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¿Jesucristo o Pantagruel?

fotopantagruelLas fiestas navideñas y de Pascua constituyen importantes celebraciones de la tradición cristiana. Tienen -entre otras- una característica principal: el exceso de comidas y bebidas. Pareciera que, en lugar de la recordación cristiana que celebra el nacimiento o resurrección de Jesús, el festejo se inclina hacia una marcada evocación de Pantagruel y Gargantúa, los personajes de Francois Rabelais. Este autor, con especial humor, narra la historia de dos gigantes totalmente diferentes de los malvados ogros que formaban parte de los clásicos relatos de su época. En este caso, se trataba de dos gigantes glotones y bonachones.

En nuestras tradicionales evocaciones, unos más y otros menos, los festejantes se vuelcan hacia mesas atiborradas de alimentos diversos, elaborados tanto con cariño y esmero como con excesivo tenor graso.

Además de las comidas, se incluyen todas las variedades de típicas golosinas, dulces, frutos secos, tortas, panes dulces, turrones y otras delicias de origen más comercial que tradicional, destacándose en la celebración de Pascua los clásicos huevos y animalitos de chocolate.

Las bebidas hacen lo suyo: cantidades abundantes de glucosa son transportadas por los torrentes de bebidas gaseosas, y el alcohol muchas veces transforma el centro de gravedad en un columpio en movimiento.

No estoy en contra de las celebraciones, es un momento de encuentro, de alegría, de placer social, y es bueno dejarse llevar por todo esto, que ayudará al abrazo sentido y cariñoso con los seres queridos y al recuerdo posterior.

Pero pasado el tiempo de festejo, es el momento de dar un poco de descanso a nuestro cuerpo, que ha sido sometido a excesos diversos y acumula secuelas que muchas veces se perciben en los días sucesivos.

Lo ideal sería iniciar unos días de limpieza orgánica mediante el consumo de frutas, que además de proveer agua y minerales, estimulan la depuración orgánica.

Para los que tienen una voluntad más poderosa, es recomendable un ayuno de 36 horas. Esto es muy fácil de hacer: podemos comenzar no cenando, pasar el día siguiente bebiendo mucha agua mineral, y luego de dormir esa noche, iniciar el próximo día comiendo algunas frutas frescas (no ácidas), para gradualmente volver a nuestra alimentación habitual. (Consejo: hacer esto en un día de plena actividad. Realizar un ayuno en domingo será triste y antisocial.)

¡Hasta la próxima!

La sonrisa inteligente

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La sonrisa se remonta más lejos en la Prehistoria que cualquier antepasado que vagamente se asemeje al homo sapiens. La sonrisa nerviosa y fugaz del monito retozando, la ancha sonrisa del chimpancé que se dispone a gestar una broma pesada, la primera sonrisa reflexiva del bebé humano a su madre, todos estos gestos son recuerdos de un antiguo linaje.

En las esculturas griegas observamos cómo estos modelos, barbados o lampiños, con peinados o uniformes diferentes poseen algo en común: los labios curvados, formando una sonrisa. Tal vez la denominada “sonrisa arcaica” que intenta simbolizar un destello de divinidad presente en el hombre feliz.

La ciencia nos dice que la tendencia tan humana de mirar hacia el futuro con optimismo descansa en lo profundo del cerebro. Investigadores de la Universidad de Nueva York identificaron una red de circuitos cerebrales que se activa cuando nos imaginamos viviendo una vida larga, sana y plena de logros.

“Nuestros resultados sugieren que mientras el pasado está cerrado, el futuro está abierto a interpretación, lo que permite a las personas tomar distancia de posibles eventos negativos y acercarse hacia aquellos que son positivos”, conforme el informe publicado por los científicos del Phelps Lab de la Universidad de Nueva York.

El equipo de científicos sometió a un grupo de voluntarios a estudios de resonancia magnética funcional, para examinar sus cerebros mientras se les pedía que se imaginaran a sí mismos en futuros eventos como “ganar un premio” o “terminar con una relación amorosa”.

En esta complejidad de elementos que se ponen en funcionamiento ante lo positivo, la sonrisa es la llave que da inicio a una secuencia de reacciones en cadena.

La sonrisa aproxima, conecta. Es alivio y genera el bienestar del buen humor. Y el buen humor es lucidez, es una forma de inteligencia que nos hace reír de todo a condición de que en primer lugar logremos reírnos de nosotros mismos. Como la autocrítica del gran Woody Allen, que con sutil ironía nos dice: “de lo único que me quejo es de no ser otro”.

