¿Qué relación tenemos hoy con nuestro cuerpo?

Me atrevería a decir que hoy sabemos qué ocurre en cualquier parte del planeta, pero ignoramos qué está ocurriendo dentro de nuestro propio cuerpo.

Nunca antes habíamos recibido tantos estímulos por minuto que nos produce desconexión como protección instintiva. Es la la paradoja de la hiperconectividad.

Las señales provenientes del cuerpo (respiración, tensión muscular, posición, ritmo cardíaco, temperatura, digestión) compiten con miles de estímulos externos, y como el cerebro privilegia la atención externa, el resultado es que terminamos viviendo «desde la cabeza» y no desde el cuerpo.

Hay una pérdida de la capacidad de percibir los estados internos del organismo.(Interocepción).

Muchas personas no advierten que:

  • respiran superficialmente;
  • permanecen horas con hombros elevados;
  • aprietan la mandíbula constantemente;
  • viven con tensión lumbar;
  • llegan al agotamiento sin haber registrado el proceso.

Y atención, no es que el cuerpo deje de enviar información.  Es que dejamos de escucharla.

El sedentarismo tambien es un factor que contribuye a reducir la conexión con el “mapa corporal”. Nuestro cerebro mantiene una representación permanente del cuerpo (el esquema corporal) y ese mapa necesita movimiento para mantenerse preciso.

Cuando pasamos horas sentados, frente a pantallas, conduciendo, usando el celular y dispersos, ese mapa pierde riqueza. Por eso muchas personas sienten rigidez sin haber realizado esfuerzo alguno. «Nuestra cultura nos enseñó más  a pensar que a sentir”

La práctica de ásanas, técnicas corporales de miles de años de antigüedad, nos acerca a un estado de inteligencia corporal que no es fácil describir con palabras.  

Les comparto un texto que hace varios años escribí espontáneamente, al finalizar un entrenamiento corporal de varias horas utilizando estas técnicas. Espero que las palabras usadas puedan expresar adecuadamente lo bello de lo percibido.

“El placer, en esta práctica, no es indulgencia ni búsqueda ansiosa de sensaciones.El placer en esta práctica es el signo silencioso de que la mente ha dejado de violentar al cuerpo y comienza a conocerlo.Es también la huella de una inteligencia más profunda que organiza todo sin tensión y sostiene el ásana, sin forzar.

Allí es donde aparece el placer sereno, la respiración se vuelve amplia, la atención se aquieta y el esfuerzo innecesario se disuelve.El ásana deja de ser una conquista y se transforma en un estado de armonía emergente, de unión plena, de potencia y felicidad”.

Hasta la próxima,

Edgardo.

2 comentarios

  1. Livia

    Hermoso el texto del asana

    • edgardo

      Gracias. Abrazo

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