Autor: edgardo (Página 31 de 31)
Las empresas saben que deben cuidar su principal capital, su equipo de colaboradores. Las opciones son muchas, pero todas deben ser de fácil implementación, con costos accesibles y aceptadas por el personal.

Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo,
involúcrame y lo aprendo.
Benjamín Franklin
Estos últimos días fueron de exámenes. El fin de semana pasado se rindieron las evaluaciones escritas y este último viernes y sábado las pruebas prácticas.
Son días de plena inmersión en la tarea más importante: enseñar y aprender. Jornadas que se extienden desde la ocho de la mañana hasta el atardecer. Son muchas horas de atención para evaluar y ser evaluados.
Es la oportunidad de valorar y reencontrarnos con la ortodoxia del Método, preservando su característica de transmisión del conocimiento sin modificaciones.
Cada año, esta última fecha de exámenes se colma de instructores que revalidan y de alumnos nuevos que rinden por primera vez, vibrantes de entusiasmo por comenzar a enseñar.
Los más antiguos, que ya son instructores, aunque se trata de un momento en que deben mostrar sus capacidades y progresos, tienen la tranquilidad de saber cómo será la jornada. Generalmente es más la ansiedad por ver el desempeño de sus alumnos, que las cosquillas que les produce su propio examen.
Fueron muchas personas las que rindieron, que acompañaron, que integraron las cuatro mesas examinadoras que en forma continua y simultánea actuaron con solvencia para evaluar a los que se presentaron.
La Federación se constituyó en la sede Barrio Norte, que cuenta con instalaciones apropiadas para albergar a todos de manera cómoda. Debo hacer un párrafo aparte para el servicio de cantina que, bajo la batuta del Instructor Lucio, nos brindó variadas opciones de comidas y bebidas, que junto al infaltable mate y otras infusiones, nos acompañaron sabrosamente en todo momento.
Todo se desarrolló dentro de lo que es habitual, sin tensiones, en un excelente clima de compañerismo y de alegría, sin que esto perjudicara el profesionalismo, el buen desempeño y la preparación demostrada tanto por los que rindieron como así también por aquellos que tuvieron la gran responsabilidad de integrar las mesas examinadoras. Estuvieron presentes de manera notable dos importantes características de nuestra Cultura: alegría sincera y seriedad superlativa.
Ver a instructores y profesores dando excelentes clases y disertaciones o efectuando sólidas devoluciones en su función de examinadores, consecuencia de su crecimiento profesional, ser testigo de jóvenes que llenos de energía abrazan esta cultura para incorporarla a sus vidas y deciden transmitirla desde el rol profesional de instructores, me deja un caudal de sensaciones reconfortantes que oscilan entre la satisfacción del ideal cumplido y la renovación de los bríos para seguir con esta siembra, con dedicación y plenamente involucrados en el deseo de hacer un aporte a este mundo que compartimos.
Edgardo Caramella, Presidente de la Federación Método DeRose Buenos Aires
Cuando mi hermano tenía 16 años y yo 12, mi padre nos regaló un Ford T modelo 1925. Corría el año 1965 y ya en ese momento nuestro auto era una verdadera pieza de museo. Recuerdo que su techo era de lona, y el arranque se hacía por medio de una manija que había que girar varias veces y nos obligaba a hacer mucha fuerza. En lugar de caja de cambios, la poderosa máquina tenía un pedal que al presionarlo la ponía en movimiento y que luego, al mover una palanca ubicada frente al asiento delantero, bajaba las revoluciones del motor y con un sonido similar al de un pequeño tren, el bólido mecánico se lanzaba a su viaje.
Era muy notable, ya en esos tiempos, la diferencia de tecnología entre nuestro querido Ford y el resto de los vehículos de la década. Si salíamos a una ruta donde las velocidades eran mayores, la diferencia de potencia, agilidad, confort y seguridad con los demás vehículos era tan llamativa que
hacía casi imposible que pudiéramos circular por ella.
Fueron tiempos muy divertidos para nosotros, pero al recordar el vehículo y la época me dala impresión de que estoy retrocediendo a tiempos inmemoriales, como consecuencia de lavelocidad con que se han producido los cambios tecnológicos.
Este recuerdo me lleva a hacer una comparación entre el ser humano y los tiempos que vivimos. Podríamos decir que biológicamente somos un modelo muy antiguo en tiempos vertiginosos. Hoyresultaría imposible pensar en salir a una autopista con aquel querido Fort T; si lo hiciéramos, tendríamos una creciente sensación de estrés al ver que no es posible acompañar la velocidad del tránsito.
El homo sapiens actual habita en una sociedad que evoluciona tecnológicamente a ritmo vertiginoso, pero nuestra estructura biológica no se adapta a la misma velocidad sino que se mantiene como la de nuestros predecesores. La evolución humana requiere tiempos lentos para procesar adaptaciones que le resulten favorables a los cambios del medio ambiente en el cual se encuentra.
Suponer que esta dinámica se desacelerará es estar totalmente divorciados del mundo real y sus tendencias. Seguirá incrementando su velocidad y estaremos obligados a aprender mayor cantidad de cosas y con más rapidez. Y además, el conocimiento también es efímero y se esfuma enseguida.
Si queremos proyectarnos hacia el futuro, debemos ser fuertes, flexibles y adaptables. Saber cambiar nuestros paradigmas, aprender nuevas cosas a diario y compensar mediante entrenamiento el desfasaje entre nuestras capacidades y el vértigo de la vida cotidiana.
En mi opinión personal y desde mi experiencia de treinta años de estudio y práctica, considero que el Método DeRose es una alternativa muy eficiente para lograrlo.
La mujer llegó a la unidad coronaria con dolor de pecho y diagnóstico de infarto. A los 51 años, atravesaba una crisis de estrés, y era ese mismo trastorno el que los médicos identificaban como la causa del evento coronario. Pero al someterla a estudios exploratorios en busca del origen del infarto, los cardiólogos encontraron, para su sorpresa, que no había ninguna arteria obstruida.
Estaban frente a una variedad aún no descripta de una afección cardíaca llamada enfermedad de Tako-Tsubo en la que, víctima del estrés, una parte del corazón no se contrae al bombear sangre, lo que hace que la persona experimente el dolor característico del infarto.
“La enfermedad de Tako-Tsubo, llamada también cardiopatía inducida por estrés, fue descripta por médicos japoneses que observaron que pacientes con síntomas de infarto y cuyo electrocardiograma sugería un infarto, en realidad no tenían arterias obstruidas sino que el extremo del corazón se deformaba tomando la forma de un balón”, explicó a LA NACIÓN el doctor Fernando Botto, jefe de la Unidad Coronaria e Internación del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA).
Tako-Tsubo es una palabra japonesa que denomina a unos canastos que se usan para pescar pulpos, cuya forma se asemeja a la del corazón de quienes padecen esta afección, en la que el “embalonamiento” del corazón no se produce en su extremo, sino en el medio del ventrículo.
La descripción del caso fue publicada recientemente en la revista International Journal of Cardiology.
El caso relatado por los científicos constituye una de las tantas manifestaciones o reacciones que nuestro cuerpo utiliza para defenderse del ataque que le produce el estrés excesivo y constante.
¿Cómo prevenir esto? En primer lugar con una actitud diferente, tomar conciencia que estos procesos avanzan de manera progresiva, silenciosa, y cuando los síntomas nos llaman la atención, a veces ya es tarde.
El SwáSthya Yôga, Método DeRose, es una alternativa excelente para aprender a través de técnicas y entrenamiento, a administrar el estrés. No se trata de palabras, métodos nuevos que se encuentran en la fase experimental o tendencias new age.
Hablamos del Yôga Antiguo, con un bagaje de experiencia de más de 5.000 años. Una filosofía práctica que nos devuelve la fortaleza, el vigor, la conciencia y los demás atributos que son propios de la especie humana y que no utilizamos plenamente por falta de entrenamiento.
Técnicas de vocalización de sonidos y ultrasonidos, técnicas respiratorias, técnicas para limpiar el organismo en profundidad, más de 3000 técnicas corporales para conquistar flexibilidad, fuerza y resistencia, técnicas para aprender a relajarse a voluntad, concentración, meditación y otras, integran el vasto conjunto de posibilidades que posee el Método.
No esperes que el cuerpo te grite, escúchalo cuando te susurra.
Edgardo Caramella
Presidente de la Federación de Yôga de Buenos Aires (FIPPYBA)

