Autor: edgardo (página 1 de 18)

Transformación y crecimiento

Foto por: baiq-bilqis

Si nuestra vida se construye sobre el eje de la transformación y el crecimiento, seguramente es válido preguntarse hasta dónde ese crecimiento constante es posible.

Podemos dirigir este interrogante en distintas direcciones, pero creo que las dos principales son: hacia el mundo que nos rodea y hacia nosotros mismos. Es esta segunda dirección la que más debería interesarnos, dado que si generamos un mayor autoconocimiento podremos entender y percibir de manera más clara y objetiva todo lo que existe.

En general vemos el mundo como somos, desde nuestra comprensión. Si crecemos en autoconocimiento, tendremos una comprensión ampliada de lo que nos rodea. Esta concepción del conocimiento está presente en escuelas filosóficas muy antiguas, que entendían al hombre como un ser complejo e integrado por diferentes cuerpos, en diferentes dimensiones que actúan en distintos planos de existencia universal. Un microcosmos que interactúa con un macrocosmos.

Por ejemplo, tenemos un cuerpo físico tridimensional, que existe y se manifiesta en tres dimensiones por medio de acciones físicas. Lo mismo ocurre con el emocional, el mental, el intuicional y otros cuerpos que nos componen y completan esta estructura compleja.

En general, parece extraño estar hablando de cuerpos del hombre, porque solemos simplificar lo que somos, pensando sólo en un cuerpo, el más denso, el que vemos, tocamos y reconocemos por medio de nuestros sentidos. Al comenzar a comprender esta estructura compleja -utilizando el más eficiente de los sistemas, que es empírico-, mediante técnicas eficientes favorecemos el proceso de conocernos y, en consecuencia, la aplicación de nuevos recursos en nuestra vida.

Por ejemplo, de la misma forma que entrenamos el cuerpo físico usando técnicas corporales, podemos lograr mayor administración de las emociones e incluso fortalecer la intuición, por medio de técnicas específicas.

Estamos hablando de capacidades humanas que están dormidas, o que simplemente no utilizamos porque no confiamos en ellas. La intuición es una de estas capacidades. Por estar culturalmente más ligados a lo que podemos denominar la caja de la lógica, si una situación no se ajusta a lo considerado lógico, la descartamos. Así vamos perdiendo la conexión con la intuición, que constituye una de las más útiles fuentes de creatividad y sabiduría.

Para este desarrollo de capacidades, el entrenamiento unilateral no es beneficioso. Si deseamos un estado de pleno desarrollo tendremos que entrenar no de manera fragmentada, sino en forma multi-integral y completa: todo lo que somos.

Hoy, los líderes y creativos más destacados ya han comprendido la importancia de desarrollar capacidades que, como la administración de las emociones, la concentración y la intuición, serán las principales herramientas de esta era de veloces adaptaciones.

Estar alerta a los procesos de cambio

Foto por: Filip Mroz

En la actualidad, la palabra cambio ocupa un lugar de protagonismo en nuestras vidas. Ya sea en lo personal o dentro de las organizaciones, en forma constante tenemos que modificar formas o procedimientos e incluso interpretaciones de los hechos y sus consecuencias. Podríamos decir que estamos en una etapa en la cual predomina el concepto de lo líquido.

Esto nos obliga a estar flexibles y muy intuitivos en la toma de decisiones. Tampoco podemos ignorar que todo cambio requiere una transición. El tiempo adaptativo que permita su incorporación debe ser progresivo y encontrarnos alertas para saber administrar y reducir el estrés que pueda producir.

En estos procesos se observan algunas fases. Una primera etapa suele ser la de negar la situación que obliga a generar el cambio. Este momento es muy importante percibirlo y sortearlo con velocidad. La frecuente negación de la necesidad de cambiar es generalmente un mecanismo de autodefensa basado en la ilusión de que, si ignoramos lo que está ocurriendo, pasará y se evitará el esfuerzo de producir el cambio. En la mayoría de los casos esta actitud agrava la situación y genera pérdida de oportunidades.

Otro momento es el de la resistencia. Cuando la etapa anterior de negación ya es insostenible, se elevan los niveles de estrés y se empieza a vivir el cambio como una amenaza y la consecuente inseguridad sobre lo que vendrá.

