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Formar es más valioso que informar

Foto por Louis Blythe

El término escuela deriva del latín schola y se refiere al espacio al que los seres humanos asisten para aprender. El espacio donde se forjan las voluntades y se proyectan las acciones.

Es el ámbito ideal para relacionar la voluntad a la esperanza: la fuerza inconmensurable de la voluntad es el fuego que templa y fortalece la esperanza de un futuro promisorio.

Las antiguas tradiciones culturales daban un enorme valor a la tarea del que enseña. Lo elevaban al status de una persona sagrada. Esta valoración se debía al conocimiento transmitido, al acto mismo de enseñar. Si se enseñaba una filosofía o rama del arte que se consideraba sagrada, por añadidura el que ejercía la tarea de transmitirla era indicado como una persona especial y como tal debía ser tratado.

En la India, la palabra guru tiene un significado muy bello: es aquel que disipa las tinieblas, en coincidencia con otras escuelas filosóficas que nos han transmitido la idea de que la oscuridad no existe, lo que existe es la falta de luz.

El maestro, entonces, es reconocido socialmente por su tarea de disipar la oscuridad trayendo generosamente la luz del saber. En esas escuelas antiguas se aplicaban algunos principios didácticos y pedagógicos de gran valor, que deberían mantenerse vigentes. Entre ellos, el principio formativo y no únicamente informativo. El docente puede hacer mucho en el desarrollo de quien aprende si logra comprometerse en la formación integral de la persona y despertar el entusiasmo de revisar comportamientos y principios éticos.

Esto requiere un compromiso del docente: instalar una coherencia real entre dichos y hechos. Como señalaba George Steiner, “la única licencia honrada y demostrable para enseñar es la virtud del ejemplo.”

Todos debemos incorporar este valioso principio de conducta, en razón que todos enseñamos, de manera formal o informal, ya sea en la familia, en las relaciones laborales, en los ámbitos de estudio. Enseñar constituye una característica humana que al ejercerla también humaniza. Seamos conscientes de ello.

A partir de allí, pondremos en marcha un movimiento de cambio que podrá ser la génesis de un mundo mejor.

¡Hasta la próxima semana!

Los cisnes negros están procreando

Según afirman los estudiosos del tema, hasta el descubrimiento de Australia los habitantes del Viejo Mundo estaban firmemente convencidos de que todos los cisnes eran blancos. Fue suficiente la aparición de una de estas aves con otro color, para echar por tierra una afirmación que se había sostenido durante siglos.

Este ejemplo de una rareza ha sido tomado como analogía para explicar o, mejor dicho, tratar de entender situaciones que ocurren en forma imprevista, que nadie logró percibir con antelación y que son de una gran importancia por cómo influyen en el mundo. Hoy, la expresión cisne negro remite a un hecho que se caracteriza por ser imprevisto, raro y de fuerte impacto.

Este tipo de situaciones existen desde hace milenios, pero es indudable que en la dinámica de nuestros tiempos se aceleran vertiginosamente.

Ante esto me pregunto si es acertado invertir una gran carga de horas para generar análisis y proyecciones estratégicas a largo plazo, cuando generalmente los analistas se basan en datos que ya están pasados de tiempo y las propias personas que los realizan aplican modalidades y lógicas incorporadas en estudios realizados a veces en décadas anteriores. Hoy, analizar datos de uno o dos años de antigüedad me brinda la misma certeza que conversar con mi abuela (si viviera) sobre los últimos adelantos tecnológicos.

Pienso que sería mucho más efectivo desarrollar una mayor capacidad de adaptación a los hechos fortuitos que seguirán ocurriendo, en lugar de gastar tantas horas en generar y administrar estudios a futuro, que tendremos que ir modificando fuera de la planificación, como consecuencia de lo sorpresivo.

Soy de la idea de mantener lo que ya me ha mostrado su eficiencia. Esta propuesta se contrapone a una tendencia a suponer que cambiar es sinónimo de bueno. En muchas oportunidades lo que funciona y ya fue probado debe ser mantenido. Podemos interpretarlo como una decisión que nos ofrece, como alternativa de cambio, el no cambiar.