 

El arquero y las emociones

Cuenta una historia que un viejo Maestro en el arte de Arquerola arquería pidió a un discípulo que mostrara sus progresos lanzando una flecha a un blanco. El discípulo disparó con gran puntería la flecha, que impactó en el centro del blanco. Rápidamente lanzó otra, que se insertó en la anterior abriéndola por la mitad.

Con una sonrisa de burla y superioridad, se dirigió al Maestro, le preguntó qué le parecía y lo desafió a que lo hiciera mejor.

El Maestro no se inmutó; le pidió que lo acompañara. Subieron una cuesta y llegaron a la cima de una montaña en la cual había un estrecho tronco que cruzaba sobre un interminable precipicio. Una especie de precario puente de conexión hacia la montaña siguiente.

Entonces, el Maestro solicitó al alumno que repitiera la prueba ubicado sobre ese árbol que funcionaba como puente. El discípulo dudó, pero ante la insistencia del Maestro avanzó sobre el puente que oscilaba por efecto del viento. Lanzó varias flechas, sin que ninguna diera en el blanco.

El Maestro le pidió al discípulo —que transpiraba y temblaba como consecuencia del miedo— que retornara. Una vez que el joven estuvo en tierra firme, el Maestro subió al precario puente, tensó el arco y lanzó una certera flecha que dio exactamente en el centro del blanco. Y de inmediato, dos flechas más que también dieron en el blanco con total precisión.

Sonriente se acercó al discípulo, que lo observaba avergonzado, y le dijo con voz firme: el dominio de la técnica al lanzar la flecha y dar en el blanco en condiciones ideales no revela que te estés superando como ser humano, es apenas una pequeña parte de tus capacidades.

Superar la dispersión causada por las emociones es lo verdaderamente importante para poder aumentar nuestra capacidad de enfocarnos y conquistar nuestros objetivos.

Cuidemos la lengua…

ImprimirDesde niño tuve la costumbre de prestar especial atención a las partes del cuerpo y analizar sus funciones, su importancia, e incluso transformarlas en imágenes simbólicas.

Pensemos, por ejemplo, en la lengua: al tímido o vergonzoso se lo acusa de que un gato se la comió, a quien ostenta una actitud crítica se le dice que tiene la lengua “afilada”, como si se tratase de una espada. Para aquél que la usaba alertando sobre actitudes que molestaban a los déspotas o tiranos, la solución era cortársela, como una forma ejemplar de anular las palabras desestabilizantes.

El célebre Eclesiastés dejó esta frase: Muchos han caído bajo el filo de la espada, pero no tantos como han caído por obra de la lengua.

La lengua es especialmente indómita, como dice Thomas Adams: el ojo, el oído, el pie, la mano, aunque sobradamente bravíos e ingobernables, han sido domados, pero no hay hombre que dome la lengua.

En los humanos la lengua carece de algunos talentos que tiene la de los animales, pero en cambio ha originado otra función primordial: el lenguaje.

La lengua acerca o aleja, nos sirve para proporcionar placer carnal o degustar el más sabroso de los platos. Está allí, todo el tiempo, trabajando para conectarnos o como un arma mortal elaborando flechas que alcanzan los puntos sensibles de cualquier otro.

Se habla tanto y se dice tan poco. Recuperemos la lengua, el lenguaje, la palabra escrita o lanzada como sonido, entendiendo su inmenso valor. Cada palabra proferida seguirá produciendo una vibración, que tanto puede ser similar a la que dejan los colibríes que besan las flores a la francesa, como a los turbios sonidos generados por el lado oscuro de la fuerza.

Valoremos la palabra, usándola con responsabilidad. Al final, ha tenido a su cargo la comunicación a lo largo de toda la historia. Tal vez, si comenzamos a usar buenas palabras, a hablar más de ideas y menos de personas, habrá muchos oídos abiertos para escucharlas. Y el mundo podrá entenderse…

Que tengamos un 2016 pleno de buenas palabras, vibrantes, sinceras y constructivas, que estimulen el placer de escucharnos.

Los animales son nuestros amigos. No te los comas…

Hace unos años, me encontraba circunstancialmente en una ciudad del interior de nuestro perros y gatospaís. En esa oportunidad una persona amiga, conocedor de mi sensibilidad hacia la protección de los animales, me invitó a participar de la fiesta de aniversario de la Asociación Protectora de Animales de esa localidad. Acepté sin dudarlo y con el deseo de poder colaborar con la Asociación.