A partir que el cambio es aceptado, llega el alivio. Se perciben nuevas oportunidades, comienzan a soplar vientos de entusiasmo progresivo y se fortalecen la cooperación y la creatividad, dando inicio a una etapa de exploración.

En ese momento es recomendable fortalecer el compromiso entre los integrantes del grupo, adoptando una sólida actitud de colaboración, proyección y aprendizaje.

Estas fases del proceso de cambio no son exactas o lineales, incluso el orden puede alterarse. Pero es bueno conocerlas y tenerlas en cuenta a fin de favorecer el proceso y prepararnos de antemano para la toma de decisiones rápidas.

¡Hasta la próxima semana!

Feedback: solución o desastre

Foto por: Nik Macmillan

En la actualidad la utilización de feedback se ha ido instalando como tendencia necesaria, principalmente en los ámbitos laborales. Sin embargo, si no es bien utilizado puede llevar a un verdadero desastre.

¿Qué es lo que debemos tener en cuenta para que este sistema sirva en la construcción de mejores equipos de trabajo, potencie buenos vínculos entre sus integrantes y no genere exactamente lo opuesto?

En primer lugar, tiene que estar ligado al sincero deseo de ayudar. El feedback debe ser información que alguien brinda a otro sobre su desempeño o la forma en que realiza sus tareas, en la sincera intención de colaborar para que mejore.

El feedback no necesariamente debe ser crítico; por el contrario, puede ser un comentario valorativo que estimule y produzca un refuerzo positivo sobre formas, procedimientos o actitudes que vale la pena destacar.

Es importante que la información dada no sea consecuencia del enojo que se genera por fallas o mal desempeño. Si está impregnado de emotividad, no será un feedback constructivo: se transformará en una descarga, muchas veces personalizada, y producirá un aciago resultado. Siempre deben hacerse observaciones objetivas, sin carga emotiva y con el deseo de contribuir.

Para esto es imprescindible que la información proporcionada sea clara, a fin de que quien la recibe pueda aceptarla, incorporarla y hacer algo positivo con ella.

Es un mecanismo que debe establecerse en forma previa, mediante un común acuerdo entre todos los integrantes del grupo. Tiene que ser conversado y delimitarse los alcances y las formas puntuales en que se utilizará. Siempre podrá funcionar si existe confianza y respeto mutuo. Los que ocupen cargos superiores deben estar de acuerdo en implementar un sistema jerárquico que no oprima, que acepte el diálogo sincero con cordialidad, transparencia e información que circule en ambos sentidos: ascendente y descendente.

Por mi experiencia, recomiendo no demorar en decir lo que se estime necesario, ya que el hacerlo contribuye a la disminución de los conflictos, que tienden a agravarse al ser reprimidos.

Otro elemento sustancial es que el grupo incorpore el intercambio docente. Esto permite tanto que el líder enseñe a sus liderados como también que la flexibilidad imperante reconozca al más capacitado, sin importar su jerarquía o antigüedad, su autoridad para enseñar a todo el grupo una tarea específica, ubicándose el propio líder entre los receptores de la información.

Así se refuerzan los vínculos y la confianza, y el conocimiento fluye y crece en forma exponencial.

Cabe destacar que de la misma forma en que el emisor tiene que ser cuidadoso al proporcionar el feedback, el receptor debe evitar actitudes defensivas que compliquen el intercambio de la información, y solicitar todas las aclaraciones necesarias en el caso de no haber comprendido.

La implementación de feedback es un mecanismo que surge como consecuencia de nuevas necesidades y libertades que deben ser aceptadas. Es simple, delicado y productivo.

Es subir un escalón más en la imprescindible tarea de mejorar las relaciones humanas, en la búsqueda de resultados cooperativos y la consecuente reducción de conflictos.

¡Hasta la próxima semana!

En la búsqueda del placer, se olvida la felicidad

Foto por: Nghia Le

En la actualidad veo una tendencia a buscar defectos en todo, y una excesiva emocionalidad en el reclamo. Creo que estas actitudes están conectadas con un estado de insatisfacción y la premura en la búsqueda de lo que está catalogado como placer.