Tengamos también el cuidado de filtrar la información y a los generadores de datos. La información es casi siempre tendenciosa. En cuanto a los consejeros, elijamos escuchar a los que nos muestren haber obtenido resultados concretos en el área en que aconsejan.

La cantidad de datos e información que recibimos nos confunde, formateando y alineando el pensar hacia metas que son parte de un futuro incierto y plagado de estos cisnes negros que están saludables y con ansias de multiplicarse.

De las acciones importantes que fui realizando en mi vida, las más certeras y que me permitieron avanzar hacia buenos resultados fueron guiadas por la intuición y no por un análisis de posibilidades. Es más, en varias oportunidades los analistas me recomendaban no tomar esas decisiones, porque sus previsiones indicaban que me llevarían al fracaso. No fue fácil, hubo que atravesar zonas de dudas y turbulencia, pero el resultado valió la pena.

No sugiero dejar de hacer un estudio de posibilidades y metas futuras, pero sí realizarlo como un ejercicio de visión, considerando que dentro de nuestro campo visual existen variables que no siempre observamos. Para ello, trabajar sobre el desarrollo de la capacidad adaptativa, que está ligada a muchos factores que el ser humano no siempre considera como fundamentales. Me refiero a cosas tan simples e importantes como alimentarse bien, entrenar el cuerpo de manera inteligente, reeducar las emociones, aprender siempre, administrar el estrés, elevar la capacidad de concentración y autoconocimiento.

Resumiendo, lo que quiero expresar es que debemos estar preparados, individual y corporativamente. Tener recursos para adaptarnos con rapidez a las muchas situaciones que con seguridad tendremos que enfrentar, en un mundo que cambia vertiginosamente.

Reducir las megaestructuras burocráticas, costosas y rígidas, en las cuales las decisiones de cambio son cuestionadas y se demora demasiado para modificar el rumbo.

En las estructuras verticales, permitir que estas se alimenten de conocimientos y propuestas que surjan desde abajo, enriqueciendo la toma de decisiones de las áreas de dirección.

Pensemos más en lo que viene que en lo que ya pasó. Estemos ágiles para sobrellevar la velocidad de un mundo que día a día nos anuncia cisnes negros preparándose para alzar vuelo.

Hasta la próxima semana!!!

El valor de la lealtad

Considero muy importante poseer valores. Son nuestros bordes, nuestros muros de contención para avanzar dentro de límites precisos de conducta. No diré cuáles, dado que son muy variados y cada persona debe elegirlos, sintiéndose libre de hacerlo.

En la propuesta del DeROSE Method, los conceptos son valores fundamentales para incorporar si deseamos ser mejores seres humanos cada día. La vocación de hacerlo ya hace la diferencia.

En la elección habrá factores culturales de gran influencia, muchos de ellos ligados a los hábitos que fuimos incorporando como consecuencia de nuestra educación y que, como acto de libertad y responsabilidad, tendremos que revisar para modificarlos si ya no nos identificamos con ellos.

Existe un valor que considero de fundamental importancia: la lealtad. La destaco entre otros porque no es un valor más, una virtud más, sino que por ella, para ella, hay valores y virtudes.

Como dice el filósofo André Comte-Sponville, ¿qué sería de la justicia sin la lealtad de los justos, o de la paz sin la lealtad de los no violentos, o de la verdad sin la lealtad de los sinceros?

La lealtad y la fidelidad, dos valores que mantienen cierto grado de vinculación entre sí, están ligados a la memoria. Es el compromiso de mantener vivos por medio de la memoria los acuerdos, los pactos, los juramentos, las promesas o un determinado conocimiento de valor que preservaremos con fidelidad para que no se pierda. Es darle valor a la verdad y no mentirse a sí mismo. No se trata de ser perfecto, porque nadie lo es; simplemente ser leal, comprometido y serio.

