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La necesaria voluntad

Foto por Roya Ann Miller

En general, todos queremos conquistar metas y resultados. Sabemos que, en nuestro actual mundo tan competitivo, para lograrlo es necesario alcanzar un estado de alta performance.

El primer punto es el descubrimiento y la aceptación de que debemos ejercitar nuestra fuerza de voluntad conscientemente. Esta fuerza se manifiesta de muchas formas: como un deseo de éxito que abarque todos los campos, con el sentimiento más definido de quiero hacerlo y lo haré, o motivados por el espíritu de compromiso a realizar aquello que consideramos de suma importancia para uno o para los otros.

Lo difícil es que esa intención no se acabe en el deseo y que pronto, otro nuevo deseo apague o sustituya el anterior y así pasemos el tiempo saltando de deseo en deseo, sin concretar nada y sufriendo después la sensación frustrante del fracaso o de la típica culpa.

La voluntad puede representarse como tenacidad, resolución o terquedad en la búsqueda de un logro personal. Yo considero que es un potencial que se activa mediante disciplina y entrenamiento. Es como la energía eléctrica que sabemos que está en el ambiente y debemos actuar sobre ella para generar luz o calor. Tratándose de la voluntad, para que funcione y sea una fuerza transformadora de simples deseos en realizaciones concretas, debemos entrenarnos.

Entrenada, será una potencia que nos ayudará a movilizar los poderes que poseemos y no siempre aprovechamos. Existen muchos aspectos que deben ser considerados para nuestro entrenamiento. Un cuerpo físico que necesita buena alimentación y energía para moverse como deseamos, un plano emocional que genera emociones, mente y pensamientos, intuición y otros aspectos más sutiles que son parte de nuestra complejidad estructural. Insisto, es necesario realizar entrenamientos integrales que unan todas las capacidades, alineándolas en la dirección deseada y con miras al autoconocimiento.

Comencemos con pequeñas metas y pequeños logros. Sin espasmos, de forma continua, reforzando la autoestima, venciendo los temores que en la mayoría de los casos están ligados a condicionamientos por fracasos anteriores o a influencia cultural.

Generar una mente firme y una actitud de confianza nos dará la posibilidad de ser seres libres, capaces de influir positivamente en nuestras vidas.

Recordemos siempre: lo que pensamos ya existe. El segundo paso es aplicar la frase del escritor DeRose: están los que se sientan y lloran y están los que se levantan y hacen.

¡Hasta la próxima semana!

La primera impresión

Finalizada una extensa jornada de trabajo decidí distraer mi mente frente al televisor. Sin proponérmelo llegué a un canal de antiguas películas en el cual estaban proyectando Los diez Mandamientos, con la actuación de Charlton Heston como Moisés.

En un momento dado, el profeta asciende a la montaña para hablar con Dios. Lleva una corta barba de color castaño y la cabeza cubierta con una especie de capucha, que le oculta totalmente el cabello.

Después, cuando regresa con su pueblo habiendo recibido los mandamientos, se lo ve viejo y cansado. La barba ha crecido, ahora es larga y de un color grisáceo. La capucha que cubría la cabeza ya no está. En su lugar se observa una frondosa cabellera canosa que le cae sobre las orejas, enmarcando el rostro como si se hubiera caracterizado del Dios representado en la Capilla Sixtina por Miguel Ángel. Su aspecto hace pensar que en el viaje pudo acceder a algún estilista que lavó, peinó y colocó en el secador la exuberante melena del profeta. Ahora es la imagen de un importante patriarca, bien asesorado por un consultor de imagen.

Esta impresión del espectador es reforzada por Séfora, su esposa ⎼papel a cargo de Yvonne de Carlo⎼ que lo recibe con amor en sus ojos y la frase: “Moisés, ese cabello…”

En los primeros minutos, todo esto, enmarcado en una estética muy particular, me causó gracia; sin embargo, me proporcionó un insight (tal vez ayudado por la somnolencia) donde ratifiqué la importancia simbólica del cabello. A partir de que el profeta recibió el mandato bíblico, el cine entendió que su imagen debería estar acorde a la importancia adquirida.