Al llegar a la fiesta, me recibió el presidente que era quién me había invitado y recorrimos el lugar. Llegamos a un amplio patio en donde se apreciaban grandes parrillas y asadores laboriosos que transpiraban sobre el fuego para cocinar variados tipos de animales que serían las atracciones especiales del festejo. Grandes cruces mostraban sobre el fuego a corderos y cerdos cocinándose a fuego lento mientras en las habituales parrillas se doraban largas filas chorizos y morcillas. Me sentí impresionado… tomé del brazo a mi amigo y lo invité a acompañarme hasta un letrero en donde se anunciaba que estábamos en la Sociedad Protectora de Animales.

Señalé el cartel indicador y le pregunté: perdóname, pero esta es una entidad dedicada a proteger la vida de los animales, ¿verdad? ¿De cuáles? ¿De los que no se comen?…

Mi amigo me miró, y en voz muy baja me respondió diciéndome: Tenés razón, es un poco incoherente, pero así logramos que las personas participen.

En más de tres décadas de no comer carne y sus derivados, fui encontrando distintas formas de resistencia por parte de las personas que sí la comen y que por paradigmas o simplemente por hábito no se abren a otras posibilidades. Al viajar a otros países con culturas gastronómicas diferentes, pude comprobar que la alimentación es predominantemente un hecho cultural y social y que existen diversas opciones que no incluyen las carnes en sus dietas, negando la afirmación que su ingesta es imprescindible para estar bien nutrido.

Me marcó esa historia y me hizo pensar en la frase de Paul McCartney: si los mataderos tuvieran paredes de cristal todos dejaríamos de comer carnes.

Tal vez sería una buena excursión para el próximo fin de semana visitar un frigorífico o matadero y después decidir de qué deseamos alimentarnos.

 

Conceptos sobre liderazgo

Lider involucrado

Existen muchas formas de conducir grupos humanos y opiniones diversas  acerca del tema. Conduzco personas desde hace décadas y puedo alertar que  los  tiempos han ido cambiando, las necesidades sociales e individuales son  otras y esto nos obliga a replantear las formas de liderazgo.

El hombre actual no se satisface únicamente con el beneficio económico;  requiere sentir que está participando de un proceso que lo incluye. Necesita  sensaciones que beneficien su autoestima, su percepción de realización personal, y esto lo proyecta hacia logros futuros.

Desde mi experiencia liderando grupos diversos, me permito sugerir que lo primero es dejar de lado la imagen del líder duro y rígido, que marcaba constantemente el poder de su posición intimidando, dando órdenes y aplicando castigos a los que no se sometían a sus directivas.

Un líder que aplique esta manera de conducción, estará indefectiblemente condenado al fracaso en la obtención de las metas, como así también en su evolución como conductor. Y, lo que es peor, quedará solo y aislado totalmente.

Hoy es necesario generar confianza. Ya no podemos pensar en mandar sino en persuadir. En lograr una sinergia de los integrantes del equipo de colaboradores. El líder debe ser un facilitador que descubra los talentos y capacidades de sus comandados para que sumen esas capacidades a la tarea y todo el grupo interactúe en un aprendizaje circular que irá creciendo como un espiral ascendente.

Deberá cuidar y atender las necesidades de los coworkers, estableciendo relaciones humanas de confianza, apoyo recíproco, interés en la tarea y evolución personal. A su vez el grupo de colaboradores debe involucrarse en todo sentido, aportando sus energías físicas, emocionales y mentales en pos de un fin determinado que constituye su norte, su objetivo.

Entre los muchos elementos que debe compartir el líder con su equipo se encuentra la información. Existen quienes, por temor y con el deseo de preservar su lugar de poder, no pasan la información a los demás, marcando una diferencia de conocimiento que lo único que va a generar es un empobrecimiento de los resultados y el desinterés de los colaboradores. La información es combustible y como tal debe llegar al grupo, para transformarse en energía creadora.

Hoy tenemos herramientas tecnológicas que facilitan el flujo de información, pero no debemos dejar de lado frecuentes encuentros personales, en los cuales la mirada, el abrazo y la palabra sincera fortalecen vínculos que son la llama que forjará la unión verdadera.

Esto no significa que todos deban amarse en profundidad. Se trata de generar vínculos de unión, de respeto, de alianza estratégica e inteligente que se colocarán por sobre las diferencias emocionales, a fin de llevar adelante una planificación estratégica y la concreción de metas y resultados establecidos como directriz por el líder.

Otro elemento poderoso que solidifica la unión del grupo y lo enaltece son los valores. Debemos lograr que predominen la ética, la verdad, la solidaridad y la aplicación de conceptos básicos de ciudadanía, tolerancia y buenas maneras. El líder debe ser ejemplo coherente de ello, esforzándose constantemente, permaneciendo disponible las 24 horas y capacitándose siempre. Tendrá que seguir creciendo como ser humano y compartiendo su conocimiento con los demás.

