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El valor del tiempo

Ganar-tiempo

Es habitual que cuando algún bien comienza a escasear, su valor aumente en forma proporcional a la demanda. Esta realidad puede aplicarse no solamente a mercaderías y servicios, sino también a elementos más sutiles.
Observemos lo que ocurre con el tiempo. Menos tangible en comparación con objetos o elementos de la dimensión física, constituye sin embargo un elemento que marca nuestras vidas de manera sustancial.
Como decía Borges, el tiempo es la materia de la cual he sido creado. Y el genial escritor no se equivocaba en esta afirmación, porque somos eso: tiempo. En ese transcurrir del tiempo está nuestra obra, nuestro aporte, nuestro existir y también el legado que dejamos cuando el nuestro se agota. Por eso es tan valioso saber administrarlo, gastarlo de manera constructiva, saber que es un bien muy preciado, fugaz, y la base sobre la cual se edifica nuestra vida.
Es evidente que el tiempo se ajusta a las diferentes percepciones que cada uno tiene sobre él. Esta diversidad de interpretación es una construcción humana que influye de manera muy importante sobre la vida individual y colectiva. Cada persona tiene su tiempo, sus pausas, sus ritmos, y debemos saber relacionarnos dentro de esa gama de percepciones diversas.
En Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll, leemos: –¿Podrías caminar un poco más rápido?– le dijo la merluza al caracol–. Hay un pulpo cerca de nosotros y me está pisando la cola.
Cuando predomina el reloj, el tiempo es una mercadería muy valiosa. La frase atribuida a Benjamin Franklin lo establecía claramente: el tiempo es dinero. En cambio, en culturas donde los acontecimientos establecen el tiempo y su valor, el comportamiento general es más flexible y las relaciones humanas ocupan un lugar preponderante. Tiempo y dinero se miden en forma separada.
Considero importante administrar correctamente el tiempo, no perderlo por falta de concentración o por su utilización en actividades poco fecundas. Podemos incorporar un “ritmo” productivo, con resultados eficaces y sin excesivo estrés, si aprendemos a hacerlo.
En ámbitos laborales, por ejemplo, es posible evitar la palabra urgente –que predispone a generar cuotas exageradas de adrenalina¬– si cada uno establece una relación con el tiempo más consciente, lógica y constructiva.
El Método DeRose nos brinda herramientas efectivas para entrenar la administración del tiempo, partiendo de una clara percepción que necesitamos incorporar: trabajar sobre lo que somos para hacer mejor lo que hacemos.

Edgardo Caramella

Consultor en Alta Performance – Método DeRose

Mirando miradas!!!

Siempre me llamaron la atención los ojos. Los hay brillantes, limpios, encendidos… también opacos, sin luz, distraídos… Y me detuve a pensar en la importancia de la mirada.

Y empezaron a llegarme borbotones de ellas, de ojos enamorados, sorprendidos, entristecidos, pasmados o pícaros. Expresivos o apáticos, vitales o sin brillo…

Y también me llegan alusiones que sobre los ojos, distintos autores, en textos o por variadas situaciones expresan palabras sobre la importancia de estos órganos… a la vía maravillosa de comunicación que encontramos a través de la simple mirada, o el arqueamiento de una ceja.

Una expresión en verdad intensa requiere la cooperación de los ojos. Mirar con fijeza y fulgor transmite poderosos mensajes.

En la mitología griega la Gorgona Medusa,  hermana mortal de Esteno y Euríale convertía en piedra a todo aquel que la mirara a los ojos. Si lo sabría Perseo que tuvo que valerse del reflejo de la Gorgona en su escudo para acercarse lo suficiente y decapitarla.

O el famoso Leonardo DaVinci, cuando se refería al ojo como la ventana del alma. Y San Mateo, cuando expresaba que el ojo era… la luz del cuerpo…

Y entonces, veo ojos, reveo miradas y comparo tantos conocidos, lindos, llenos de luz y que en poco tiempo se tornaron grises, apagados, desprovistos del brillo que la vida enciende. Me entristece…

Vuelvo a examinar las lindas miradas de los alumnos, de los colegas y no es casualidad.

En todos se ve la vida que brota, la llama que brilla, el Eros que se enciende e ilumina.