Nuestra respuesta cultural a esta parte del cuerpo tan visible y que está a nuestro alcance modificar con facilidad, está arraigada entre el pensamiento primitivo asociado a cuestiones mágicas, simbolismos diversos y significados variados, relacionándolo a la casta social y las épocas.

La mente, que siempre busca asignar sentidos simbólicos a las cosas, dispara mensajes no conscientes que influyen velozmente en las conductas que, de manera refleja, nos hace aceptar o rechazar. Estudios realizados sobre la comunicación nos indican que solamente el 7 % de lo percibido en un primer contacto corresponde al contenido de lo que decimos y el resto se distribuye en sensaciones y mensajes más o menos sutiles. Los consejeros de Oratoria y Comunicación aseguran que más que el contenido de nuestra alocución, los asistentes recordarán cómo los hicimos sentir.

Por ello surgieron las normas de ceremonial y protocolo, para allanar el camino de la comunicación, principalmente entre representantes de culturas diferentes.

Es habitual que la sola mención de la palabra protocolo nos conecte con algo pasado de moda, acartonado y frívolo; sin embargo, se trata de herramientas de utilidad para que la comunicación fluya más fácilmente. La recordada Profesora Eugenia de Chikoff, con quien tuve el privilegio de hacer cursos de Conducta Social, nos repetía: “debemos recordar que todo acto comunica”.

Es inteligente tener en cuenta todos los recursos posibles para favorecer las relaciones humanas y la buena comunicación.

Hasta la próxima semana.

Liderazgo actual: ¿laberinto o solución?

En la actualidad se están repensando y buscando formas de liderazgo que funcionen en una sociedad que se mueve velozmente hacia otros paradigmas de convivencia.

La variada gama de opiniones y propuestas nos muestra que estamos dentro de un laberinto complejo y que la confusión le ha ganado a la certeza.

Como un péndulo que oscila entre extremos, encontramos defensores de modelos verticales y duros, donde el líder manda y no acepta otra opinión, hasta otros como la holocracia, que organiza a las personas en círculos autodirigidos.

Creo que lo más atinado en esta etapa de adaptación es mirar desde lo alto para comprender cómo funcionan las estructuras que estamos liderando y cómo se relacionan entre sí. A partir de allí, encontrar el sistema más adecuado, considerando la propuesta de Aristóteles: la búsqueda de un justo medio entre los extremos.

Además, no ver la confusión actual con pesimismo o desesperación y por el contrario entender que esta compleja situación es positiva y será generadora de nuevos modelos. Cambios necesarios para conducirnos de manera más acorde al momento evolutivo de la sociedad y sus integrantes.

En la estructura que integro, utilizamos un sistema mixto de liderazgo vertical con horizontalidad y distribución del conocimiento en forma constante, entre los distintos individuos y sectores.

Otra característica particular es que los liderados tienen acceso directo a las más altas autoridades de manera inmediata, y siempre son escuchados, sin considerar que eso fragilice la cadena de mandos. Por el contrario, favorece la circulación del conocimiento.

Dos pilares sobre los que se trabaja intensamente son la docencia y la unión del grupo, dado que la fortaleza no se basa sólo en poder prever siempre las situaciones, sino en la solidez para atravesarlas y aprender de ellas.

Para que este esquema funcione, se requiere un fuerte compromiso en la observación de las relaciones humanas, la valorización del conocimiento y la adhesión a un Código de Comportamiento interno asumido por la totalidad de los integrantes.

Hasta la próxima semana.

