arriba nuevamente, nuevamente, nuevamente, y así por toda la eternidad.

La mayoría de las personas asciende la montaña de lunes a viernes para descender el fin de semana. Subimos la montaña durante toda la vida para que finalmente la vida acabe en un proceso absurdo, como lo señala Albert Camus. El gran cambio, es comprender que todos tenemos piedras que empujar, sin embargo, tenemos la posibilidad de decidir cuáles serán esas piedras y para que las empujamos. Si cada acción, independiente de lo que hagamos, tiene un propósito mayor, nos traerá una consecuencia inevitable: ser más libres y felices.

¡Hasta la próxima semana!

La enseñanza de la lechuza

Escuchá mi último artículo

La enseñanza de la lechuza

Foto por: Magali St Hialire Poulin

En la actualidad las personas están en un franco proceso de expresividad y deseos de liberación. Se trata de una búsqueda individual de autoconocimiento y desde allí el intento de poder ser, de acuerdo con su manera de entender la vida.

Desde este despliegue de libertades individuales la sociedad se va desenvolviendo. Avanza en ondas tratando de liberarse de ataduras que condicionaron su comportamiento durante milenios. Siglos de sufrimiento y represión que, entre otras consecuencias, dificultaron el desarrollo de talentos, capacidades y expresiones creativas.

A pesar de las fricciones que estos procesos generan, siempre serán positivos, dado que mueven estructuras pesadas y condicionamientos que llevan a interpretar, juzgar y actuar mediante automatismos. Sobran ejemplos de injusticias en la historia de la humanidad.

Esta actitud de revisión y cambios de paradigmas individuales, se extiende a todos los ámbitos sociales, generando ajustes y revisiones de actitudes en asociaciones, corporaciones e incluso familias.

El ser humano es un ser libre por naturaleza, que necesita sentir que lo está, y a pesar de esa necesidad se encarcela a sí mismo, aceptando convenciones que lo conducen a vivir una vida que no es exactamente elegida y si aceptada. Tengo el optimismo de ver como grupos de jóvenes no están en un proceso de rebeldía sin objetivo. Es algo más auténtico y profundo, un ser y estar en armonía con la sociedad, con civilidad y buenas relaciones humanas, eligiendo la libertad de manifestarse conforme a sus sensibilidad y elección. Un verdadero cambio.

Simone de Beauvoir decía que: desearía que cada vida humana fuese una pura libertad transparente. Una inteligente expresión que nos hace reflexionar sobre elegir la vida que deseamos, construirla y ser coherentes con nuestras elecciones.

Cuando era niño, en un paseo por el campo encontré una pequeña lechuza herida. La llevé a casa, desinfecté su herida y con el deseo de protegerla la coloqué en una jaula. A pesar de alimentarla y ver que su herida mejoraba, se percibía que estaba muy desanimada.

Con mi padre, consultamos a un conocido veterinario de la zona. Después de contarle lo que ocurría, con ese estilo típico de la gente de campo, sonrió y me dijo con aire de seguridad y parsimonia en sus palabras: el problema no es la herida, es la jaula. Las lechuzas mueren de tristeza en cautiverio.

Regresé, la liberé en el jardín y me despedí de mi amiguita emplumada sabiendo que ya no la vería más. En un par de días había partido. A pesar de la tristeza me sentí feliz. Desde entonces incorporé el deseo de encontrar en el autoconocimiento la libertad necesaria para ser feliz y contribuir en la de los que me rodean.

Hasta la próxima semana.

Voluntad, una fuerza que nos mueve al futuro

Foto por: Nicolas Hoizey

Constantemente nos llegan propuestas u opciones para alcanzar un mayor rendimiento en nuestras vidas. Posiblemente todas puedan tener buenas intenciones y aporten formas de obtener resultados. Sin embargo, me atrevo a decir que hay dos componentes fundamentales para que esos planes de superación personal funcionen: que posean técnicas que puedan  ejercitarse al punto de crear condicionamientos positivos que permitan reaccionar en forma rápida y segura, y el desarrollo de un combustible esencial que es la voluntad.

El primer paso para lograr un mayor rendimiento empieza cuando percibimos que debemos salir del automatismo que nos mantiene en la conocida zona de confort, e incorporamos el deseo de entrenar técnicas para desarrollar conscientemente la fuerza de voluntad. Una fuerza que se manifiesta como un deseo de éxito que abarca todos los campos, o con el deseo sentido y profundo de quiero hacerlo y lo haré.

Esta motivación no se corresponde con un fenómeno casual o accidental, es un compromiso para moverse hacia algo que importa y por lo cual trabajaremos hasta alcanzarlo. Habrá avances y retrocesos, pero el propio compromiso de intentarlo ya generará un movimiento interno superador.