Ah, que fórmula maravillosa. Y miro mis ojos en el espejo y agradezco con felicidad. Y me comprometo a seguir enseñando esta cultura para que se enciendan muchas miradas…

Edgardo Caramella

Consultor en alta performance – Método DeRose

El mejor momento

gestion-tiempo  El tiempo es algo difícil de encasillar en una consideración.        Intangible, fugaz, relativo, valioso, flexible, ambiguo… Podríamos compararlo con un ave, que eternamente vuela.
El hombre, ha logrado medir el tiempo mediante tecnologías diversas y paradójicamente, como una venganza de quien no quiere ser apresado, el tiempo es quien ahora domina al hombre.
Regulado por el reloj, se ha transformado en una mercancía de mucho valor. Algo lineal y mensurable como en algún momento de la historia definió Benjamín Franklin al decir el tiempo es dinero.
Desde hace décadas se trabaja contra reloj, sin embargo, definiciones del recordado filósofo Heródoto ilustran una diferencia conceptual sobre el tiempo y la actividad productiva: decía el historiador de Halicarnaso que en aquellas épocas se medía al tiempo por lo que el sujeto producía y no lo contrario.
Como vemos, el tiempo es fugaz, vago, impreciso y de difícil captura. Con una clara apreciación, el genial Albert Einsten ejemplificaba: …cuando te sientas dos horas junto a una muchacha agradable, te parecen dos minutos. Cuando te sientas dos minutos sobre una plancha caliente, te parecen dos horas. Eso es la relatividad.
Este análisis del tiempo y su valor, me conduce al valioso momento especial para la comunicación. El instante preciso para interferir en la vida del otro. Puede ser por medio de una caricia, un abrazo, una mirada expresiva, una palabra aleccionadora, un llamado de atención, un consejo o tantas otras posibilidades como diversas son nuestras maneras de comunicarnos. Lo importante es sentirlo, tener la sensibilidad de percibir cuándo el receptor está permeable a aquello que estamos generando y transmitiéndole.
De nada valdrá insistir, y mucho menos si recurrimos a la agresión, la fuerza o la violencia. El receptor se bloqueará y construirá la más inexpugnable coraza que consiga. Como un antiguo fuerte medieval, levantará sus puentes levadizos, cerrará sus portalones y tratará de defender su posición con energía, sin analizar la naturaleza de lo que su paradigma está considerando un ataque.
Por ello, debemos desarrollar la sensibilidad del conocimiento correcto. De conocer al otro, de comprenderlo imaginando que somos él y descubrir qué siente.
En mis años de liderar grupos humanos, descubrí el valor del “mejor momento” para establecer contacto y lograr la verdadera comunicación. ¿Sabemos comunicarnos o estamos condicionados a imponer nuestras opiniones a ultranza? Para empezar, lo mejor es bajar la ansiedad y la emocionalidad que producen las elevadas expectativas. El paso siguiente, administrar la palabra que brota de nuestra garganta, alimentada por condicionamientos que impiden la certeza del análisis correcto.
Muchas veces habrá que aguardar el momento ideal. Otras, bastará simplemente incorporar una de las más poderosas tecnologías de avanzada: sonreír con sinceridad y esperar a que el puente baje y el portón se abra. Puedo asegurar que será más fácil que corazones y mentes establezcan sintonía. Todo grupo necesita aprender a generar vínculos inteligentes, de comprensión y de uniones constructivas. La Era de la Comunicación, es hoy.
Edgardo Caramella
Consultor en Alta Performance – Método DeRose
Presidente Federación método DeRose Argentina

Los valores como generadores de riqueza:

Hoy en día, la sociedad requiere de distribución más justa y equitativa de ingresos, de bienes, de servicios y condiciones de vida confortables. Es una transición interesante más visible desde el fin de la esclavitud y el inicio de la llamada era industrial.

Estamos en la era del conocimiento y la comunicación. Un proceso vertiginoso de cambio y aceleración, que confirma el recurrente e impreciso vaticinio de los futurólogos: todo cambiará. Las condiciones de vida y laborales, deben adaptarse a las necesidades humanas y viceversa.

Se precipita un cambio de sistema en donde la calidad de vida y la relación entre las personas estarán en un lugar más destacado.

Hoy es necesario tener en cuenta que las personas no son cosas o partes de una máquina productiva y comprender al hombre como un ser complejo e integral que posee necesidades que trascienden las elementales de comer, vestirse y procrear,  extendiéndose a un concepto de realización más amplio.