Las antiguas tradiciones recurren a rituales que impactan en el emocional del que lo atraviesa. Periódicamente esos rituales se repiten y de esa forma la memoria está impregnada y actualizada.

Y, como toda cosa que adquiere el grado de virtud, la lealtad debe ser noble y positiva. Advierto que no se trata de una fidelidad obligatoria, sino voluntaria. Es un valor que nos hace dignos y nos fortalece ante el mundo y ante nosotros mismos.

La lealtad es aplicable en aspectos muy amplios y difíciles de enumerar. Su opuesto es la deslealtad. Desleal es aquél que desaparece cuando el camino es oscuro, nos dice Tolkien. Me producen decepción y tristeza las deslealtades, especialmente cuando las observo en personas queridas o por las cuales sentía admiración.

Desde hace décadas estudio y practico filosofías antiguas y casi todas son acompañadas por Códigos Éticos en los cuales la fidelidad y la lealtad ocupan un importante lugar como principios rectores de las conductas humanas. Esto nos muestra que para alcanzar mayores grados de autoconocimiento, libertad y felicidad, esas virtudes son parte de los cimientos sobre los cuales se debe construir la persona.

La lealtad se desarrolla en la elección consciente; implica cumplir con un compromiso aun frente a circunstancias cambiantes o adversas. Reitero que la lealtad deseable no es de cualquier tipo: es una lealtad positiva, elegida y noble.

¡Hasta la próxima semana!

El desafío del relevo generacional

Foto por Thomas Brault

En el último fin de semana tuve la oportunidad de conversar con algunos jóvenes de diferentes edades, integrantes de los grupos sociales llamados Y o Millennials y la denominada generación Z.

Estos últimos son los nacidos entre 1994 y 2009, y su presencia empieza a ser más notable porque se van incorporando al ámbito laboral y comienzan a reclamar activamente su espacio en el mundo. Una de sus principales características es haber nacido con Internet y utilizar las nuevas tecnologías con tanta habitualidad como una pelota o un pato inflable en otras épocas, lo que marca su aprendizaje y sus formas de sociabilizar.

Por lo que voy observando, la mayoría atravesó junto a sus familias, crisis económicas y políticas que impactaron en su personalidad, en su lógica y en la forma de acceso a sus deseos y metas. Como consecuencia poseen una agilidad precoz para crear emprendimientos con poca inversión, estructuras móviles y relaciones jerárquicas en las que se estimula el feedback, la descontracción y el deseo de una ética más auténtica.

Dan gran importancia al cuidado del medio ambiente, la ecología, los problemas sociales y de participación ciudadana, apuntando por esta vía a cambiar el mundo desde una gran dosis de descreimiento en los sistemas de gobierno y políticos actuales.

Son muy talentosos en obtener el mayor rédito en el uso de las tecnologías y valoran la experiencia, la intuición y lo vocacional en el aprendizaje.

Percibo que estos Z suelen aplicar otro estilo de emprendedorismo, con más logros que los Millennials, quienes frecuentemente sienten un elevado nivel de frustración ante los obstáculos.

No es mi intención hacer un análisis profundo de estos jóvenes, pero sí observar que todos convivimos con distintos grupos que poseen grandes capacidades y nos ofrecen la excelente oportunidad de aprender juntos, aportando experiencias y aptitudes obtenidas en diferentes momentos históricos.

Es una oportunidad de relevo generacional promisoria, y los líderes de más edad deberán estimular la creatividad y velocidad de estas generaciones cargadas de talento, sin trabar su flujo creativo y acompañándolos para atravesar etapas de desánimo cuando los obstáculos aparezcan. Las nuevas generaciones, junto a sus muchas capacidades, poseen una frecuente fragilidad. Las generaciones anteriores suelen contar con una mayor robustez para enfrentar obstáculos.

Para los que tenemos más años, mi consejo es que conversemos de igual a igual con estos talentosos jóvenes que, utilizando otras formas, impulsan revoluciones en todas las áreas. Esta unión de talentos y experiencia será para ellos la mejor manera de equilibrar la virtualidad con una realidad que por mucho tiempo requerirá de voluntad y empeño sostenido para ser modificada.

