Pausa para observar nuestra mente.

El acceso a este espacio no se logra solamente comprendiendo intelectualmente. También requiere práctica.

Sentate cómodamente ubicado y cerrá los ojos.

Percibí durante unos instantes tu respiración, sin modificarla, reconociéndola.

Después observá qué pensamiento aparece.

No intentes cambiarlo.

Solo reconocé:“Estoy pensando esto.”

Tal vez aparezca una emoción.

Reconocela:

“Estoy sintiendo esto.”

Y después observá algo todavía más sutil:

“Puedo darme cuenta de que estoy pensando y sintiendo.”

No busques una experiencia especial. Ese simple darse cuenta es suficiente.

La práctica no consiste en eliminar pensamientos o emociones.

Consiste en aprender a observarlos sin quedar completamente absorbidos por ellos.

Con el tiempo, esa capacidad puede empezar a trasladarse a situaciones cotidianas.

Y entonces, quizás, aparezca algo nuevo:

un instante antes de reaccionar.

No es mágico ni sobrenatural. Es entrenamiento.

 

2 comentarios

  1. Romina

    Aprender a observar lo que pienso y siento, sin reaccionar inmediatamente, me permite relacionarme de otra manera conmigo mismo y con lo que me sucede. No se trata de controlar la mente ni de evitar las emociones, sino de reconocerlas y comprender que no necesariamente tengo que actuar desde ellas. Gracias por esta enseñanza!

    • edgardo

      Me alegra que te sea útil. Beso

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