En las entrevistas que realizo como consultor, es habitual que surja una apasionada preocupación por lo que falta y muy poco tiempo dedicado a reflexionar sobre lo logrado y disfrutarlo.

La búsqueda de la superación también requiere que vayamos reforzando el sentimiento de orgullo y la consecuente felicidad positiva sobre las metas obtenidas. Esta actitud, que fortalece la autoestima, debería estar más presente en el ámbito individual, grupal y en las instituciones.

En lo personal adhiero con entusiasmo al deseo de la superación constante y brego por ello, con el cuidado de no dejar de lado la apreciación y las emociones positivas que, como la alegría, surgen del disfrute de cada conquista.

Me gustan las palabras de Bertrand Russel al calificar las emociones: saber diferenciar las emociones restrictivas de las expansivas, porque son exactamente las expansivas las que generan amplitud, crecimiento y expansión del Ser en todos los planos. Sin lugar a dudas, son las que nos humanizan.

En el primer grupo podemos ubicar, entre otras, el miedo, la crueldad y los celos. En el segundo grupo encontramos la esperanza, el amor, el impulso constructivo, el cariño, la curiosidad intelectual y la bondad. Además, destaco el deseo de autoconocimiento y el ejercicio de las buenas relaciones humanas, actitudes que sin ser calificadas como virtudes son actitudes generadoras de evolución personal.

Lo que tenemos que tener en cuenta es que no basta con reconocerlas desde la teoría, precisamos ponerlas en práctica para incorporarlas y fortalecerlas en el uso. Una de las mejores formas de hacerlo es integrarse a grupos de personas que cultiven esos valores que nos hacen bien.

Existe también una creciente ansiedad por la búsqueda de lo que se concibe como éxito y el placer inmediato que debe generar. Si no se lo consigue o si, por su carácter frívolo, se disipa rápidamente, la sensación es de frustración y angustia.

Hay que revisar lo que se considera tener éxito, para incorporar a ese concepto cosas muy valiosas y generalmente olvidadas -hasta que se pierden- como la salud, el tiempo para cultivar los afectos, las relaciones humanas, el estado físico y tantas otras.

Temo que se esté viviendo en una afanosa búsqueda del placer, con reducida vivencia de la felicidad.

¡Hasta la semana próxima

Un líder sabio utiliza la prudencia

Foto por: Tim Gouw

En la antigüedad, la prudencia era muy valorada como atributo del ser humano. Era una virtud que se exigía de los gobernantes y personas con responsabilidades importantes, dado que formaba parte de la sabiduría. Pero todo cambia y, en los actuales tiempos, signados por la velocidad y el estrés, es tal vez una de las cualidades más olvidadas.

La prudencia es la virtud de saber actuar en el momento justo. Es lo que diferencia la acción meditada de la temeridad, guiada por la pasión y que contiene el riesgo de un resultado azaroso. Es el deseo lúcido y razonado. Es la acción estratégica y el alcance de la visión del líder, que ve el resultado futuro como consecuencia de lo actuado en el presente.

En la velocidad de nuestros tiempos, la prudencia se asoció con la falta de reacción y perdió jerarquía.

Muy diferente era la interpretación que realizaban los filósofos y analistas antiguos, que la calificaban diciendo: la prudencia no prohíbe el riesgo ni evita siempre el peligro; por el contrario, consiste en un desarrollado sentido de realidad que permite a quien la aplica decidir lo mejor en cada circunstancia.

Es un componente de la tan necesaria tolerancia. Casi me atrevo a decir que es la más moderna y necesaria de las virtudes que debemos utilizar. Una especie de luz que disipa las sombras de un mundo ansioso y acelerado, no siempre conducido con las certezas necesarias.

Una sabiduría sin prudencia sería una sabiduría insensata, por lo cual no sería sabiduría, nos recuerda André-Comte Sponville.

Hoy, al conducir personas, debemos ser prudentes para entenderlas y saber tomar decisiones que las incluyan, favoreciendo la construcción de fuerzas grupales entusiasmadas por conquistar buenos resultados y con la capacidad de asimilar como equipo las equivocaciones, cuando se produzcan.