Quien tenga la responsabilidad de conducir estos grupos reduciendo las naturales fricciones de la convivencia generacional, tendrá en sus manos la posibilidad de lograr conquistas que ni siquiera logramos imaginar.

Personalmente, me fascina la sensación de plasticidad que trae la convivencia con generaciones tan diversas.

Hasta la semana próxima!

El líder y el pintor

Fotografía por Ricardo Viana

Mi madre era dibujante y pintora. Nacida en Rosario en 1921, fue la única mujer aceptada por la Universidad de Bellas Artes de su ciudad natal, en épocas en que ellas eran objeto de fuerte discriminación para acceder a estudios universitarios, especialmente en carreras que socialmente se consideraban poco dignas para una mujer de buena familia y costumbres.

Su decisión y el apoyo de su padre hicieron posible que ingresara y lograra terminar los estudios.

Desde niño me gustaba mucho observarla en su atelier, retratando personajes diversos, con frecuencia mendigos que contrataba en la calle; ponía especial cuidado en ser fiel a las duras o variadas marcas que denotaban sus caras curtidas.

Mi madre trataba muy bien a esos modelos vivos: los alimentaba, dialogaba con ellos para tratar de conocerlos y, según me decía, “colocar en sus pinturas no solamente lo externo sino también algo de sus experiencias de vida”.

Cuando recuerdo esto, y especialmente el proceso previo de disponer los colores en su paleta, lo asocio con la preparación de la persona en cualquier actividad en la que desee avanzar y conquistar buenos resultados.

Los líderes, especialmente, se construyen mediante experiencias surgidas del acierto y el error. Para lograr liderar personas debemos conocerlas, y ese conocimiento surge de nuestras propias experiencias de vida.

Por ello, así como el pintor que cuenta con una paleta de muchas tonalidades podrá expresar en la tela variadas combinaciones y generar mejores resultados, el buen líder que amplía su mundo podrá acumular más experiencias para comprender a sus equipos. Logrará conducirlos utilizando diversos matices en su relación con ellos, tal como el artista suma gamas y tonalidades para llegar a la imagen final.

Liderar es un arte, tan complejo y cambiante como la pintura. Sujeto a las distintas tendencias sociales que van ocurriendo y a los cambios de emociones en las personas, de la misma forma en que constantemente cambian la luz o la sombra para el artista.

Sabemos que cada persona es un individuo singular y complejo al cual debemos comprender y conocer para ayudar a que desarrolle sus talentos y los sume al equipo que integra.

Así como el artista, mediante trazos firmes, va logrando aproximarse a la imagen más cercana a la realidad que observa o imagina, el líder debe lograr que su equipo comparta sus sueños y lo acompañe en el rumbo que su experiencia le indica como favorable en ese momento.

Para incrementar nuestro bagaje de experiencias tendremos que ampliar las fronteras de nuestro mundo en el trabajo. Implementar cosas creativas, como por ejemplo pasar un tiempo en la empresa de un cliente y conocer sus necesidades. Acercarnos a los líderes con más experiencia, integrar equipos multidisciplinarios, escuchar a los más antiguos y conversar con aquellos que ya se retiraron de la actividad y serán generosos por no estar ligados a intereses particulares. Conocer las necesidades y dificultades de los otros departamentos, encontrar un Mentor, liderar emprendimientos de cualquier tipo para desarrollar la capacidad de conducir, desde organizar una fiesta familiar o integrar grupos solidarios, hasta asumir la responsabilidad de un gran proyecto. Además, extender el aprendizaje a lo externo, viajando más, estudiando idiomas para comunicarnos mejor, leyendo mucho, ampliando nuestra cultura general (teatro, cine, museos, etc). Es fundamental mantener el cuerpo en buena forma cuidando la alimentación, practicando actividad física inteligente con disciplina, entrenando técnicas de concentración y meditación con miras al autoconocimiento.