La voluntad en sí misma es como la energía eléctrica, que únicamente nos ofrece un potencial hasta que es utilizada y mediante un procedimiento técnico se logra un fin determinado.

El entrenamiento y la obtención de resultados comenzará a fortalecer otro componente esencial para la conquista de nuevas metas, que es la confianza. Una mayor confianza nos permitirá superar el recuerdo de posibles fracasos anteriores y sentir que tenemos la posibilidad y la libertad de proyectarnos hacia el futuro elegido, conquistando nuevos logros y venciendo los condicionamientos negativos.

Cuando hablamos de alto rendimiento es habitual conectar con las prácticas deportivas y atléticas, tal vez por la competencia implícita que hay en estas actividades. Sin embargo, superarnos es un elemento que debe estar presente en relación con nuestras propias capacidades y no en forma comparativa. Un concepto aplicable en todas las etapas de la vida y actividades que realicemos. Esto es esencial en el proceso evolutivo de cada persona.

Demasiado a menudo, consciente o inconscientemente no percibimos la relación que existe entre la voluntad y el desarrollo personal. En otras oportunidades nos negamos a ver que tenemos la libertad de llegar al éxito y sólo nos falta ejercitar esa capacidad.

Para comenzar recomiendo que se planifique un número de pasos pequeños, empezando por la posición actual hasta el objetivo que se desea alcanzar. Cada paso debe tener una elevada probabilidad de éxito que entusiasme a dar el siguiente. La meta es desarrollar todo el  potencial y no únicamente comprobar cuanto podemos aguantar.

¡Hasta la semana próxima!

Descubrir el sentido de misión

Me gusta decir que para lograr despertarse cada mañana y sentir felicidad de empezar el nuevo día, es necesario enamorarse de un propósito que constituya algo más grande que uno. Sentir que lo que hacemos nos trasciende. En otras palabras, lo podríamos definir como sentido de misión.

Una especie de fe apasionada en una filosofía personal que establezca las bases para fijar objetivos, administrar nuestras propias energías, enfocarnos y generar ese impulso esencial para superarnos y alcanzar el propósito deseado.

Los japoneses utilizan el término ikigai. Una palabra compuesta por iki, vida en japonés y gai, que podría definirse como la realización de lo que uno espera. Un claro despertarse con ganas de vivir y hacer cosas en la dirección del propósito que da sentido a cada día, valorando cada momento, cada detalle y aplicando un sentido de gratitud práctico y no místico.

Cada mañana es una nueva oportunidad para aprovechar en nuestro crecimiento y construcción como individuos. Abraham Maslow nos dejó una frase que en cierta forma sintetiza ese deseo y oportunidad de alcanzar objetivos que nos brinden el estímulo para la superación personal: el hombre tiene su futuro en su interior, dinámicamente vivo en este momento.

Este concepto nos enfrenta a la responsabilidad que tenemos de hacernos cargo de nuestra propia vida y establecer un propósito que nos inspire a aprender y tratar de ser la mejor versión de nosotros mismos, cada día. Una construcción en proceso constante, que alcanza todos los niveles de nuestra existencia y debería constituir nuestra ética personal, proporcionándonos una satisfacción que nos aleja del dolor y nos aproxima a la felicidad.

Es un importante cambio de paradigma salir del clásico y angustiante vivir, viviendo, descubriendo el sentido de nuestra existencia. Para comenzar, debemos definir los objetivos, identificarlos y enfocar nuestras energías en uno por vez. Visualizaremos acciones voluntarias para ir construyendo imágenes claras y precisas. A partir de allí esa realidad ya existe, en el plano mental. No basta únicamente visualizar, también es necesario trabajar para concretarlo en el plano material.

Tener siempre presente que las realizaciones proyectadas sean positivas, generando de esta forma un círculo virtuoso que se retroalimenta.

Darle valor a nuestra intuición, evitando que las opiniones de los demás nos impidan llevar adelante el propósito o proyecto que deseamos realizar. Es bueno escuchar opiniones, pero nunca debemos perder la confianza en lo que nos dicen el corazón y la intuición.

Si pretendemos ser mejores personas cada día y construir un mundo mejor, es imprescindible cuidar el proceso y estar atentos a no salirnos de la coherencia entre la ética personal y la obtención del resultado.

Incorporar este sentido de misión a nuestra vida nos lleva a descubrir un potencial que generalmente ignoramos poseer. Esa liberación de vitalidad nos permitirá alcanzar el futuro en lugar de repetir el pasado.

Hasta la próxima semana.

Antiguas entradas