Sin embargo, el sistema conlleva una competencia feroz que a veces confunde y nos hace creer que es el comportamiento necesario y único de la naturaleza humana. Esto no es así, la competencia es una posibilidad que, bien utilizada, como en un enfrentamiento deportivo, puede ser positiva.

No estamos obligados por nuestra genética a matarnos unos a otros, aunque esto sea una alternativa posible. Sin embargo, estamos convenciéndonos de que lo único que vale es el objetivo, incluso hasta en el deporte.

Construimos un círculo, levantamos barricadas, nos separamos de los demás viendo que todos quieren apoderarse de algo que es nuestro y no deseamos compartir.

Nuestras actitudes y elecciones dependen de condicionamientos, a veces muy arraigados y que generan una tendencia comportamental que pensamos la única y a veces en forma preocupante: estamos convencidos de que es la mejor.

Cuando competimos, podemos hacerlo para superarnos y sin la necesidad de liberar un impulso asesino obligatorio. Puede haber ciertas tendencias, pero siempre tenemos la opción de elegir las formas que utilizaremos para obtener nuestros objetivos y metas.

Estamos en una sociedad en la que prevalece un alto egoísmo y valores  que implican codicia e intereses únicamente personales, solo ratifica que estamos ejerciendo la vida con valores incorporados desde niños.

Si miramos hacia otros grupos sociales y culturales podremos rescatar diferentes formas de relaciones humanas, priorizando la cooperación, la solidaridad, la confianza mutua, el incuestionable valor de la vida en todas sus formas, la tolerancia de la diversidad, la relación con la naturaleza y el cuidado ambiental. La aceptación de estos valores comportamentales solo será posible si se comienza a transmitir como Cultura social en los colegios, en la familia y principalmente como un ejercicio diario de compromiso de incorporación de estas premisas y utilizarlas personalmente en todo lo que realicemos.

Christian Felber, autor de Nuevos Valores para la economía, afirma que “cuando nos tomamos las absolutamente razonables molestias de dirigir nuestro comportamiento colectivo por leyes deberíamos poner el mismo cuidado en que estas leyes nos lleven en la dirección correcta – de las virtudes humanas – y no promuevan nuestros vicios y debilidades”.

Tenemos que volver a unir la actividad económica a los valores humanos, a la ciencia del progreso ligado a la capacitación, a la solidaridad, a la distribución que premia justamente a los que – individuos y empresas – utilizan e incentivan la honestidad, las relaciones humanas, la solidaridad, la voluntad de compartir, la unión.

Como un verdadero adelantado a sus tiempos, el escritor DeRose desde hace seis décadas, nos transmite técnicas y conceptos para entrenar y fortalecer  los valores que hoy ya se empiezan a buscar como el aire puro. Estamos frente a un agotamiento de las conductas y paradigmas que impiden al hombre ser más feliz, para lograr una mejor calidad de vida y generar más riqueza, como consecuencia de sus actos y no como meta sin importar los medios.

Instalemos la vocación de trabajar sobre lo que somos para hacer mejor lo que hacemos. Puedo afirmar que al hacerlo nuevas opciones irán surgiendo. Vale la pena intentarlo.

Edgardo Caramella

Consultor en Alta Performance – Mètodo DeRose

Director Edgardo Caramella y Asoc. SRL
Presidente Federaciòn Mètodo DeRose Argentina
Socio Rotary Club Bajo Belgrano

 

 

 

 

 