En todas estas actividades conoceremos personas diversas y pasaremos por experiencias que enriquecerán nuestra capacidad de liderar grupos y tomar decisiones creativas.

Así como muchos pintan y pocos son artistas, observo a gran cantidad de personas que dirigen grupos, pero no son tantos los que verdaderamente lideran, como consecuencia de sus estrechos mundos personales.

Hasta la semana próxima.

Surfear sobre la ola de los grandes cambios

Foto por Andy Beales

No hace mucho tiempo, todavía se asociaba seguridad con empleo. En mi época de estudiante, los padres de mis compañeros les recomendaban terminar sus estudios secundarios, entrar en alguna empresa sólida y hacer carrera. La otra opción era obtener un empleo en el sector público, donde las vacantes solían  pasar de padres a hijos.

Tal vez porque mi padre era un emprendedor y mi madre una artista, me transmitieron otros mensajes y ejemplos.

En general, aquellos que lograban alcanzar ciclos terciarios o universitarios, también lo hacían mirando hacia un futuro promisorio generado por la estabilidad del empleo.

No es necesario explicar que no existe empleo seguro y que se trata de una proyección fantasiosa de estabilidad generada en caducos paradigmas culturales. La realidad va mostrando la fragilidad de esta creencia de seguridad, que va siendo reemplazada por nuevas tendencias y expectativas sociales.

Palabras tales como start-ups, emprendedorismo o inversores ángeles expresan ideas que ya predominan en el mercado y buscan hacer que los procesos complicados sean más fáciles de realizar. Son emprendimientos generados por mentalidades y personas más libres, que se enfocan en diferentes temas y usos. Generalmente, el espíritu de esas empresas está asociado a la innovación, al desarrollo de tecnologías, al medio ambiente, al diseño o desarrollo web.

Están presentes la valoración de la diversidad étnica, cultural y sexual y el culto a lo diferente en gustos y tendencias. Se busca globalizar el conocimiento y su constante intercambio, como forma de ampliarlo.

En este formato de trabajo es preciso fortalecer a los equipos y que los líderes estén más próximos a sus liderados. Hay constantes intercambios de roles y se entiende a las personas como seres integrales con necesidades diversas que deben ser atendidas. Se comparten responsabilidades y logros. Los comités son reemplazados por encargados de tareas que buscan sus colaboradores estableciendo relaciones más horizontales y flexibles.

Paralelamente, como consecuencia de la reacción que produce la acción, sectores sociales temerosos al proceso que avanza con notable velocidad, intentan oponerse de distintas maneras, demorándolo y trabajando para dividir e impedir.

En su libro Crear o morir, Andrés Oppenheimer entrevista a Vivek Wadhwa, Vicepresidente de Innovación de Singularity University en Silicon Valley. Ante la  pregunta ¿cuál es el secreto de este lugar?, la respuesta es clara: la gente. Silicon Valley no tiene que ver con el gobierno, ni con la política, ni con incentivos económicos, ni con parques científicos que requieren grandes sumas de dinero y no sirven para nada. El secreto es la unión de personas que se integra en la diversidad para compartir talentos y desarrollar la creatividad.

Siento que estamos parados en una tabla de surf, empujados por una ola de grandes cambios. El antiguo concepto de empleo seguro ya no nos sirve. La actualización y la capacidad de adaptación serán necesidades primordiales.

Es sabido que ya existen tecnologías que revolucionarán el mercado y modificarán las líneas de producción, que están siendo demoradas por el simple motivo de que no se sabe cómo reducir el impacto sobre grandes cantidades de personas ocupadas en producir bienes y servicios, que podrían ser reemplazadas por tecnologías más baratas y seguras. Por ejemplo, vehículos ya probados que no requieren de conductores, con computadoras que reemplazarían a los actuales choferes. Las impresoras 3D multi-materiales que en breve permitirán construir productos a bajo costo y directamente, desde el dueño de la patente al consumidor. Existen muchos ejemplos de tecnologías que comenzarán a ingresar al mercado generando inevitables adaptaciones para las cuales debemos estar preparados.