Para ello recomiendo usar más el “nosotros” y muy poco el “yo” como manera de pensar, ser, sentir y expresarse. Esto permitirá al líder mantener su lugar y la aceptación de sus comandados. Preservará la autoridad obtenida como consecuencia, y no únicamente por el poder que le fue asignado.

Recordemos que la autoridad surge de la aceptación por parte del grupo, que lo reconoce como el más capaz para conducirlos. El poder, en cambio, es muchas veces recibido por circunstancias que no son inherentes a la capacidad del que lo posee.

Insisto con la tarea de compartir información porque genera aceptación, agradecimiento, y libera una energía que irá multiplicándose en forma exponencial.

La tarea del líder implica una gran responsabilidad, porque el grupo de liderados recibe de él e incorpora conductas que pasan a ser propias. Esto parece difícil, pero se torna fácil si se es sincero y, como consecuencia, proporciona una gran felicidad, en virtud de que es una forma de docencia progresiva, un vínculo de ida y vuelta entre los integrantes del equipo.

Por ello, recordemos que, si queremos desempeñarnos como buenos líderes, debemos intentar construir nuestra mejor versión como seres humanos. ¡Trabajar sobre lo que somos para hacer mejor lo que hacemos!

 

 

El poder de la virtud

Cuando se menciona laplatón y discípulo palabra virtud, parece conducirnos a un terreno de poca practicidad. A la mayoría le trae reminiscencias de filósofos y culturas antiguos, en los cuales las especulaciones teóricas buscaban dar respuesta a las inquietudes existenciales. En nuestro tiempo de velocidad y creciente ansiedad por alcanzar resultados rápidos, no parece algo que interese demasiado.

Sin hacer juicios de valor comparando tiempos pasados y presentes, siento la necesidad de rescatar con urgencia la importancia de las virtudes, analizándolas desde una visión pragmática y superadora para aquél que las incorpora a su vida cotidiana.

Tengamos en cuenta que virtud deriva del latín virtus y significa conjunto de cualidades propias de la condición de hombre. También fuerza, vigor o valor, y como sentido derivado, perfección moral.

Si partimos de la etimología de la palabra podemos deducir que incorporar y sostener una virtud es un acto de fuerza y valor que colocará al que se conduce de forma virtuosa por encima de las situaciones cotidianas que debe enfrentar. Puedo aseverar por experiencia propia que vivir y relacionarse respetando valores y conceptos virtuosos generará menos complicaciones en nuestros días.

¿Cómo podemos definir las virtudes que son propias de las cosas y de los hombres? Trataré de ejemplificarlo basándome en una inteligente comparación de André Comte-Sponville al decir que la virtud de un cuchillo es cortar bien, independientemente de la mano que lo sostenga o del objeto que pretenda cortar… ¿Y qué pasa con nosotros, los humanos?

Bien, este es el punto. Debemos diferenciar el hecho biológico de ser homínidos del hecho cultural y comportamental de ser humanos. Nuestro compromiso es avanzar hacia la humanización, y para ello precisamos incorporar valores esenciales que nos diferencien como especie y que, al comportarnos dentro de esos parámetros, nos permitan evolucionar individual y colectivamente, además de facilitar la convivencia.

Ya Aristóteles nos enseñaba que vivir dentro de los valores y virtudes es una disposición a hacer el esfuerzo para conducirnos bien. Sin embargo, estemos atentos para comprender que no se trata de un concepto teórico, sino de una incorporación práctica de esa disposición en cada cosa que realicemos.

Ya la disposición para hacer el esfuerzo de ser mejores marca una actitud positiva que influirá en nuestras conductas y, por consecuencia, en todos aquellos que integran nuestro entorno social.

Algunos pensarán que es una propuesta ingenua, presuntuosa o incluso mentirosa. Sin embargo, hay pocas cosas más gratificantes que ver a un hijo o a un alumno asumiendo actitudes virtuosas, y sentir la satisfacción de haber logrado transmitir valores por medio del ejemplo y la convivencia. Vale la pena, seremos más felices, más libres y humanos.