Miradas que aproximan

Foto por Victorien Ameline

Por circunstancias que no siempre tienen explicación, hace unos días comencé a ver manchas y líneas que aparecen entre el objeto observado y mi ojo izquierdo. Según el diagnóstico de los médicos que me asistieron, se solucionará con gotitas, reposo y paciencia.

Mi sabia abuela Eleonora solía repetir una frase que nunca supe si era propia o ajena, pero cargada de pragmatismo: “mientras la naturaleza cura, la medicina entretiene”.

Y así ando estos días, tratando de observar el mundo a través de las variadas y extrañas formas que me devuelve mi ojo, transformado en un túnel caleidoscópico. La primera reflexión es comprobar que las cosas pueden ser extraordinariamente diferentes para cada observador, de acuerdo al filtro que se interpone entre lo observado y el ojo que observa.

La dependencia que tiene el cerebro de estos pequeños órganos inspira las más intrincadas ideas simbólicas, y constituye una fuente de inspiración para entrar al plano metafórico.

El ojo es el Rey. Deberíamos degradarlo para jerarquizar cualquier otro sentido. Descartes expresó que toda la conducción de la vida depende de nuestros sentidos, de los que la vista es el más noble y universal, y mucho antes Leonardo Da Vinci le rendía honores, diciendo que es el ojo, denominado la ventana del alma, el principal medio para apreciar la forma más completa y profusa de las infinitas obras de la naturaleza.

Los ojos son el espejo del alma, nos dice la expresión popular. Tal vez por ello, conscientes de este reflejo del fulgor interior, muchos prefieren ocultar sus hipocresías habituales cubriéndolos con la impersonalidad que brindan los anteojos oscuros.

Concuerdo con Italo Calvino cuando afirmaba que contemplar tus propios ojos no es nada fácil; sin embargo, como cualquier situación, trato de utilizarla para entender y aprender nuevas cosas.

En la compleja tarea de la relación humana, la mirada constituye una de las principales herramientas en la empatía a establecer. La mirada limpia y sincera, puede transmitir la luz que aleje la oscuridad que acompaña a la inquieta y pertinaz desconfianza.

Hasta la próxima semana.

Cooperación en los grupos de trabajo

Enseñando DeROSE Method

Uno de los puntos que genera debate en los ámbitos laborales es cómo organizar un grupo de trabajo que efectivamente funcione y no sea generador de conflictos o caos.

En primer lugar, tenemos que tener en cuenta lo que se considera costo institucional, que está directamente relacionado con el llamado gasto de coordinación. El equipo se genera para producir resultados; en consecuencia, es una inversión.

Hoy, como los costos de comunicación intergrupales se han reducido por los avances tecnológicos, hay que revisar los modelos institucionales que existen y poner en grado de mayor relevancia los valores humanos.

Aún se observa en las organizaciones la elaboración de organigramas que construyen departamentos o áreas que actuarán en el caso de contingencias, pero que en muchos casos no son útiles, dado que las situaciones a enfrentar son cambiantes e imprevistas.

En lugar de construir instituciones paquidérmicas y lentas, lo más útil es llevar los problemas a los individuos y no los individuos a los problemas. Esto se logra si despertamos el sentido de colaboración y la solidaridad secreta entre los integrantes, que consiste en ayudarse sin que sea necesario que los superiores del área intervengan o lo perciban. Es un alto grado de compañerismo que refuerza la camaradería, los valores positivos y el ideal.

Este sentido de colaboración reemplaza costos económicos para la institución, favorece resultados y genera a nivel humano un vínculo de pertenencia que se expande y engrandece a los integrantes. El espíritu de colaboración está presente en la mayoría de las personas: es necesario favorecer su desarrollo.

Esta manera de trabajar requiere también un esfuerzo para adaptarse a modelos más flexibles, dado que, si la persona colabora por propia voluntad y no por imposición, tenemos que aceptar, dentro de los límites de la buena convivencia, las formas en las que se siente más cómodo el que coopera, y no querer imponer un determinado y único paradigma. Tal vez parezca confuso; sin embargo, es la mejor manera para descubrir talentos.

