En el uso cotidiano, la intuición suele asociarse a algo momentáneo: una idea repentina, una corazonada, un destello.

Sin embargo, desde una perspectiva más profunda, es posible pensar la intuición no como un evento aislado, sino como un estado sostenido de percepción.

Una intuición que no aparece y desaparece, sino que se mantiene. Una intuición que se extiende en el tiempo.

En ese sentido, podría hablarse de una “intuición continua”: una forma de conocer que no depende exclusivamente del razonamiento secuencial, sino de una captación más rápida y pura de la experiencia.

Este tipo de percepción no reemplaza al pensamiento, pero lo trasciende.
Lo incluye, sin quedar limitado a él.

Desde esta perspectiva, la meditación no es simplemente una práctica, sino un medio para acceder a ese modo de conciencia.

No consiste en producir pensamientos más claros, sino en generar las condiciones para que la mente se aquiete lo suficiente como para que otra forma de percepción pueda emerger.

Hasta la próxima