No caigamos en el error de creer que prudencia y velocidad no pueden andar juntas. Por el contrario, se asisten y fortalecen mutuamente.

Hasta la semana próxima.

Se vive viviendo

Una forma de entender el liderazgo

Foto por: Manuel Nageli

Herbert von Karajan, quien dirigió la Orquesta Filarmónica de Berlín durante treinta y cinco años, decía que “el arte de dirigir consiste en saber cuándo hay que dejar la batuta para no molestar a la orquesta”. Esta idea es muy apropiada en el momento actual al liderar equipos de trabajo, dado que implica la necesidad de transferir conocimiento y responsabilidad al grupo y, como consecuencia, que cada integrante libere su potencial y brinde lo mejor de sí.

Otorgar libertad y escuchar las propuestas creativas de los liderados es una tarea fundamental para los que desean empoderar a los integrantes de un equipo. Así se irá generando en ellos la autosuficiencia necesaria para pensar en plural y proyectarse en acciones concretas, alineadas con la estrategia macro de la empresa o institución.

Es fundamental que cada integrante del equipo conozca el valor de sus tareas y en qué contexto se ubican. Debe saber por qué realiza lo que hace y cuáles son los objetivos de toda la institución; de lo contrario, no tendrá la motivación suficiente para despertar cada mañana con ganas de sumar su esfuerzo al proyecto.

De esta forma se podrá salir del paradigma aún existente de funcionar desde la orden, el control y la verificación de los resultados. Es la herencia todavía vigente de la era industrial, tan bien reflejada en la película Tiempos Modernos del genial Charles Chaplin, donde los trabajadores ejecutaban tareas mecánicas y repetitivas sin otra aspiración que obtener el salario que les permitiera subsistir.

Hasta hace poco tiempo se intentaba convencer a las personas de realizar trabajos que no querían realizar. En la actualidad, es necesario que el líder ayude a sus liderados a llevar a cabo tareas de las que no se creían capaces.

La intención debe estar orientada a construir una visión compartida y fortalecer un propósito de conjunto, siendo muy necesarias la transferencia de conocimiento y la integración.

Según mi experiencia, siempre es de gran ayuda construir entre todos un manifiesto que establezca los valores fundamentales del grupo, y colocarlo de manera visible para que sirva de marco comportamental. Esto reduce conflictos, dado que son valores elegidos por el propio grupo y que favorecen las buenas relaciones interpersonales.

En Ciudadela, su obra póstuma, Antoine de Saint-Exupéry nos dice: “Si quieres construir un barco, no empieces por buscar madera, cortar tablas o distribuir el trabajo. Evoca primero en los hombres y mujeres el anhelo del mar libre y ancho”.

¡Hasta la próxima semana!

Tolerancia, una virtud que nos hace mejores

Foto por Alfred Twj

La tolerancia es una actitud no pasiva que se incorpora progresivamente, a partir de la decisión de hacerlo. Requiere un trabajo de atención sobre nuestras formas de actuar y de entender a los demás, ya que existe una gran cantidad de automatismos adquiridos por influencias culturales y sociales que se suelen disparar con la velocidad de un rayo y nos pueden llevar a ser injustos, exagerados o poco inteligentes.

De todas maneras, incorporar la tolerancia no significa tolerarlo todo; es una actitud que debe estar relacionada con la ética y los valores. Una tolerancia infinita sería una de las formas de acabar con la tolerancia. Muchos son tan tolerantes con los demás, que se acercan a una frontera peligrosa, más próxima a la indiferencia o la complicidad que al justo criterio.

La tolerancia es una virtud necesaria, un tipo de sabiduría que combate la estupidez y el fanatismo, ampliando la capacidad de comunicarse, integrarse y aprender a través del otro. Si todos respetamos a los demás y somos conscientes de su derecho a expresarse libremente, aplicaremos esta convención de civilidad que garantiza y protege la necesaria tolerancia.

Sin embargo, es posible que se trate de una solución transitoria hacia el respeto y la comprensión, como indica el filósofo André Comte-Sponville. Si lo vemos de esta forma, empezaremos a reconocer que en muchas situaciones debemos simplemente aplicar el respeto al otro. Y así no será necesario recurrir a la tolerancia.