Los líderes y la comunicación

En los años que llevo desempeñando funciones de liderazgo, pasé por distintas organizaciones. En la El Conferencistamayoría de estos grupos sociales se utilizan códigosy normas muy diferentes de las que actualmente utilizo.
La experiencia, los años vividos y el Método que incorporé, me llevaron a reflexionar sobre la capacidad para comunicarnos con las demás personas. Comencé a preguntarme si sabríamos expresar lo que verdaderamente deseamos decir, si lograríamos poner nuestro mensaje en palabras claras y comprensibles. Y si tendríamos la capacidad de escuchar con objetividad, incluso lo que no nos agrada o nuestra emocionalidad nos impide aceptar.
Preguntas como estas –muchas de ellas retóricas– deseo compartir con mis colegas, para ayudar a obtener mejores resultados en el arte de comunicarnos.
Tengamos presente que la comunicación es uno de los ingredientes más importantes para hacer menos complicada nuestra vida. Matrimonios, familias, relaciones laborales, comunicadores sociales, políticos y prácticamente todas las actividades y personas están directamente bajo su influencia y dependen de ella.
Es posiblemente el mayor desafío que enfrentan los líderes en estos tiempos de adaptación y cambios. Uno de los errores más frecuentes es que se ocupan tanto de analizar, resolver problemas y coordinar acciones, que se olvidan de comunicar lo que está ocurriendo. Después se sorprenden porque sus comandados no adhieren fácilmente a las decisiones y planes adoptados.
A veces esto ocurre porque son líderes “paternales” que no confían plenamente en la capacidad de sus equipos y se hacen cargo de todo. En otros casos, consideran una pérdida de tiempo informar, sin darse cuenta de que la incomunicación impide la fluidez de todo proceso y, como consecuencia, deriva en menor efectividad y mayor riesgo de errores.
Pero lo que más me importa destacar es la situación del líder que, aunque comunica, es poco creíble. Existen algunos elementos para tener en cuenta como posibles causas de su escasa credibilidad:
El aspecto: apariencia, presencia física, vestimenta, aseo y lenguaje corporal.
El lenguaje: elección de las palabras, pronunciación, tono de voz.
La personalidad: autenticidad, sentido del humor, sencillez, carisma para abrir mentes y corazones.
El carácter: valores, integridad y un verdadero interés en las personas como seres humanos.
La competencia: coherencia entre lo que se transmite y el historial de resultados logrados.
Los verdaderos líderes se convierten en la cara o conexión humana de una organización. Ellos son los factores de conexión de las personas con los valores de ese grupo, empresa o corporación. Por lo tanto, la gran pregunta que debemos hacernos es: ¿actuamos de acuerdo con esos valores? ¿Logramos ser verdaderos comunicadores transparentes y portadores orgullosos de nuestros más profundos ideales? En otros términos, el principal respaldo de todo líder y comunicador es vivir en forma coherente con su mensaje. Ser honestos, éticos y verdaderos es una forma de conquistar poder. Esta actitud nos enaltece y nos hace crecer en forma individual y colectiva. Afirmarnos en estos principios es fundamental para nuestro presente y futuro.

El miedo a la libertad

Cada día lo vivo como una aventura del conocimiento y la observación de las conductas humanas.

La variedad de reacciones que tenemos ante los mismos hechos es realmente inconmensurable. En ese mosaico de reacciones, observo que hay un gran miedo, tal vez inconsciente, a un valor fundamental: la libertad.

Como decía Jean Jacques Rousseau, el hombre nace libre, pero en todas partes está encadenado. Y justamente hacia esa línea de análisis dirijo mi reflexión. Al estado de libertad interior, absoluta, que supera grillos o cadenas de todo tipo.

Como las propias palabras limitan una de nuestras libertades, la de expresión, veamos qué podemos decir del concepto absoluto. Según los diccionarios de filosofía, ab solutus significa desligado de ataduras, algo que no depende de nada, que tiene su propia razón, causa y explicación en sí mismo. Para mí, una forma de referirse al Autoconocimiento.

Y aquí empiezan mis barullos internos cuando observo que la aspiración humana a ser libre, por la cual el hombre ha luchado y continúa haciéndolo, se resume en un solo recurso: imponer una libertad sobre otra.

Debemos reconocer que, como especie, vamos muy lento. En términos de paradigmas, emociones y reacciones, hoy somos un modelo antiguo, a pesar de la acelerada evolución tecnológica. Reaccionamos como hace miles de años, motivados por la ira o el miedo.

Y para fundamentar nuestras reacciones, necesitamos encasillar al otro dentro de alguna característica que lo diferencie. Su piel, su credo, su afinidad política, su simpatía deportiva. La sociedad resultante puede ser peligrosamente similar a la que describe George Orwell en su novela 1984.

Sin embargo, soy optimista y creo que el primer gran cambio necesario es volcar la atención hacia nosotros mismos. Conocernos más, saber si lo que hacemos es producto de una elección verdadera y consciente, o se trata de un hábito adquirido por herencia cultural y repetido sin analizar. A partir de allí podremos relacionarnos mejor con los demás.

