El acceso a este espacio no se logra solamente comprendiendo intelectualmente. También requiere práctica.

Sentate cómodamente ubicado y cerrá los ojos.

Percibí durante unos instantes tu respiración, sin modificarla, reconociéndola.

Después observá qué pensamiento aparece.

No intentes cambiarlo.

Solo reconocé:“Estoy pensando esto.”

Tal vez aparezca una emoción.

Reconocela:

“Estoy sintiendo esto.”

Y después observá algo todavía más sutil:

“Puedo darme cuenta de que estoy pensando y sintiendo.”

No busques una experiencia especial. Ese simple darse cuenta es suficiente.

La práctica no consiste en eliminar pensamientos o emociones.

Consiste en aprender a observarlos sin quedar completamente absorbidos por ellos.

Con el tiempo, esa capacidad puede empezar a trasladarse a situaciones cotidianas.

Y entonces, quizás, aparezca algo nuevo:

un instante antes de reaccionar.

No es mágico ni sobrenatural. Es entrenamiento.