Los que lideran y optan por estimular la cooperación deben aplicar el recurso más transformador y eficiente: la docencia. El que sabe más transmite sus conocimientos a los que poseen menos experiencia y, después, permite implementaciones más libres y creativas para lograr los resultados.

De esta forma se trabaja con metas y en paralelo se desarrollan maneras de alcanzarlas más flexibles e intuitivas. Los grupos que logran esta sinergia laboral ahorran dinero y horas preciosas de trabajo de planificación, teniendo en cuenta que en la actualidad nos enfrentamos a situaciones cambiantes y nuevas, que debemos ir encarando a medida que ocurren.

El antiguo condicionamiento de zanahorias y palos quedó atrás. Los grupos bien integrados prevalecen. Ya no interesa tanto qué buen colaborador es cada uno

individualmente, sino qué importante es la máquina que se llega a construir mediante la contribución de todos. Así, se comparten los logros y los problemas, y se alcanza una distribución de potencia más acertada, que trae riqueza y bienestar.

Las buenas relaciones humanas producen riqueza

Foto por Ben Duchac

Estamos en una etapa de cambio acelerado. Modelos de conducta que se sostuvieron durante siglos y que inspiraron a varias generaciones ya no son efectivos y deben ajustarse a los nuevos tiempos. Como todos los procesos de tipo comportamental y cultural, suelen ser difíciles de implementar y hasta conflictivos. Hoy vivimos en un momento de modificación de valores y formas, y no se trata únicamente de un cambio estético: es consecuencia de algo más profundo y que tiene que ver con necesidades del hombre en su pura esencia.

Son adaptaciones que vienen sucediéndose desde hace tiempo y que se están acelerando al punto de sobrepasar nuestra capacidad de asimilación.

El hombre avanza velozmente sobre sus límites y la tecnología es la expresión tangible de esa velocidad. Una de las principales situaciones en que podemos ver el cambio social y de enfoque, es la tendencia a compartir el conocimiento: el que crea, descubre o mejora algo, lo sube a las redes permitiendo que lo utilicen los siete mil millones de vecinos que habitan el planeta; se comparten los espacios para trabajar (coworking), o los lugares en los autos particulares (carpooling); surgen nuevas alternativas en los formatos de familia y en las relaciones afectivas; la mujer avanza en sus derechos y los hombres se responsabilizan y disfrutan de un rol más maternal.

Existe mayor conciencia en el cuidado del medio ambiente. Se fortalecen opciones alimentarias más sensibles, como el vegetarianismo, el veganismo y otras modalidades más o menos radicalizadas. Este desarrollo veloz de la actitud de no comer animales muestra un cambio de paradigma muy fuerte, ya que se relaciona con conductas más generales: es salirse de la concepción homocéntrica y dejar de considerar que la especie Homo está en el centro de todas las formas de vida y tiene el derecho auto-concedido de disponer de todos los demás seres, incluso cuando su utilización cruel y bárbara traiga deterioro del ecosistema. Los jóvenes, especialmente, están ávidos de sociedades más humanas y adoptan el comportamiento más lógico de respeto a la vida animal: no comerlos.

Claro está que, como la evolución es oscilante y no lineal, hay hechos o movimientos que contradicen esta espiral evolutiva. Por ejemplo, en un aspecto hablamos de una globalización que incluye a millones de humanos en el planeta y, por otro, surgen los movimientos separatistas o fundamentalistas.

En esa misma fricción de altos y bajos es donde la evolución se procesa y fortalece. No hay que desesperarse; llevará tiempo la consolidación de los cambios y, si bien ⎼medidas en términos de la duración de nuestra vida⎼ tres o cuatro décadas nos parecen mucho, comparadas con el total de la existencia de la especie, sólo son un leve hipo del tiempo.

