Valoremos la sonrisa.

La sonrisa se remonta más lejos en la Prehistoria que cualquier antepasado que vagamente se asemeje al homo sapiens.

La sonrisa nerviosa y fugaz del monito retozando, la ancha sonrisa del chimpancé que se dispone a gestar una broma pesada, la primera sonrisa reflexiva del bebé humano a su madre, todos estos gestos son recuerdos de un antiguo linaje.

En las esculturas griegas observamos cómo estos modelos, barbados o lampiños, con peinados o uniformes diferentes poseen algo en común: los labios curvados, formando una sonrisa. Tal vez la denominada “sonrisa arcaica” que intenta simbolizar un destello de divinidad presente en el hombre feliz.

La ciencia nos dice que la tendencia tan humana de mirar hacia el futuro con optimismo descansa en lo profundo del cerebro. Investigadores de la Universidad de Nueva York identificaron una red de circuitos cerebrales que se activa cuando nos imaginamos viviendo una vida larga, sana y plena de logros.

El periodista Andrés Oppenheimer señala en su reciente libro ¡Cómo salir del pozo! que habiendo entrevistado a distintos investigadores de prestigiosas universidades existe un consenso cada vez mayor que el éxito no conduce a la felicidad sino que es la felicidad un factor que conduce al éxito.

“Nuestros resultados sugieren que mientras el pasado está cerrado, el futuro está abierto a interpretación, lo que permite a las personas tomar distancia de posibles eventos negativos y acercarse hacia aquellos que son positivos”, conforme el informe publicado por los científicos del Phelps Lab de la Universidad de Nueva York.

El equipo de científicos sometió a un grupo de voluntarios a estudios de resonancia magnética funcional, para examinar sus cerebros mientras se les pedía que se imaginaran a sí mismos en futuros eventos como “ganar un premio” o “terminar con una relación amorosa”.

En esta complejidad de elementos que se ponen en funcionamiento ante lo positivo, la sonrisa es la llave que da inicio a una secuencia de reacciones en cadena.

La sonrisa aproxima, conecta. Es alivio y genera el bienestar del buen humor. Y el buen humor es lucidez, es una forma de inteligencia que nos hace reír de todo a condición de que en primer lugar logremos reírnos de nosotros mismos. Como la autocrítica del gran Woody Allen, que con sutil ironía nos dice: “de lo único que me quejo es de no ser otro”.

Hasta la próxima.

2 comentarios

  1. Joris@marengo.com.br

    Muito bom. Um belo sorriso para nós, amigo.

    • edgardo

      Gracias queridoo amigo. Gran sonrisa y abrazo para ti. Ed

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