El uso de técnicas surgidas en culturas milenarias, como dháraná y meditación, constituye una herramienta que nos permite reconocer nuestros condicionamientos, sostenerlos o modificarlos, si así lo deseamos.

Desde mi experiencia personal lo recomiendo. Vale la pena intentarlo. Tal vez aprendamos a ser libres entre seres libres.

La voluntad…

En sí misma, la voluntad no tiene control. Como una energía potencial, se activa al ser utilizada. Es como la electricidad, que por medio de mecanismos se conduce al objetivo deseado.
Las técnicas, el entrenamiento y el ideal son factores que liberan fuerzas poderosas para lograr conseguir las metas y superar todos los obstáculos. Además, la tenacidad, la convicción y la resolución son elementos que junto al entrenamiento permiten construir y desarrollar una férrea voluntad.
Con respecto a la voluntad, también debemos tener en claro que su aplicación depende del conocimiento de las cosas. Si actuamos sin un conocimiento real de las cosas, podríamos afirmar que no es totalmente seguro que esas acciones obedezcan a la voluntad. Estaremos haciendo lo que sabemos; ahora bien, ¿estaremos realmente sabiendo lo que hacemos?
El entrenamiento metódico, permite cortar con los condicionamientos heredados e influir de manera significativa en el curso de nuestras vidas, recuperando plenamente la confianza en nosotros mismos y un estado de más libertad. Nos dota de un mayor alcance de visión, permitiendo que podamos hacer, con voluntad y claridad.
Aquí es muy importante destacar la importancia que tiene el pensamiento: una fuerza que puede construir o destruir, de acuerdo con la forma en que sea utilizado.
Para definir el poder de los pensamientos, no hay mejor síntesis que la siguiente frase del escritor DeRose: Los pensamientos son como piedras: construyen, entierran o matan.

Conocimiento y sabiduría…

Hubo un tiempo de mi vida, de mucho aprendizaje, en que tuve la oportunidad de establecer contacto con integrantes de una tribu guaraní en una zona próxima a la ciudad de Iguazú, en la provincia de Misiones, donde yo residía. Recuerdo algunas conversaciones con ancianos guaraníes, quienes me relataban con orgullo sus tiempos de autosuficiencia, sintiéndose dueños de la tierra que habitaban, cultores de una tradición ancestral que no es entendida por el blanco, según sus palabras.

En una oportunidad fui invitado, excepcionalmente, a una ceremonia interna en la cual el jefe de la tribu dio un encendido discurso sobre el valor que se debía asignar a la tierra y a la naturaleza.

Me llamó la atención cómo enfatizaba la necesidad de reconocer que somos partes integrantes de un todo, que estamos obligados a sentir esa integración con los demás seres que conviven con nosotros, ya sean integrantes del reino vegetal, animal o humano.

Fue una alocución simple, pero cargada de un naturalismo y una pureza que me emocionaron profundamente y que nunca quiero olvidar. Sin cultura universitaria, sin el barniz de las formas académicas, el anciano nos brindaba una lección de sensibilidad, ética y coherencia ecológica, que podría constituir un gran aporte en momentos en que el planeta sufre un proceso de deterioro acelerado, por la abusiva explotación y contaminación de sus recursos naturales.

Hoy son muy pocos los que prestan atención a estos mensajes, porque son voces de personas empobrecidas, despojadas de su idioma, obligadas por la fuerza a aceptar otra religión, a honrar a otras deidades, a habitar en casas que no se corresponden con su cultura, condenadas a vivir en aislamiento, acorraladas en la realidad del paria, del descastado, de ese marginado al que sólo se recuerda cuando se imponen intereses políticos o de puro proselitismo.

Como nos recuerda Sócrates en su frase: “La verdadera sabiduría está en reconocer la propia ignorancia».

Paradigmas y prioridades

Nuestras imperfecciones nos ayudan a tener miedo.

Tratar de resolverlas nos ayuda a tener valor.

Vittorio Gassman

Con especial sutileza, el escritor francés Antoine Saint-Exupéry presenta en su obra El Principito estas palabras que el zorro arribado de otro planeta dice al joven protagonista: “He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible a los ojos”.

La frase adquirió popularidad y comenzaron a usarla incluso quienes no habían leído el libro. Tal vez porque constituye una observación que toca la sensibilidad humana y nos permite reflexionar sobre el valor de las cosas que consideramos simples, muchas de las cuales se desvalorizan por una razón: las tenemos, y no nos costó nada obtenerlas. Convivimos con ellas y sólo se aprecian en su total magnitud cuando las perdemos.