Soy optimista: pienso que la propia evolución traerá progresos importantes en la capacidad de comunicarse y respetarse. Como consecuencia, la tolerancia saldrá fortalecida entre las valiosas virtudes que facilitarán la convivencia.

Cuenta una historia que hace cientos de años vivía en una aldea un anciano que era conocido por su sabiduría y, principalmente, por ser considerado un Maestro de la tolerancia. Un día, un famoso y aguerrido samurái fue a visitarlo, con el deseo de mostrar a todos que, así como era el mejor en las artes marciales, también tenía la capacidad de desestabilizar al anciano.

Una vez en la aldea, comenzó a molestar, ofender e incluso insultar al Maestro durante varios días, sin que este reaccionara. Vencido, el samurái se arrodilló frente a él, le pidió perdón y se retiró reconociendo su superioridad.

Los alumnos del viejo Maestro se aproximaron a él para saber cómo había logrado permanecer sereno ante tantas agresiones. El Maestro sonrió y dijo a uno de sus ansiosos discípulos: Querido amigo, si alguien llegara y te trajera un regalo, al dártelo y vos aceptarlo, ¿quién se quedaría con el presente? Lo mismo ocurrió en este caso. Si yo hubiera aceptado su violencia, estaría conmigo. Al mantenerme tolerante, su violencia se fue con él.

Considero que los mejores fertilizantes para el desarrollo de la tolerancia son el amor humano y el respeto mutuo hacia la esencial diversidad que enriquece a individuos y grupos.

Hasta la próxima semana.

¿Cuánto tiempo podés estar sin respirar?

Un nuevo rol en el liderazgo

Foto por: Markus Spiske

Cuando hablamos de liderazgo, sabemos que estamos entrando en un área que es difícil de definir y que atraviesa un profundo y necesario proceso de adaptación, consecuencia de los cambios sociales que están ocurriendo a gran velocidad.

Esta modificación de valores, tendencias y costumbres es sólo el comienzo de adaptaciones futuras, que no sabemos hasta dónde nos conducirán. Suponer que estos nuevos paradigmas cesarán en su ímpetu de transformar a los individuos y sus grupos sociales es un pensamiento que lleva al fracaso seguro.

Es por ello que todo líder debe desarrollar autoconocimiento, conocer sus capacidades y talentos, como así también ser consciente de los aspectos que actúan en su contra: esos villanos que surgen de improviso en forma de inestabilidad emocional y mental. Todos los tenemos y, al complicarnos en la toma de decisiones, nos restan fuerzas.

La manera en que pensamos tiene mucho que ver en este proceso. Un pensamiento puede generar emociones positivas o negativas, sentimientos que podrán construirnos o destruirnos. En el caso de los líderes, hay que tener en cuenta que todos lideramos según cómo estamos. De acuerdo con nuestra forma de relacionarnos con los demás, serán los resultados que obtendremos.

Vivimos condicionados por paradigmas que nos hacen reaccionar de manera automática, sin pensarlo, actuando de formas que posiblemente ya no sean apropiadas para el momento actual. Son actitudes que pudieron funcionar años atrás pero que ya no nos favorecen en la tarea de construir grupos, sumar voluntades y generar ámbitos de desarrollo individual y grupal.

Hoy, la prioridad para los que tienen la responsabilidad de liderar es tener la sabiduría y la fortaleza de entender que el verdadero núcleo de la energía constructiva se encuentra en el equipo, y ya no en las manos de un conductor distante que no empatiza con sus colaboradores.

El primer ejercicio que recomiendo es detenerse para analizar ⎼como si nos mirásemos desde lo alto⎼ cómo reaccionamos, cómo es nuestra relación con el grupo, cuánto escuchamos y cuánto tiempo dedicamos a las buenas relaciones humanas, esas que aproximan y establecen lazos de sinceridad y confianza. Observar si invertimos tiempo en enseñar a aquellos que no logran obtener buenos resultados, o simplemente les exigimos.

El trabajo de un buen líder es lograr resiliencia, autoconocimiento y autodesarrollo para él y, de manera solidaria, para su equipo. Una forma de ser menos jefe y más Ge-Fe, un nuevo rol: gestor de felicidad.

Hasta la próxima semana.

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