Cada uno de nosotros puede colaborar con esta tendencia estableciendo buenas relaciones humanas. Es innegable que humanizar y mejorar los vínculos nos hará más felices. En lo laboral, será el mejor recurso para optimizar resultados y, como consecuencia, producir más riqueza.

Hasta la semana próxima.

Cooperación, el gran poder humano

Foto por Alex Sajan

En la velocidad de la vida actual, a veces no nos detenemos a entender el proceso evolutivo del cual somos parte. Diversas teorías pretenden explicar cuál fue el secreto del homo sapiens para lograr prevalecer sobre neandertales, denisovanos y otros, de la misma especie. Si bien hace 50.000 años coexistían, esas otras variedades también consideradas homos fueron desapareciendo, y la que actualmente somos, sapiens-sapiens, se ha enorgullecido durante los últimos 10.000 años de ser la única especie humana y la más evolucionada del reino animal.

La sospecha que tienen los científicos al analizar el enorme tiempo que nos precede es que, al llegar los sapiens a una nueva localidad, la población nativa se extinguía.

En su libro Homo Deus, el escritor Yuval Harari se pregunta cuál fue el secreto de estos sapiens para imponerse y hasta sustituir a otras variedades de humanos que, en algunos casos, como los neandertales, eran más robustos, tenían un cerebro bien desarrollado y hasta estaban mejor adaptados a sus hábitats naturales.

Las claves para este avance sobre otros grupos fueron la riqueza y la flexibilidad de un lenguaje que permitió acumular y transmitir conocimiento, en combinación con la cooperación social, imprescindible para compensar la menor capacidad y fortaleza física.

Conociendo este proceso evolutivo y sus resultados, tenemos que preservar como valores fundamentales en todo grupo humano ⎼y, con más cuidado, si nos toca ocupar lugares de liderazgo y toma de decisiones⎼ la comunicación y la cooperación.

Por ello la administración de las personas debe ser la principal y fundamental ocupación de los líderes del grupo y, en un segundo nivel, la administración de lo demás.

Más allá de la distancia que nos separa de los tiempos en que nuestros antepasados fueron aprendiendo y cambiando para llegar al ser humano actual, este proceso evolutivo continúa, se acelera y nos desafía, sin pausa.

De la misma forma en que necesitamos actualizar nuestra PC o modelo de Smartphone, es imprescindible mejorar las capacidades humanas que modernicen este modelo antiguo, que funciona atado a viejos condicionamientos y emociones fácilmente perturbadoras.

Sabemos que la comunicación es fundamental. Sin embargo, ya no basta lo verbal: tenemos que desarrollar otras capacidades que están olvidadas o subestimadas. Otras formas de comunicación pueden utilizarse para alcanzar integración y empatía. Entre ellas, entrenar la intuición lineal y así adquirir otra perspectiva de los hechos, encontrar soluciones más nuevas, potenciando la creatividad y la adaptación.

Ser más flexibles y libres permite entendernos, aceptar las diferencias como factor de aprendizaje, y favorece mayor cooperación dentro del grupo. A partir de allí, tomar decisiones de manera refleja traerá un único resultado: más riqueza y calidad de vida.

¡Hasta la próxima semana!

Hagamos un feliz 2018

Querido 2018, faltan pocas horas para tu llegada y, como la de todos los nuevos ciclos, me produce entusiasmo. Es ese entusiasmo propio de lo nuevo, de lo que vendrá, del porvenir, de la esperanza puesta en realizar y construir en todos los sentidos.

Lo más seductor para mí es este momento en el que me encuentro ahora, sabiendo que llegarás, sentado frente a una hoja en blanco sobre la que acabo de garabatear tu nombre: 2018. Como un gran alquimista me apresto a unir elementos y sustancias para transformar el pasado en lo nuevo.

