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¿Cómo reaccionamos ante las adversidades?

Hace tiempo, un alumno me acercó una historia anónima que considero sumamente ilustrativa con respecto a nuestra experiencia ante las adversidades que nos presenta la vida y que deseo compartir.

 

Cierta vez, la hija de un cocinero se estaba quejando de que la vida era difícil para ella.

El padre la llevó a la cocina, tomó tres calderos, los llenó de agua y los colocó sobre el fuego, esperando hasta que el agua entró en ebullición.

En uno de los calderos colocó zanahorias, en otro colocó varios huevos de gallina y en el último, café en polvo. Al cabo de unos veinte minutos, retiró los calderos del fuego. Retiró las zanahorias y los huevos y los colocó en dos fuentes, por separado. En una taza, vertió el café previamente colado. Entonces, cariñosamente, el cocinero pidió a su hija que probase las zanahorias. Ella lo hizo y comprobó que estaban muy tiernas.

A continuación le pidió que tomase un huevo y le quitara la cáscara. Ella observó que el huevo se había endurecido con la cocción. Finalmente, el cocinero le pidió a su hija que tomase un sorbo de café. Ella obedeció y pudo comprobar que el café estaba muy sabroso.

Con el rostro iluminado por una sonrisa, el cocinero le explicó:

-Hija mía, todos estos elementos enfrentaron la misma adversidad. Sin embargo, cada uno reaccionó de diferente manera. La zanahoria entró en el agua dura e inflexible, y por efecto del agua

hirviendo se transformó en tierna y sabrosa. Los huevos eran frágiles. Su fina cáscara protegía el líquido interior. Pero después de cocinados su interior se tornó más duro. El café fue diferente.

Después de colocado en el agua hirviendo, cambió al agua. La hija, agradecida, entendió la enseñanza del sabio cocinero.

Siempre pasaremos por obstáculos y adversidades, pero, ¿cómo responderemos? Es parte de nuestra libertad de elección. Recordemos la frase: Obstáculos y dificultades son parte de la vida. Y la vida es el arte de superarlos. DeROSE.

 

El trabajo como herramienta de superación:

En estos últimos años, durante los cuales me dediqué con mayor empeño a crear y fortalecer las bases de una estructura de enseñanza en nuestro país, preparando instructores,apoyando la instalaciónde escuelas, creando material didáctico para favorecer el aprendizaje de los alumnos, participando de la traducción al español y edición de libros de otros autores, escribiendo mis propios libros, organizando eventos internacionales, viajando, disertando, dictando cursos y realizando muchas otras tareas, tuve que administrar el tiempo muy cuidadosamente y, en consecuencia, racionalizar las horas dedicadas a la práctica. Continúo disciplinadamente con mi rutina diaria de entrenamiento, pero no invierto la misma cantidad de tiempo que antes. A pesar de ello, y en forma casi paradójica, el trabajo intenso me ha dado una aceleración en el desarrollo de ciertas capacidades, que de acuerdo con la biología humana deberían reducirse con el aumento de la edad. Este no es un hecho aislado y singular. Otros profesores que están también identificados con la tarea de realizar, de construir y de aportar por medio de la acción efectiva me manifiestan cómo la inmersión en el trabajo los ha hecho crecer como personas, en forma multilateral.En forma similar, detectamos el mismo proceso: más trabajo diario realizado con concentración, con Método y mucho sentimiento, adquiere la dimensión de un verdadero sádhana(*) transformador, y la tarea se convierte en realidad.

(*) práctica.

Enseñar, la mejor forma de superarnos.

Hypatia y filósofos de Alexandría

 

“Enseñando aprendemos.”

Séneca

La especie humana ha llegado hasta nuestros días después de acumular experiencias durante aproximadamente tres millones de años de existencia, en un proceso evolutivo y de adaptación que seguirá en forma constante, hasta el último día de la vida.

Durante ese tiempo fuimos acumulando saberes diferentes en forma empírica. Gozamos, sufrimos, luchamos, huimos, amamos, destruimos y construimos con similar eficiencia. Vimos llegar la vida y también cómo ella nos abandona. En una palabra, somos fruto de experiencias y sus consecuencias.

Y cada uno percibió la necesidad de transmitir a otros el conocimiento adquirido. Podríamos decir que se trata de una característica de los humanos: la vocación de enseñar. Quién no disfrutó de ese momento especial cuando enseñamos algo que sabíamos a un niño, que trataba de asimilarlo con sus ojos llenos de asombro.

O, en la otra punta de la vida, cuando ayudamos a realizar alguna tarea o enseñamos algo nuevo a un anciano, quien con menos asombro pero con ternura en su mirada, nos agradecía que le ofreciéramos algo de tiempo de nuestras inquietas existencias.