Mi sensación es muy positiva y refuerza mi optimista expectativa hacia oportunidades de cambio profundas en una sociedad que, naturalmente, tiende a evolucionar hacia una vida más libre, creativa y humana. Sin embargo surgirán los representantes del “lado oscuro de la fuerza”, como en la saga Star Wars, que prefieren los muros a los puentes.

¡Hasta la próxima semana!

 

 

 

Trabajar sobre lo que somos para hacer mejor lo que hacemos

En las páginas finales del libro de Umberto Eco El nombre de la rosa, que acabo de releer, se encuentra un diálogo fascinante entre el monje que cuidaba la biblioteca y el franciscano Guillermo, encargado de investigar las sospechosas muertes recientemente ocurridas en la abadía.

En ese diálogo que el autor elabora con su especial habilidad, el bibliotecario, en un estado de trance, mezcla de fanatismo y locura religiosa, prevé un desenlace apocalíptico diciendo: pero si un día se elevase la risa al nivel de arte y pareciera noble y liberal, entonces ese día desaparecerá el miedo. Nunca olvides que la religión necesita del miedo para gobernar.

Me transporté mediante la imaginación a aquellos tiempos de oscurantismo medieval, de inquisidores que condenaban por el simple pecado de reír, y lo tomo como una referencia para percibir con optimismo que la especie humana evoluciona. Es un proceso en ondas, con errores y aciertos, avances y retrocesos, pero conquistando nuevas libertades que, con certeza, nos hace mejores.

Reconocer esto es agradable y me lleva a celebrarlo, especialmente en estos días en los cuales el nuevo año comienza a gastarse con velocidad y me encuentro aguardando ansioso la llegada de mi primera nieta.

Para que llegáramos a estos niveles actuales de libertad, personas en distintas partes del mundo entregaron hasta sus vidas. Brindaron su compromiso en causas que abrazaron y por las cuales lucharon, a veces ganando y a veces perdiendo. En ese ir y venir, en el proceso de cambio iniciado, siempre se fueron conquistando terrenos nuevos.

Si lo deseamos, cada uno de nosotros puede imbuirse del deseo de superación que todo nuevo ciclo nos ofrece y despegar en busca de opciones para avanzar integralmente, en forma individual y colectiva, hacia una sociedad más humana que construya un mundo mejor.

Siempre, lo primero y verdadero es empezar por uno, instalando la vocación y el entusiasmo constante para hacer todo cada vez mejor. Que cada cosa o actitud sea la expresión de lo mejor de lo cual somos capaces. Desde saludar al vecino, conducir el auto, honrar nuestros compromisos, construir una compleja maquinaria, hasta conversar con el ser amado o preparar una comida. Ese es el primer gran paso en nuestro deseo de ser mejores personas. Me gusta decir: “trabajar sobre lo que somos, para hacer mejor lo que hacemos”.

La decisión de instalar la vocación de ser mejor con respecto a uno mismo, es una energía que permite avanzar hacia el autoconocimiento con resultados prácticos y notables. Al final de cuentas, si te interesa cambiar el mundo, tendrás que empezar por vos, ahora mismo.

¡Hasta la próxima semana!

Los líderes que sobrevivirán…

 

adaptacion-1Se le atribuye a Charles Darwin la frase “No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente, sino la que mejor se adapta a los cambios.” Esta evolución que conlleva la necesidad de adaptarnos constantemente para seguir vivos, la podemos trasladar a todos los ámbitos de la realidad, en razón de que atañe al individuo y por lo tanto a las organizaciones que construye e integra.

En 1965, el futurólogo estadounidense Alvin Toffler llamó shock del futuro a la exigencia de tener que lidiar con una realidad que cambia a una velocidad abrumadora y produce estrés y desorientación.