Comer, un acto sensorial
Muéstrame cómo comes
y te diré cómo eres
Edgardo Caramella.
En la actualidad, el ser humano se alejó de los sentidos. Imposiciones culturales, hábitos poco saludables, tensiones, estrés… fueron generando la pérdida del verdadero valor que tiene el sentir.
Volvamos a disfrutar de los aromas a través del olfato, de los sabores mediante el gusto, de lo táctil a través de la consistencia y las distintas superficies de los ingredientes que utilizamos al cocinar y comer. Preparemos los platos para que sean atractivos, combinando los colores y decorándolos con creatividad para que la imagen nos estimule. Disfrutemos del crepitar de las especias dentro de las ollas, del sonido de la sopa al hervir recordándonos los almuerzos en la casa de la abuela, del suave aroma de un pan recientemente amasado al cocinarse dentro del horno.
Al escribir, voy vivenciando muchas sensaciones que me conectan con imágenes y recuerdos que se tornan muy presentes. Juego con ellas y me transporto hacia esas situaciones sensoriales.
Cocinar es, para mí, el más completo e interesante de los hechos artísticos; allí en la cocina juego con todos los sentidos, que se exacerban con los estímulos que recibo. Las comidas bien condimentadas están muy ligadas a los efectos afrodisíacos que producen las especias como consecuencia de una mayor estimulación de las glándulas endocrinas.
En general, desde niños recibimos el fuerte mandato de comer mucho, con mensajes como si no tomás toda la sopa no vas a crecer, o para ser hombre tenés que comer todo lo que está en el plato, etc.
Nos enseñaron a comer mucho, pero fueron pocas las sugerencias de comer con placer. Cambie, comience hoy, ahora mismo…
Si uno se educa en la represión, trasladará estos mandatos culturales a sus descendientes, salvo que realice un trabajo de auto-estudio y torne su vida más conciente. La frase clave es yo quiero. Entonces podrá realizar todo lo que se proponga; algunas cosas serán fáciles, otras más difíciles. Claro, cuanto antes comience, mejor será.
Edgardo Caramella
Maestría en Método DeRose
Presidente de la Federación Método DeRose de Buenos Aires
Coordinador del Colegiado Internacional de Federaciones
Socio Fundador e integrante del Rotary Club Internacional Bajo Belgrano.Escritor premiado en 2005 por la Asociación Gourmand World Cookbook Awards.



Seguime