Y en algunos, esa vocación de enseñar trasciende lo circunstancial y se vuelve una forma de vida y hasta una actividad profesional. Una profesión que encierra ideal, dedicación y mucho amor hacia los demás. Sin estos elementos, la calidad de la enseñanza será pobre, será un simple trámite carente de la profundidad transformadora que produce la energía de la verdadera vocación y el compromiso. Enseñar para vivir y vivir para enseñar.

Y esta cualidad, que está en cada uno de nosotros, al ponerla en práctica desencadena un proceso evolutivo: aprendemos al enseñar, fijamos el conocimiento y, como resultado final, nos humaniza.

En mi experiencia personal, después de tres décadas de enseñar el Método DeRose, coseché los mejores frutos. Alumnos que desean saber más cada día y otros que, además de saciar esa inquietud, también sintieron la vocación de enseñar y hoy lo hacen profesionalmente. Con todos me une un vínculo vocacional, profesional, fortalecido por el agradecimiento, el apoyo y el cariño mutuo. Es la clara sensación de ser un puente que recibe un saber ancestral, lo asimila, lo expande y lo transmite a otros, cuidando lealmente la esencia y sintiendo la felicidad de haber obrado en pro del destinatario, que más allá de nombres propios representa el futuro de la humanidad.

Por ello considero que el “enseñante” debe asumir el compromiso de transmitir lo específico de su materia, arte u oficio, pero además debe construirse como ejemplo. Debe ser coherente y vivir de acuerdo con lo que preconiza.

Quién de nosotros no recuerda a un docente que, en cualquiera de nuestras etapas de alumno, nos marcó con su presencia, supo llegar a lo profundo de nuestro ser y revivió algo que estaba dormido o latente. Nos movilizó y generó algo especial para favorecer nuestro crecimiento. Ese vínculo mágico trasciende lo verbal para ser un proceso de interrelación, de ósmosis, nutrido de agradecimiento y cariño profundo.

Por algo, el Maestro ha sido definido en antiguas culturas como aquel que disipa las tinieblas. El que, de alguna forma, nos ilumina. No hay comunidad, credo, disciplina o artesanía que no tenga Maestros y discípulos, profesores y aprendices. El conocimiento es transmisión. La idea de un Maestro o profesor “autista” que guarda su saber y no lo comparte es posible, pero genera una gran contradicción.

El Método DeRose mantiene viva esa llama esencial que fue característica de la pedagogía imperante en las antiguas escuelas filosóficas. Enseñanza, aprendizaje, generosidad y profundo cariño puestos de manifiesto en cada acto cotidiano. Somos seguidores de una tradición que enseña para aprender. Una cadena de formadores de formadores. Así lo aprendí de mi propio Maestro y de esta forma lo siento y trato de transmitir. Enhorabuena a todos los que vibran en esta maravillosa sintonía gregaria.

Edgardo Caramella

Maestría en Método DeRose

Discípulo directo del Comendador DeRose

Liderazgo: poder o autoridad.

Desde mis primeros años de vida, observé con atención la capacidad de algunas personas que de una u otra forma tenían clara ascendencia sobre las otras, influyendo sobre ellas y generando que siguieran sus pasos o indicaciones. Por algún motivo me sentía especialmente atraído por la fuerza de esos referentes de liderazgo; tal vez como consecuencia de haber crecido en una familia en la cual predominaban personalidades fuertes, enérgicas y comprometidas con convicciones éticas sostenidas con firmeza y frecuentemente con altas dosis de terquedad.

Entre mis principales referentes, destaco a mi abuelo materno, un clásico exponente de la burbujeante sangre italiana, y a mi madre, que heredó los mejores genes de esa cultura apasionada, fuerte y protectora.

En ese molde fui creciendo, incorporando esos valores y ocupando lugares de conducción, a veces sin desearlo -al menos desde lo consciente-. Indudablemente, esa incorporación desde la niñez de la necesidad del compromiso y la lealtad a los ideales, como valor ético inquebrantable, generó que terminara liderando espacios diversos en prácticamente todas las tareas que me ha tocado desarrollar.

Mi estilo siempre fue, ir primero, avanzar sin dejar que crezca el desánimo o la flaqueza. Esfuerzo, trabajo y compromiso. Un estilo que se corresponde con la cultura familiar que fue el molde de mi formación.

Esta relación con la función de liderar, la experiencia de los años ya vividos y el rápido cambio que va experimentando la sociedad, me hacen considerar que existen otras formas de conducir y, paralelamente, otras necesidades en aquel que es liderado.