Edgardo Caramella

Consultor en Alta Performance

Método DeRose

Contruir la propia historia

picasso-libertadEl comienzo de este escrito fue consecuencia de la motivación que generó en mí una lacónica frase atribuida al célebre y discutido Charles Darwin: “la historia se repite”. Un pensamiento que nos invita a iniciar reflexiones profundas y como consecuencia, elecciones que podrían generar estados de mayor libertad y felicidad.
Si observamos nuestra vida y la de aquellos que integran nuestros círculos más próximos, podremos reconocer con facilidad que actuamos por imitación. Copiamos habilidades, gestos, formas de comunicarnos, lenguaje, maneras de festejar, de alimentarnos, de reaccionar emocionalmente ante las circunstancias y una incontable cantidad de otras posibilidades.
Una de las explicaciones que me genera este análisis es que la propia cultura nos disciplina y sin percibirlo, creemos que hacemos elecciones cuando en realidad procedemos en base a modelos establecidos que se vienen repitiendo de acuerdo a regiones geográficas, costumbres familiares, raciales, culturales, religiosas, etc.
Estos estilos o hábitos de vida, crean paradigmas muy fuertes, al punto que salirse de ellos significa la condena por parte de la mayoría. La sociedad generalmente percibe esta rotura del molde pre establecido como algo incómodo y muchas veces desestabilizante.
Esta generalización de los comportamientos, reprime la creatividad y principalmente va horadando lentamente la libertad. Esta necesidad inherente a todos los seres vivos puede reprimirse o tolerarse por un tiempo, hasta que finalmente comienzará a producir una sensación visceral de inevitable infelicidad. Lo más triste es que condicionados por los fuertes paradigmas adquiridos, no se suele relacionar la infelicidad a la restricción de libertades.
Thomas S. Kuhn en su extraordinario libro La estructura de las revoluciones científicas nos revela como la propia ciencia analiza las investigaciones bajo la influencia de sus paradigmas temporales. También Erwin Schrödinger,premio Nobel de Física se pregunta en su libro Mente y Materia si existe un mundo real que podemos distinguir de las imágenes que la percepción inyecta en nosotros o este mundo podrá ser muy distinto al que percibimos.
Estimado lector, tome este análisis como un mensaje de alerta para que se observe y analice el lugar en el cual se encuentra, su momento de realización, lo conseguido hasta hoy, su historial, sus deseos y si lo tuviera, su proyecto de crecimiento y conquistas futuras. No hay forma de proyectarse hacia el futuro si no logramos un cierto grado de autoconocimiento.
Edgardo Caramella

De ojos y percepciones…

OLYMPUS DIGITAL CAMERAPor circunstancias que no siempre tienen explicación, ayer amanecí viendo manchas y líneas que aparecen entre el objeto observado y mi ojo izquierdo. Según el diagnóstico de los médicos que me asistieron se solucionará con gotitas, reposo y paciencia.

Mi sabia abuela Eleonora solía repetir una frase que nunca supe si era propia o ajena, pero cargada de pragmatismo: “mientras la naturaleza cura la medicina entretiene”.

Y así ando estos días, tratando de observar el mundo a través de las variadas y extrañas formas que me devuelve mi ojo, transformado en un túnel caleidoscópico. La primera reflexión es comprobar que las cosas pueden ser extraordinariamente diferentes para cada observador, de acuerdo al filtro que se interpone entre lo observado y el ojo que observa.

La dependencia que tiene el cerebro de estos pequeños órganos inspira las más intrincadas ideas simbólicas, y constituye una fuente de inspiración para entrar al plano metafórico.

El ojo es el Rey. Deberíamos degradarlo para jerarquizar cualquier otro sentido. Descartes expresó que toda la conducción de la vida depende de nuestros sentidos, de los que la vista es el más noble y universal, y mucho antes Leonardo Da Vinci le rendía honores, diciendo que es el ojo, denominado la ventana del alma, el principal medio para apreciar la forma más completa y profusa de las infinitas obras de la naturaleza.

Los ojos son el espejo del alma, nos dice la expresión popular. Tal vez por ello, conscientes de este reflejo del fulgor interior, muchos prefieren ocultar sus hipocresías habituales cubriéndolos con la impersonalidad que brindan los anteojos oscuros.

Concuerdo con Italo Calvino cuando afirmaba que contemplar tus propios ojos no es nada fácil; sin embargo, como cualquier situación, trato de utilizarla para entender y aprender nuevas cosas. Todo es tan vasto y desconocido en la fascinante experiencia del autoconocimiento que, si lo ejercitamos, nos convierte en incansables intronautas.

La concentración y la meditación son herramientas valiosas para desarrollar otras capacidades poco exploradas.

Como nos anunciaba el inspirado Salvador Dalí, eterno viajero a otras dimensiones: Mientras estamos dormidos en este mundo, estamos despiertos en otro.

Edgardo Caramella

Consultor en Alta Performance y Calidad de Vida – Método DeRose

 

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