La mejor comprobación de la velocidad de los cambios es observar que, en la década del 60 (época del trabajo de Toffler), vivía en nuestro planeta menos de la mitad de las personas que lo habitan hoy, no existía Internet y la posibilidad de estar interconectados 24 horas por medio del teléfono celular constituía el sueño de pocos futurólogos. Recordamos esa época como un mundo lejano y sumamente lento, en comparación con la acelerada vida actual.

Muchas veces tenemos una sensación parecida a la que sentimos cuando corremos sobre una cinta en el gimnasio y, a pesar de transpirar copiosamente, estamos siempre en el mismo lugar.

Ante un mundo en constante aceleración, con perspectivas de que eso se intensifique, la pregunta es: ¿qué podemos hacer? ¿Cómo conducir la vida para que no se deterioren la salud y la productividad? ¿Qué tipo de relación debemos establecer con aquellos que lideramos?

Creo que primero es preciso entender los cambios que están ocurriendo y no renegar de ellos. No me refiero a comprender desde lo técnico, sino desde lo filosófico. Desarrollar la capacidad de aceptar el presente, como plataforma necesaria para comprender mejor el futuro. Además, potenciar nuestra capacidad de flexibilidad y adaptación, para avanzar hacia una realidad social y empresarial que disuelve los paradigmas como si fuesen volutas de humo.

Mi experiencia me dice que los líderes que sean adaptables, flexibles, intuitivos, éticos, veloces en la toma de decisiones y que logren establecer vínculos humanos y desde el afecto con sus liderados, serán los que tendrán más posibilidades de fortalecerse y sobrevivir, tal cual lo anunciaba Darwin.

Para lograrlo, es necesario abrir la puerta del aprendizaje, de la reflexión, del desarrollo de la intuición con miras al autoconocimiento. En el entrenamiento, la indagación filosófica, la visión naturalista y la percepción certera de la realidad está la compensación necesaria para mantenernos integrados, felices y fuertes en este exigente mundo que nos toca compartir.

¡Hasta la próxima semana!

Ah, el precioso tiempo.

tiempoSubo al ascensor y observo a un vecino con el cual comparto el breve viaje de tres pisos que nos separa de la planta baja.

Como todas las veces en que bajamos juntos, antes que la puerta se cierre lo observo pulsando el botón de planta baja, insistentemente, varias veces. Seguramente no debe ser el único que piensa que, haciendo esto, el ascensor llegará más rápido. Lo deduzco, cual Sherlock Holmes aficionado, porque las letras de ese botón están casi totalmente borradas, probando que otras manos ansiosas las gastaron pulsándolas con frenesí.

Llegamos. Mi vecino sale con torpeza del ascensor dejándome con un saludo a medio camino, que él no alcanza a escuchar porque en su mundo yo no existo. Su objetivo es cruzar la puerta de salida con premura. Sortea con dificultad a una anciana que intenta avanzar lentamente impidiendo su paso, y se aleja mascullando improperios.

Esta escena se repite diariamente, en distintos horarios, con el mismo estilo y a veces con otros actores. Torpeza, ansiedad y malos modales son un factor común.

Todos nos cruzamos cada día con personas que no administran el tiempo, sino que son presas de él. En la actualidad, disponer de tiempo es muy valioso, especialmente en la vida que se desarrolla en grandes urbes. En las culturas en las cuales predomina el reloj, se convierte en mercancía codiciada por todos: time is money, repiten los ingleses con su pensamiento pragmático.

Por el contrario, en culturas donde el tiempo está ligado a los acontecimientos, es un bien no tan relacionado con el dinero sino con la experiencia. Antiguas civilizaciones lo medían en base a la duración de lo que veían ocurrir en sus vidas: salida y puesta del sol, duración del brotar de las plantas que sembraban, cuánto duraba un viaje, las estaciones del año o la gestación de un hijo.

Jorge Luis Borges, en su cuento “El jardín de  senderos que se bifurcan”, nos habla de… una serie infinita de tiempos, en una red creciente de tiempos paralelos, divergentes y convergentes… No existimos en la mayoría de estos tiempos, en algunos existe usted y no yo…; en otros existimos ambos… ¿Por qué imaginar una sola serie de tiempo?