Es justamente eso lo que me gusta de iniciar un ciclo. Ese espacio vacío del porvenir, que me represento con el blanco del papel. Disfruto de mi posibilidad de colocar en él mis deseos, mis ideas y las metas que, como zanahorias virtuales, me estimularán a avanzar para alcanzarlas. Así, en el plano subjetivo de mis pensamientos ya comienzo a construir.

También dibujo una puerta de dos hojas. Un majestuoso portal, similar al de los castillos medievales. Debe ser sólida e importante dado que es la puerta que abriré para que pasen fragmentos y partes del año que termina, permitiendo que se proyecten en el que está por comenzar.

Y paralelamente, como un comprometido guardián, ejerzo la posibilidad de impedir el paso a todo aquello que no deseo que me acompañe en el nuevo ciclo. Esa sensación de poder elegir, tomar decisiones y administrar gran parte de lo que vendrá, es para mí una bella y tangible sensación de libertad.

Es como el efecto de cada mudanza. Descubrimos cosas escondidas, y algunas sombras guardadas en lugares donde ni siquiera sabíamos que estaban. El cambio de año es ideal para hacer una limpieza profunda y, sin temor, dejar todo lo que ya no deseamos conservar. Observo la parte blanca del papel, donde de manera aún imposible de distinguir se irán imprimiendo las consecuencias del futuro que nace constantemente, alimentando la gran Ley Universal de acción y reacción.

Y, ¿el pasado? Es bueno hacer un repaso para aprender de las cosas hechas, tratando especialmente de revisar los errores cometidos y modificar paradigmas y condicionamientos. Consideremos que aquellos que nada aprenden de los errores y hechos desagradables que ofrece la vida, tienen probabilidades mayores de que se repitan tantas otras veces como sea necesario, hasta que se tornen conscientes.

En un ángulo garabateo el compromiso de pensar siempre solidariamente en lo que mis acciones van a generar, para mí y para el resto del mundo que habitamos. Y siempre estaré atento para que las metas no oculten a las personas.

Hasta la próxima semana y hagamos un feliz 2018.

El buen líder sabe cocinar

Foto por Gaelle Marcel

El mes pasado tuve la oportunidad de dar un curso sobre Liderazgo y Autoconocimiento en una importante Universidad de São Paulo, organizado por Anpei (Asociación de Empresas Innovadoras), en convenio con DeRose for Leaders.

Tuve el privilegio de conocer a importantes empresarios y emprendedores, con los cuales pude intercambiar ideas, conceptos, perspectivas sobre el futuro y ahondar en este mundo de relaciones humanas tan amplio, variado, complejo y fértil para nuevos paradigmas.

En un momento, durante el curso, hice referencia a que mi experiencia de líder apuntaba a la construcción de vínculos de compañerismo sincero entre las personas y que, para que eso funcione, debíamos dar el primer paso en la aproximación. Especialmente con los colaboradores que se encuentran más alejados o en una categoría inferior.

Comenté también que cuando me preguntan cómo hacerlo, doy esta respuesta: si querés ser un buen líder, entre otras cosas, tenés que aprender a cocinar.

Considero que la tarea de un conductor de grupo es facilitar la unión, la sinergia, la empatía y como resultado la confianza mutua. Y, como estamos condicionados por miles de años de vida humana a buscar alimento, solemos reducir las barreras y aproximarnos con menor desconfianza a aquel que dedicó su tiempo a preparar una comida con generosidad. Al menos, la manifiesta buena intención es un inicio, un primer paso que podrá generar una mejor y más abierta comunicación.

Sabemos que en los humanos la pulsión nutricional y la sexual son las más fuertes y, a nivel inconsciente, disparan alertas a nuestro plano emocional preparándonos para la acción. También sabemos que en el ámbito de las relaciones humanas existen fluctuaciones; todo líder debe ser consciente de que esas fricciones pueden utilizarse positivamente para motorizar ajustes y progresos o, por el contrario, ser factor de desarmonía. No pretendemos la ausencia de conflictos, pero sí desarrollar la capacidad de trascenderlos.