Las relaciones interpersonales, los paradigmas, la tecnología, las formas de comunicarnos, la velocidad, la necesidad de mayor calidad de vida, son elementos que nos mueven a adaptarnos constantemente. Tal vez a una velocidad que en la mayoría de los casos nos supera y es causal de estrés.

Estos veloces y necesarios cambios de paradigmas nos llevan permanentemente a valor cero, como asegura el célebre futurólogo Joel Barker, lo que constituye una experiencia única, ya que nos da la posibilidad de aplicar la capacidad heurística a pleno y crear algo nuevo o recrear algo que ya se hace o existe.

¿Y qué podemos hacer en nuestras acciones de liderazgo? En primer lugar, considero fundamental  diferenciar claramente dos conceptos sobre los cuales debe ponerse atención: poder y autoridad.

James Hunter describe con mucha claridad la diferencia entre estos dos conceptos que a veces son considerados sinónimos. Poder puede obtenerse por diferentes formas, y no siempre el que tiene el “poder” posee autoridad ante sus liderados. En cambio, autoridad es una jerarquía indiscutida y aceptada por los liderados, obtenida en base a los méritos del que la posee.

Considero que nos encontramos en el momento de establecer liderazgos sólidos, basados en la autoridad que brinda el compromiso, escuchando siempre a los demás, desarrollando una fuerte base ética y estimulando a los liderados a superarse en todos los aspectos. Si logramos personas felices, lograremos resultados felices.

En otras publicaciones seguiremos avanzando en el tema.

Edgardo

Gracias compañeras…

Comienza el nuevo año y siento el deseo de rendir un homenaje a nuestras queridas instructoras, a todas aquellas que son parte de nuestros días y de nuestra tarea. Es un deseo que nace desde esta Cultura matriarcal que revalorizamos y utilizamos cotidianamente, de manera práctica y normal.

Sin alardes, sin ostentarlo, sin proclamarlo. Con la serenidad de lo verdadero, sutil y sentido.

¿Y porque un reconocimiento especial a nuestras mujeres? Porque a través de este simple saludo deseo seguir avanzando en la modificación de los paradigmas pesados y oscuros que existen hasta hoy en la sociedad contemporánea.

Desde el Método que practicamos y enseñamos, utilizando los conceptos, los buenos modales, la ética, la sutileza, el cuidado… Desde el día a día, reivindicando los valores únicos y admirados de la mujer, como símbolo de la energía creadora, magnífica, hacedora, dinámica y en constante movimiento.

Pesa en nuestra sociedad la influencia de dos culturas muy influyentes, los mitos griegos y la bíblica, que nos presenta a la mujer como una especie de maldición. Desde la Pandora que al abrir el ánfora traerá muerte y enfermedad sobre los griegos hasta la Eva expulsada del paraíso, la mujer todavía convive con una pesada carga, que ya es necesario alivianar.

Fueron acusadas de fuente de pecado, de brujas, de malvadas e inferiores durante siglos. Durante la edad media fueron excluidas y colocadas en el rol de “esclavas del hombre”, situación que lentamente se ha ido modificando, principalmente por el esfuerzo de ellas para salir de esa situación, demostrando sus cualidades y capacidades.

Sin embargo, en otras antiguas culturas, la mahá shaktí, la fuerza creadora, la energía cinética, el principio femenino como tan bien lo cita John Woodroffe en su obra Shaktí y Shakta, hacen del hombre un admirador de ese poder, acompañándola en el ritmo y cadencia que ella impulsa para crear juntos…

Gracias amigas, hermanas, madres, hijas, shaktís, o simplemente mujeres. Que este nuevo año nos permita profundizar esta relación tan fecunda de energías, fuerzas y resultados.
En nuestra Cultura serán amorosamente cuidadas y reverenciadas.

Edgardo

El poder técnico


Extraído de http://www.pagina12.com.ar/diario/sociedad/subnotas/180690-56481-2011-11-07.html

Por Soledad Vallejos

“Hay una confusión. Se cree que tiene que ver con el misticismo, con la actividad religiosa, con la actividad monástica, que es un retiro del mundo, que hay que abandonar todo e irse al Himalaya… Y no.” Lo dice Edgardo Caramella en medio de aromas a vainilla y sahumerios, sentado en un banco de plaza en un entrepiso al que trepan, por la escalera, los murmullos de una reunión antes de una práctica en la Sede Decana del Método DeRose que dirige. Hasta este banco rodeado de pequeñas plantas saludables, sin embargo, no llega el barullo imposible de una cuadra de Corrientes ahí nomás de Pueyrredón. Es un día de semana al atardecer.