Veamos un ejemplo: respirar. Es un acto automático, una función vegetativa que utilizamos durante toda la vida y a la cual sólo damos importancia si algo nos impide llevar el aire vital a nuestros pulmones. En ese instante seríamos capaces de todo con tal de obtener una bocanada más de oxígeno…

¿Por qué será entonces que precisamos la eventual crisis para valorar aquello que hasta puede ser determinante en nuestra vida? ¿Por qué demoramos tanto para modificar aspectos de la conducta que nos pueden llevar a la pérdida de aquello que sabemos fundamental?

Tal vez la respuesta sea que vivimos en automático, repitiendo modelos, influenciados por férreos paradigmas, sin detenernos a pensar y por momentos a no pensar para percibir instintivamente el verdadero valor de las cosas que son fundamentales para cada uno.

Con los años, empezamos a reflexionar con melancolía sobre cuántas de esas cosas verdaderamente importantes perdimos o no realizamos por estar detrás de otras de menor importancia. Metas sobre las cuales proyectamos nuestras propias fantasías, convenciéndonos de que nos traerían la tan ansiada felicidad.

En este punto podría parecer que este escrito conducirá al desánimo; sin embargo, la buena noticia es que siempre estamos a tiempo de ordenar nuestras prioridades y trabajar por ellas.

Equivocadamente solemos creer que la vocación de cambiar y mejorar es exclusiva de los años de juventud. Hoy, la neurociencia refrenda lo que antiguas filosofías nos indicaban mediante el conocimiento empírico: tu cerebro puede seguir aprendiendo y cambiando hasta el último día de la vida. El biólogo Estanislao Bachrach nos dice que no importa qué te haya pasado o qué genes te hayan tocado; tu mente, la forma en que usás tus pensamientos, puede modificar la estructura y anatomía del cerebro. Es la capacidad denominada neuroplasticidad.

Claro que nada es producto de la magia: es parte de una vocación de seguir superándose siempre. El Método DeRose te proporciona antiguas técnicas para mejorar con facilidad y con buenos resultados. Administración de las emociones, abstracción de los sentidos, concentración y meditación son algunas de las herramientas que nos permiten reconocer condicionamientos, modificarlos si así lo deseamos, lograr una apreciación más clara de nuestras prioridades y, en consecuencia, ser mejores personas.

 

 

Liderar con Método

En la actualidad debemos ser conscientes que el nivel de comunicación de las personas se ha ido incrementando. Estamos en la llamada era de la comunicación. A través de la tecnología o en forma personal, todo induce a estar más y mejor comunicados.

Es el ingrediente más importante en los matrimonios. Es la herramienta que permite a los padres y educadores transmitir mensajes claros y formativos. Es la gran preocupación de los políticos para lograr atraer a sus posibles electores. Es el eslabón que vincula al cliente con la empresa proveedora de un servicio. Es la preocupación de todo líder actual. Nadie está exento de esta necesidad de saber comunicar.

Considero que todos debemos reflexionar sobre este punto tan importante en nuestra tarea. En primer lugar, debemos considerar que cada uno de nosotros se convierte en la cara o conexión humana de nuestra organización. Somos  los que conectamos a la “institución” con las personas. Somos representantes y comunicadores de valores fundamentales. Por lo tanto, debemos asumir el compromiso de actuar en concordancia con estos principios, siempre, en todo momento o lugar. Hacerlo es decir la verdad.

Muchas veces me hago estas preguntas y tal vez puedan serte útiles para comprender si estás simplemente hablando o realmente comunicando lo que quieres transmitir:

¿Tratás de dar un mensaje estimulador para inducir a otros a actuar positivamente?

¿Estimulás a compartir la información en lugar de guardarla para vos?

¿Te esforzás para construir una moral de equipo, integrar a todos a las tareas, delegar responsabilidades y generar una química productiva?

¿Intentás que el trabajo que realizan los otros tenga un alto significado para ellos?

¿Estudiás, practicás y te entrenás en forma permanente para tener la capacidad de poder enseñar a otros y que mejoren su performance?

¿Ya modificaste el paradigma… yo por nosotros?

Entonces, vas en camino de ser un excelente líder…

 

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