Una de las participantes, gerente de una multinacional, comentó que, pasados unos días del curso, tuvo que comunicar el despido a uno de sus colaboradores. Esta tarea es la más triste y estresante que debe llevar adelante un líder.

Desorientada, decidió poner en práctica esta forma de abordaje. Preparó una torta y organizó un encuentro con todos sus liderados, durante el cual comunicó la pesada noticia. El contexto, la energía del grupo y el cariño sincero permitieron transformar la situación en una despedida que no tuvo connotación de tragedia y que facilitó la transición para todos los involucrados.

Esto no significa que en situaciones similares proceder de esta manera será siempre infalible; sin embargo, considerando que a toda acción le sigue una reacción, este caso permitió comprobar que la sinceridad, el cariño y la solidaridad del líder y del grupo actuaron como una red de contención. La comida preparada por el de mayor jerarquía es un incuestionable símbolo de afecto. ¿Y si empezamos a entrenar preparando los primeros platos y compartiéndolos en estas fiestas, con las personas más queridas?

Hasta la semana próxima, ¡y un muy buen 2018!

Mis plantas, la abeja y yo

Foto por: Sam Austin

Me gusta mi casa. Entre los principales espacios que disfruto, destaco el amplio balcón que comparto con mis fieles y silenciosas compañeras, las plantas.

Son esas presencias a las que, cuando están, no damos la atención que merecerían. Y sin embargo, su ausencia sería muy notable.

En mi caso, constituyen una especie de muro divisor entre la agradable sensación de intimidad y cobijo que transmite el hogar, y la intensidad sonora de la calle con el tránsito típico de toda ciudad moderna.

El domingo pasado decidí acercarme más a ellas. Limpié sus hojas, las regué con agua fresca, les hablé, observé sus brotes y flores en distintas etapas de desarrollo. Están lindas, bien cuidadas, pero quise compartir la atención que con tanto cariño les brinda Paula, mi ayudante en los quehaceres hogareños.

Y fue en un momento en que me encontraba limpiando una de las macetas cuando una abeja, que estaba libando laboriosamente néctar de unas flores blancas, decidió posarse sobre una de mis manos. Contuve el primer impulso de agitar la mano para que se fuera y permanecí observándola y tratando de hacerle sentir que no debíamos temernos. Como si hubiera comprendido mi mensaje, luego de unos instantes decidió recomenzar su vuelo hacia otras apetitosas flores.

Me sentí muy bien, integrado, en contacto con el reino vegetal y animal. Distintas especies, diferentes niveles de evolución y todos podíamos interactuar, respetándonos y valorando lo que cada uno hacía por el otro. Las plantas generando oxígeno, la abeja llevando productos que transformará en otros que volverán también a los humanos para su consumo. Yo, que podría dar fin con rapidez a sus vidas, ocupándome de que continúen con sus ciclos y tareas.

Pensé en el lunes y lo relacioné con lo que deseaba hacer con las personas con las cuales integro grupos de trabajo. A pesar de ser de la misma especie, hay momentos en que parece ser más difícil comunicarse con los humanos que con otras formas de vida.

Seguramente lo que estoy relatando podrá parecer obvio, y todos lo sabemos; sin embargo, con frecuencia esto se olvida: ganan la ansiedad y las emociones, y se producen dificultades en las relaciones humanas.

Pongamos más atención y aprendamos cada día de la naturaleza, con el deseo de mejorar los niveles de convivencia y apoyarnos en cada emprendimiento. Debemos saber compartir espacios y desarrollar actividades considerando al otro un aliado, un compañero de tiempo, de historia humana, y no un enemigo. En la actualidad los cambios son rápidos, hay que adaptarse y generar nuevos paradigmas en las relaciones humanas. Vale la pena intentarlo.

Hasta la próxima semana.

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