–Bueno, no es casual que estemos acá. Ni hace falta todo ese alejamiento del mundo ni lo queremos. Está bien que salgas de una práctica en pleno Once. La meditación es una técnica, una herramienta. Te tiene que servir para vivir donde quieras, como quieras, para hacer lo que querés hacer.

Claro, dice, que así de sencillo como puede parecer en realidad la idea misma viene con trampa. “Para empezar hay que tener buena salud, buen estado físico, estar bien. Una persona que no está bien no puede concentrarse, que es el primer paso.”

–¿Y después de la concentración?
–Una persona entra en un estado psicológico y mental particular.

Caramella, que hace unos días estuvo dando una charla sobre el poder de la meditación a estudiantes de ciencias empresariales en una universidad privada, que coordina y hasta imparte él mismo prácticas de meditación en empresas (a pedido de las gerencias de recursos humanos), que no cree tanto en el veganismo como en el vegetarianismo, que es maestro (el grado de formación más alto al que puede aspirarse en esta escuela), habla de “intuición”. En realidad, refiere el objetivo como “un canal de intuición”, porque meditar “no es, como podríamos creer por lo que significa la palabra en español, reflexionar”. Tampoco es lograr una cierta abstracción. No. “Es detener la inestabilidad de la conciencia, que es más sutil que el pensamiento.” Entrenarse en la técnica, encontrarle la vuelta a esa herramienta, es llegar a bloquear esa inquietud que no cesa.

–¿Y cómo se sabe cuando se logra?
–Es claro: es un instante. No sabés nada y de golpe sabés.
Antes, hace diez años, tal vez más, se acercaban personas que habían pasado los 40, quizá por diez, veinte años. Ahora siguen anotándose, pero los jóvenes, entre 20 y 30 largos, son mayoría. Algo del orden de un mundo que cambia, cree Caramella, puede explicar esta nueva tendencia que se registra, al menos en Argentina, en todas las sedes de la escuela.

“La gente está necesitando calidad de vida, algo que mis padres, ponele, yo tengo 58 años, por ahí no. Eso antes estaba implícito: vos no pensabas si tenías poca o mucha calidad de vida. Existía. Pero hoy se busca; la gente se mata para conquistarla.” Por algo las empresas embarcadas en las nuevas políticas de recursos humanos ofrecen talleres de yoga y meditación a sus empleados, en el mismo horario de trabajo. Alcanza un break al mediodía, por ejemplo, para que casi todo el personal presente en el momento aproveche. “15 minutos por día todos los días damos en algunas empresas, por ejemplo. Los empleadores nos dicen que notan diferencias en el rendimiento. Y la gente también, claro. Pero algunas cosas sólo te las da la práctica constante, a lo largo del tiempo. Algunas cosas sólo se aprenden así: con constancia.”

–¿Y lo religioso?
–No tiene que ver con esto, no estamos dentro de una religión en particular. Podemos tomar lecturas de aquí y de allá en todo caso, pero no ser místicos. La meditación es una técnica que requiere años. Alcanzar ese estado de conciencia requiere años de inversión. Concentrarse, que es lo primero, es fácil. Pero la técnica, que te da energía, que te cambia positivamente inclusive lo biológico, hay que entrenarla. Después la usás como querés, para lo que querés.

La libertad, ese bien tan preciado

Mucho se ha escrito sobre esta palabra, mucho se ha hecho en nombre de este bien, muchos ofrendaron su vida para frenar el avance de aquellos que pretendían cercenar libertades de cualquier índole.

Himnos, marchas, canciones, poemas, esculturas, pinturas y diferentes manifestaciones artísticas  expresaron esa innegable necesidad humana de sentirse libre y luchar contra la opresión.

Nada de lo que nutre nuestra historia ha sido en vano. Esfuerzos y sacrificios nos permitieron construir una forma de vivir en donde existen más libertades y posibilidades.

Cuantos nombres quedaron grabados en mentes y corazones, como emblemas del sentimiento de “ser libres”.

Sin embargo, existe un concepto de libertad que es más profundo. Que trasciende los derechos sociales y las conquistas políticas. Es la libertad interior del hombre: esa conquista que solamente podremos obtener instalando la vocación de libertarnos de nuestros condicionamientos y que conlleva a  la superación.Un deseo anhelado por filósofos y pensadores de todos los tiempos y diversas culturas.

Albert Camus, el célebre escritor y ensayista que obtuviera el premio Nobel de literatura nos dejó una frase muy interesante: “La libertad no es nada más que una oportunidad para ser mejor.»