Estoy seguro de que no existe una sola serie de tiempos, y también coincido con que es algo extremadamente valioso; es por eso que lo celebro disfrutándolo.

Es algo similar a comprar el helado más rico que exista y en lugar de colocar mis sentidos en el disfrute e intensificar el placer que me produce su sabor, sentir una especie de culpa por el tiempo que estoy “perdiendo”. Esa actitud me aleja de toda fuente de placer.

Conozco personas que hacen listas, utilizan timers, sistemas diversos, planillas, agendas varias y terminan gastando tiempo precioso para alimentar sus excesivos sistemas de control del tiempo, que terminan apresándolos.

Sepamos manejar la dimensión temporal del presente que constituye la conversación con el amigo, el tiempo brindado al ser amado, el momento de la lectura o de reflexión en la soledad, sin perder de vista el horizonte y la construcción o meta que deseamos realizar. Valga la redundancia, sin perder el tiempo.

Sin embargo, me permito darles un consejo: que nunca las metas oculten a las personas.

Hasta la próxima semana!!!

 

 

Papá Noel nos visitó…

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Los Emprendedores de DeRose Method viajamos mucho. Somos como abejas polinizadoras que llevan y traen mensajes, valijas colmadas de regalos, material didáctico y toneladas de cariño. Una especie de viajeros que unen, agregan, suman, potencian, fortalecen y esparcen un mensaje que sigue reproduciéndose como un virus positivo y constructivo.

Es cansador viajar con frecuencia, pero es muy gratificante visitar a tantos amigos. Establecer ese compromiso de reciprocidad de ser huéspedes y saber que pronto seremos anfitriones. No hay cansancio que pueda sofocar la hermosa sensación de reencontrarse con aquellos que eligieron formar parte de esta aventura gregaria.

Dentro de nuestra Red de escuelas se estimula a los estudiantes y emprendedores a conocer el mundo, a ver nuevas realidades, modificar condicionamientos y crecer culturalmente.

El mayor exponente de viajero incansable es nuestro querido DeRose, a quien esta última semana tuvimos el privilegio de recibir en Buenos Aires, como a un verdadero Papá Noel.

Tal como ocurre cada vez que está presente nuestro líder, se generaron múltiples actividades de intercambio. Su presencia actúa como catalizador positivo y produce movimientos en torno a su persona. Su visita nunca pasa desapercibida: produce movimiento, oleadas de conocimiento, cambio de paradigmas, reflexión y, como siempre, esa sensación agradable de cariño y familia.

Las diversas actividades tuvieron un factor común: en todas predominó el festejo del reencuentro, el abrazo sentido, la mirada brillante, la comida ofrecida con cariño, el paseo compartido, las charlas, los proyectos, los sueños, muchas sonrisas y una fuerte voluntad de enseñar, aprender y mejorar. Considerando la fecha, puedo decir que se manifestó un auténtico espíritu navideño.

Observé amigos trabajando juntos, apoyándose, confiando mutuamente y con la firme vocación de vivenciar un estilo de vida que nos representa y del cual somos generadores y participantes. Otros, en su fase de estudiantes, plenos de algarabía y con sed de aprender, mostraban su interés para concretar sus estudios y sumarse profesionalmente como docentes y emprendedores.

Esta realidad nos muestra que nuestra propuesta de alta performance y reeducación comportamental no es una utopía, es un movimiento concreto que se expande y cría raíces como tendencia inspiradora para muchos, especialmente para los jóvenes.

Soy un convencido de que cuando uno se enamora de algo más grande, los esfuerzos cotidianos adquieren una dimensión pequeña. Placer y trabajo pueden combinarse perfectamente. Lo que se hace día a día pasa a ser la gratificación y el bálsamo que nos devuelve las fuerzas para comenzar cada mañana.

Feliz 2017 y hasta la semana próxima.

 

 

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