Desde este pensamiento, podemos afirmar que efectivamente la conquista de la verdadera condición de libre, el ser humano debe buscarla  desde el deseo de mejorar.

Instalando  la voluntad de modificar la raíz de los condicionamientos y paradigmas que nos llevan a actuar por inercia y no siempre por elección consciente.

No se entiendan mal mis palabras, no se trata de un pensamiento individualista para aislarse, recluirse o no participar de las causas justas y necesarias que nos permitan obtener mayores libertades sociales, por el contrario, la intención es estar totalmente integrados a la sociedad. Y justamente, para ser más útiles y solidarios, debemos ser más libres, auténticos y lúcidos.

No es fácil porque cada uno de nosotros es a la vez cincel y escultura. Somos nosotros mismos los que debemos observarnos, para superarnos, para construirnos cada día.

Como la práctica es mucho más valiosa que la teoría, hagamos un simple ejercicio: sentémonos cómodos, cerremos los ojos y hagamos un par de respiraciones profundas y nasales para aquietarnos. Primero el cuerpo, luego la respiración que empieza a ser más lenta y sutil. Gradualmente se irán aquietando las emociones y pensamientos.

Ya en este estado de mayor introspección  imaginemos que podemos observarnos a nosotros mismos, desde un plano más elevado. Veamos cómo transcurre un día de nuestras vidas. Que hacemos, que nos causa placer y que cosas no nos gusta hacer. Observemos nuestros hábitos y costumbres. En este momento la realidad adquiere otra dimensión, todo es pequeño, analizable y posible de cambiar o mejorar.

Algunas cosas están bien, pero tal vez no sean suficientes. Otras, las hacemos sin conciencia, sin haberlas elegido, sin placer.

Algunas obedecerán a elecciones realizadas y desearemos mantenerlas. Tal vez realicemos un trabajo que no nos gratifica y podamos recordar aquella cosa que nos apasionaba y que dejamos de hacer, pero siempre anidamos el deseo de retomar.

Observemos  nuestro cuerpo, nuestra forma física, nuestra salud general. ¿Está temporalmente olvidado? ¿Necesitamos ocuparnos más de él?

¿Y nuestra alimentación es inteligente y se adapta a nuestra actividad?

¿Podemos mejorar nuestra situación afectiva o familiar?

Elijamos algo para modificar o potenciar, sabiendo que esa decisión incidirá para mejor en nuestra calidad de vida y estaremos ejerciendo el derecho a nuestra libertad de elección, a construir la vida que verdaderamente deseamos vivir y que es el derecho de todo ser humano. La llave de tu libertad, está en tus manos.

Sin olvidarnos de la recomendación del Educador DeRose: La libertad es nuestro bien más precioso. En el caso de tener que confrontarla con la disciplina, si esta violentase a aquella, opte por la libertad.

Crónicas de viajes: Fortaleza (Brasil).

Y esta vez fue una escapada de fin de semana a la hermosa ciudad de Fortaleza, en el estado de Ceará, Brasil.

Fue un viaje largo –suficiente para comprobar la asombrosa extensión territorial del país hermano– hasta el océano Atlántico, bien al norte, allí donde el sol quema y el agua es clara y cálida, incluso en invierno.

Fue la primera vez, pero tuve de inmediato esa sensación de que volveré pronto, para conocer más, para adentrarme en su historia, para caminar por playas únicas donde la naturaleza se expresa por medio de esa mezcla de genes que generó un pueblo afectuoso, cálido y que tiene la sonrisa siempre presente, sin distinción de clases sociales o barrio en el que te encuentres.

Un crisol racial en el cual la fusión de aborígenes, portugueses, holandeses, africanos y otros dio un cautivante resultado.

Todo tiene su magia: un carismático vendedor de langosta que recita las bondades de su plato típico con crema de ajo, mientras sonríe y se pellizca la oreja con picardía; una cazuela humeante del increíble feijão verde; un anciano repentista (payador) que improvisa sus rimas con ojitos chispeantes y deseo de ganarse unas monedas; una bella joven de piel morena y ojos claros, andando felinamente entre los cultores de Febo, que calcinan su piel en la playa…

Fortaleza es la ciudad del bode Iô-io (chivo), votado en 1922 para ocupar un cargo público y hoy embalsamado en el Museo de  Ceará; es la ciudad que primero declaró la abolición de la esclavitud en el Brasil, y es allí donde el verano te acompaña todo el año.

Es grande el deseo de volver, de seguir haciendo amigos, de disfrutar de todo lo que ofrece la ciudad tan generosamente.

Gracias, Fortaleza… desde hoy te llevo conmigo.

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